¡Hagamos las paces! El hambre no es virtual

Luisa Pernalete rechaza, con experiencias y testimonios de primera mano, la idea de que el hambre en Venezuela es una mentira virtual y mediática. Un llamado al gobierno de Venezuela a responder por el derecho a la vida de los niños, las mujeres, y la población en general.

“Se desmayó otro niño hoy. Uno de preescolar”, me dijo la directora de una escuela de Fe y Alegría de Los Valles del Tuy. Comentó que estaba pasando con frecuencia. Pequeños y no tan pequeños, me dijo. Y peor lo que me contó después que hizo quebrar su voz y la mía también. “Ayer una niña pequeña estuvo recogiendo lo que sus compañeritos dejaban de su merienda para llevarlo a su casa, tienen tres días sin comer”. Costó recuperar el hilo de la comunicación con Mirian, de paso, añadió que está cansada de ir al Municipio Escolar a plantear el problema y no logra nada. De repente recordé lo que me escribió la maestra Fanny, de una escuela de Valencia: la semana pasada robaron el comida para los niños de su escuela. Nudo en el estómago.

Hoy no tengo ganas de hacer ningún chiste, no se me va de la mente esa conversación y la uno a las otras historias dramáticas que vamos recogiendo. Llamo para recordar el Encuentro de madres promotoras de Paz, el 28, y sale un cuento: “Hubo protestas por donde vivo. La gente gritaba “comida”, me dice una compañera de Valencia. Llamo a otra para ver detalles del Encuentro de Constructores de Paz, el 27 en la UCAB, y surge el comentario de la señora Del Valle: “Las mamás están desesperadas, por eso se pueden ir a los golpes por un kilo de harina”, comenta la señora de San Félix. “No consigo qué dar a la pequeña, le digo a los hermanos mayores que ella es más importante. No como yo, pero que coma ella”, me dice angustiada una comadre de Ciudad Guayana. Otra señora se echó a llorar cuando me contó que le habían llevado la bolsa a su casa, “Usted sabe, esos grupos nuevos”- un miembro de un CLAP – pero ella no tenía el dinero en ese momento. Fue al banco, en el centro de San Félix, pero no había electricidad, cuando por fin pudo sacar el dinero y regresó corriendo al barrio, ya no estaba su bolsa disponible. ¡Lloramos las dos! “¡No puedo más!, ¡quiero que mi hijo crezca y pueda trabajar para que me ayude!, ¡No puedo más!” casi gritó Anita en el chat de compañeros de Maracaibo. Anita, que es fuerte como un roble, y tiene que poder, porque ama a su hijo pero darle de comer es un acto heroico cada día… Otra que lloró fue Libia, de Yaritagua, sólo saludé y me cuenta: “Mi hijo fue a la casa el Día de la Madre, con mi nieto, pero en mi casa no había nada de comer para celebrar. Mi nieto, de meses, llora porque su madre ya no le sale leche, ¿qué le va salir? Ella no come, ella tampoco” Y Libia lloró, por su hijo, por su nieto: “No es tanto hacer la cola, es hacer 4 horas de cola y salir sin nada!”, me dijo la recepcionista de una oficina.

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Si a las anécdotas particulares añadimos las institucionales, como las de Casas Hogar, el nudo de la garganta no se te desata. Cada casa es una multiplicación de dramas, pues hablamos de 20, 30 niños y niñas. “No sabemos qué comprar que alcance”, me dijo una señora con rostro de que trabaja en una entidad de Barquisimeto, tienen 22 entre niños y adolescentes. ¡Póngase en su lugar! Y eso repite con cada institución. Eso sí: ¡Nadie dice que van a cerrar!

No, el hambre en Venezuela no es virtual, ni se restringe a familias de pobreza extrema, es real y masiva y los niños y niñas no tienen la culpa, aunque lo estén pagando, y disculpen la repetición de esta frase cada semana.

Tal vez es ocioso insistir que los niños, niñas y adolescentes son “prioridad absoluta” (Art. 78 de a CRB y 7 de la LOPNNA) y que esa población tiene derecho a la alimentación adecuada, (Art. 30literala), pero hay que decirlo una y otra vez, porque no estamos hablando de cosas extraordinarias, estamos hablando de lo básico. Este clamor de la población tiene que escucharlo el alto gobierno y establecer sus prioridades; menos armas, más alimentos, menos propaganda y más hechos en la reactivación de la producción de alimentos. Más seriedad. Es un insulto, una burla, escuchar funcionarios que dicen que la escasez es virtual, invento. El hambre es real, las lágrimas por hambre no son un montaje. El cansancio tiene límites.

En medio de tanto nudo en la garganta, alguna brisa sopla. La Directora de la escuela mencionada en el primer párrafo también contó que una religiosa que trabaja en el plantel lleva cada día 6,7 arepas para niños de su aula; una amiga a la que conté el caso, me dijo que le diera un número de cuenta para hacer ya en depósito que ayude a la familia de la historia dramática. La Redhnna (Red de defensores de DDHH de NNA) no toma vacaciones y sigue recordando al Estado sus obligaciones. Alguien tiene que escuchar este coro.

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