Género, mujeres y saberes en América Latina. Entre el movimiento social, la academia y el Estado

La crítica del carácter androcéntrico y patriarcal del conocimiento científico occidental es antigua y diversa. Comúnmente, sus orígenes se ubican en el movimiento por la salud de las mujeres que se desarrolló en Gran Bretaña y Estados Unidos en los años setenta del siglo XX, que bus- caba ampliar el control de las mujeres sobre su cuerpo, su fertilidad y su sexualidad. Sin embargo, estudios arqueológicos nos han permitido descubrir pensadoras como Gabrielle Suchon, filósofa francesa del siglo XVII, que criticó el carácter masculino del pensamiento occidental (Le Doeuff, 1998). Del movimiento de los setenta surge una política feminista que examina la revolución científica de los siglos XVI y XVII para mostrar que la ciencia occidental está basada en los proyectos masculinos de razón y objetividad. La dicotomía conceptual central del pensamiento científico, que opone cultura y naturaleza, mente y cuerpo, razón y emoción, objetividad y subjetividad, campo público y privado, es caracteriza- da como claramente masculina. Pero mientras el feminismo liberal partió de una visión empirista de la ciencia concebida como neutra en términos de género y postuló que era posible superar el sexismo mediante una aplicación más rigurosa de las normas científicas, el feminismo cultural de los setenta exalta la feminidad, celebra la diferencia y los atributos que considera como específicamente femeninos (un mayor humanismo, el pacifismo, el cuidado de otros, el desarrollo espiritual).

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