“Estaba perseguido y me protegiste…”

En momentos en que la mirada del mundo está en lo que sucede en Nicaragua, es necesario conocer los hechos desde los nicaragüenses anónimos, la conciencia de un pueblo.

A lo largo de este mes de julio, y por toda Nicaragua, se celebran eucaristías en distintos templos del país haciendo memoria de los jóvenes asesinados durante la “operación limpieza” lanzada por el régimen de Ortega para desbaratar los tranques y barricadas que la gente levantó por todo el país, como expresión de resistencia cívica.

Una de los más destructivos y brutales operativos de “limpieza” fue el que paramilitares y policías del régimen lanzaron contra la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) de Managua y contra la cercana iglesia Jesús de la Divina Misericordia.

En la UNAN y desde mayo estaban atrincherados centenares de jóvenes reclamando libertad para Nicaragua, el cese de la represión y la restitución de la autonomía universitaria en las universidades públicas. A pesar de que ya estaba en marcha la entrega pacífica de la UNAN, el 13 de julio el régimen decidió atacar el recinto universitario y derribar sus barricadas. Paramilitares y policías emplearon armas de guerra durante 15 horas consecutivas, en la tarde y hasta la madrugada, disparando contra la UNAN y contra el templo, en donde decenas de jóvenes buscaron refugio en momentos en que cesaba el fuego. La iglesia conserva el impacto de las poderosas armas de fuego que lanzaron contra sus paredes y su interior. La imagen de Jesús también fue impactada con tres balazos. Los sacerdotes decidieron conservarla así, “herida”, para memoria de lo que no debe repetirse nunca más.

En el ataque murieron dos jóvenes, Francisco Flores y Gerald Vásquez, a quien Nicaragua entera vio morir en directo, porque al interior del templo había periodistas nacionales e internacionales. Su madre, Susana López, es hoy una de las más activas en la organización Madres de Abril.

Este 13 de julio de 2019, ella y centenares de personas acudieron al templo a recordar aquellas interminables horas de angustia vividas en Managua. En su homilía, el párroco del templo, Raúl Zamora, recordó aquel día y la decisión que, a riesgo de sus vidas, tomaron los sacerdotes de acoger a los jóvenes que huían de las balas y abrirles el tempo… “Es lo que hubiera hecho el Maestro”, dijo.

Él, en esta ocasión, y en tantas otras, sacerdotes y religiosas nicaragüenses, han cumplido con lo que Jesús, el Maestro, nos dijo que se nos examinaría al final de la vida: “Tuve hambre y me dieron de comer, estaba herido y me curaron, era perseguido y me protegieron…”

Nicaragua hace memoria de todo lo ocurrido en 2018 y continúa resistiendo la represión del régimen. En promedio, diez personas son secuestradas por la Policía o por paramilitares encapuchados. Golpeadas y amenazadas, son retenidas durante varios días. El nuevo patrón represivo es el de esos continuos “apresamientos express”.

La represión también afecta a quienes han sido excarcelados después de soportar meses de cárcel y torturas. Son asediados y hostigados en sus hogares. Son amenazados continuamente en las redes sociales. También se les quiere asesinar, como es el caso de José Alejandro Martínez (27 años), excarcelado en el mes de marzo, que recibió en julio tres balazos en Wiwilí. Un paramilitar disparó con la intención de matarlo. No lo logró, pero una bala alojada en su columna lo dejará inválido de por vida.

El mundo no debe dejar de mirar a Nicaragua.

1

Fuente

  • Fotografía: Flickr - . Licencia Creative Commons.

Comentarios