Haití: la imposible reconstrucción

Cinco años después del terremoto que dejó más de 230 000 muertos y devastó Puerto Príncipe, destruyó más de 300 000 edificios, lanzó más de 1.5 millón de personas a la calle y provocó daños cifrados en 7,800 millones de dólares; la reconstrucción de Haití está siendo amenazada por la inestabilidad política. El lunes 12 de enero, fecha del aniversario del seísmo, marcó también un nuevo giro en la crisis. El mandato del Parlamento, cuyos miembros no fueron renovados por un retraso de tres años en la organización de las elecciones, ha llegado a su fin. Por Jean-Michael Caroit. Publicada en Le Monde, y reproducida en el Diario 7 Días de Santo Domingo.

PUERTO PRÍNCIPE.- Cinco años después del terremoto que dejó más de 230 000 muertos y devastó Puerto Príncipe, la reconstrucción de Haití está siendo amenazada por la inestabilidad política. El lunes 12 de enero, fecha del aniversario del seísmo, marcó también un nuevo giro en la crisis. El mandato del Parlamento, cuyos miembros no fueron renovados por un retraso de tres años en la organización de las elecciones, ha llegado a su fin.

Las manifestaciones antigubernamentales provocaron la dimisión del primer ministro, Laurent Lamothe, en diciembre de 2014. Su designado sucesor, Paul Evans, no ha podido asumir sus funciones por la falta de acuerdo entre el Ejecutivo y el Parlamento. La oposición radical ha anunciado la continuación de las movilizaciones para lograr la renuncia del presidente Michel Martelly, acusado de corrupción y de nepotismo, así como la organización de nuevas elecciones.

En este clima de enfrentamiento y de vacío de poder, la organización de las ceremonias conmemorativas del terremoto pasó a un segundo plano. Ni siquiera el monumento en recordación del 12 de enero ha sido terminado en Titanyen, una desolada zona al norte de la capital donde decenas de miles de cuerpos fueron enterrados a toda prisa en los primeros días después de la catástrofe. Si bien la acumulación de escombros ha desaparecido, ni el palacio presidencial, ni la catedral ni ningún otro edificio emblemático de la capital haitiana ha sido reconstruido.

60 000 expulsiones forzadas

”Se ha hecho mucho, pero aún queda mucho por hacer para mantener la atención en un país que todavía sufre las consecuencias de esta catástrofe”, dijo el papa Francisco en la apertura de una conferencia convocada el sábado 10 en Roma.

Cinco años después del desastre que destruyó o afectó seriamente más de 300 000 edificios, lanzó más de 1.5 millón de personas a la calle y provocó daños cifrados en 7,800 millones de dólares (equivalentes al 121 % del PIB de 2009), el balance de la reconstrucción es ambivalente. La consigna ”reconstruir mejor”, repetida por el expresidente de los Estados Unidos Bill Clinton, enviado especial de las Naciones Unidas en Haití, ha sido en gran medida difícil de alcanzar.

Según Harry Adam, director de la construcción de viviendas, todavía quedan alrededor de 70 000 personas sin hogar en campamentos improvisados. ”Lamentablemente, el interés de la comunidad internacional ha decrecido, pese a que todavía quedan decenas de miles de personas sin hogar y viviendo en la miseria”, dice Chiara Liguori, responsable de Amnistía Internacional en el Caribe.

La ONG viene de publicar un informe denunciando la expulsión forzosa de más de 60 000 personas refugiadas en los campamentos después del terremoto. Las condiciones de vida en los 123 campamentos que todavía existen son cada vez más difíciles: una tercera parte no tiene acceso a letrinas, lo que ha provocado el aumento de los casos de cólera en los últimos meses. La epidemia ha matado hasta ahora a 8 000 haitianos.

Durante una manifestación el 10 de enero para exigir la dimisión del presidente Michel Martelly, un manifestante exhibía un cartelón preguntando a dónde ha ido a parar el dinero de la reconstrucción del país.

Menos del 20 % de las soluciones habitacionales pueden ser consideradas duraderas. Quinientos millones de dólares, es decir, una gran parte de los fondos de la ayuda para la vivienda, han sido malgastados en la construcción de 114 000 ”refugios”, concebidos para durar entre tres y cinco años. ”Los programas temporales parten de una buena intención, pero no son otra cosa que enyesar una pierna de madera”, dice Chiara Liguori.

Con el propósito de desalojar los campamentos se puso en práctica un programa de subvención de alquileres que contó con fondos internacionales. Pero los 500 dólares entregados a los desplazados que aceptaron abandonar los campamentos, y que debían cubrir un año de alquiler, fueron considerados insuficientes por una gran cantidad de ellos.

Sobre todo porque varios meses después quienes aceptaron irse no habían encontrado trabajo ni otra fuente de ingresos en un país donde la tasa de desempleo sobrepasa el 40 % y donde 6 de sus 10 millones de habitantes viven con menos de 2.40 dólares por día. El problema de la tierra, agravado por la ausencia de catastro y de títulos de propiedad, y la falta de coordinación entre las numerosas instituciones –de las cuales cerca de 10 000 son ONG llegadas después del terremoto— también obstaculiza la reubicación.

Poca eficacia de la ayuda

Numerosos proyectos han terminado en fiasco. Inaugurado en 2011 por el presidente Michel Martelly y Bill Clinton, el complejo Le Zorange está actualmente abandonado. La infraestructura no fue construida y las casas nunca fueron terminadas. Lo mismo sucede en Morne-a-Cabrit, al norte de Puerto Príncipe. Este proyecto de 3 000 viviendas sociales, financiado con cerca de 44 millones de dólares por PetroCaribe?, los fondos de la cooperación venezolana, fue inaugurado en mayo de 2013. Sin servicios, de muy difícil acceso, sin fuentes de empleo próximas y con alquileres demasiado altos, el proyecto ha sido un fracaso. La mayoría de las viviendas abandonadas han sido vandalizadas.

Unos cincuenta países y organizaciones internacionales prometieron 12,400 millones de dólares de ayuda humanitaria después del terremoto. Según los últimos datos de las Naciones Unidas, el 80 % de esos fondos fueron desembolsados. Pero, por otra parte, de acuerdo con una reciente evaluación del estadounidense Centro para la Investigación Económica y Política, los grandes beneficiarios de la ayuda de los Estados Unidos no han sido el gobierno o las empresas haitianas, sino compañías norteamericanas con buenos contactos en Washington.

En un raro documento autocrítico publicado el 4 de diciembre de 2014, el Fondo Monetario Internacional reconoce que el crecimiento esperado de la reconstrucción no se materializó. Debido a la débil capacidad de absorción de un Estado frágil, constata el FMI, ”la ayuda ha tenido una eficacia menor de la prevista”.

Frente a ”la fatiga” y las dificultades financieras de los donantes de fondos tradicionales, Venezuela ha devenido en los últimos años uno de los principales donantes de Haití a través de PetroCaribe?, proveyéndole combustibles en condiciones preferenciales. El FMI teme que ”la difícil situación macroeconómica en Venezuela” podría provocar una reformulación de ese programa y agravar aún más la crisis haitiana.

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