Hay un descontento muy grande con la política como vía de solución. Entrevista a Alfredo Infante, S.J.

Compartimos la entrevista de Blanca Vera Azaf, para Hispano Post, al jesuita venezolano Alfredo Infante, sobre cómo se lee la crisis venezolana en los barrios populares de Caracas.

Filósofo de profesión, teólogo por pasión, educador por vocación y sacerdote como misión de vida, Alfredo Infante SJ ha caminado muchas zonas de conflicto. Colombia y Angola destacan dentro de su apostolado. Conoce la violencia social de frente, así como el antídoto: la escuela.

Hoy camina, acompaña, ayuda y, sobre todo, lleva el evangelio esperanzador de la Iglesia católica en la parte alta de La Vega. Nos describe la angustia de las mujeres de los barrios transformada en depresión en estos días, algo nunca visto, como efecto del quiebre de los servicios públicos. Sin luz, sin agua, sin gas ni entretenimiento por la salida de Directv tratan de sobrevivir en medio de una pandemia.

Asegura que hay un descontento muy grande hacia el gobierno en las zonas populares, pero también con la política como vía de solución. Al preguntarle si cree que la crisis impulse un estallido social, responde que “los barrios no van a salir”, pues hay una gran desconfianza hacia sectores de poder que creen solo los utilizan para sus fines.

Este jesuita sigue empeñado en impulsar el mensaje de la esperanza, distinto al del optimismo que depende de la psicología y, por lo tanto, se quiebra. Hace un llamado a fijarse en figuras como José Gregorio Hernández quien, en un contexto de país arrasado por las guerras civiles y cundido de enfermedades logró, junto con su generación, enormes cambios en el sistema de salud público.

¿Cómo han enfrentado la pandemia comunidades como La Vega?

Hay varias respuestas. La primera es que ante la crisis de servicios públicos durante la primera fase la gente estaba entre el miedo y la necesidad, que le obligaba a salir porque tenía que buscar el agua, la comida. Existe una línea entre la sobrevivencia, el miedo y el deseo de cuidarse. Es como una tensión muy fuerte, es decir, sobrevivir ante la pandemia o sobrevivir buscando la subsistencia. Luego creo que ha habido una segunda fase de relajamiento. Se sale para buscar agua, gas, para no morir de hambre y se descubre que no nos pasa nada y, entonces, comienzan a relajarse las normas. Hay también una actitud de negación. Ahora bien, en las últimas dos semanas con el incremento de los casos, con lo que ha sucedido con nuevos contagiados en el estado Zulia y la presencia del virus en la comunidad, ha regresado nuevamente esa tensión entre el miedo al virus y esa necesidad de salir para buscar el sustento.

¿Cuál es en este momento la principal preocupación de los habitantes de los sectores populares?

El agua y la comida. El agua es lavar, es cocinar, es beber.

Me llama la atención que no me nombra la electricidad.

En el barrio, aunque es necesario y es importante por las neveras, pues no es tan básica como el agua y la comida.

¿Qué importancia tiene para el núcleo familiar la bolsa CLAP?

Muy importante. Creo que en estos momentos puedo decir al menos por la experiencia que tenemos en La Vega gracias Dios está funcionando medianamente bien. Están llegando puntuales y los grupos se han organizado y están dado una respuesta más eficiente a la gente. En unos niveles de precariedad tan altos, el poder tener el acceso a una caja con ciertos bienes de consumo básicos, pues representan un respiro.
Aquí también estamos con algunos programas, que no tienen el alcance de los CLAP que son políticas de Estado, pero desde las comunidades vamos teniendo comedores que ayudan. Adicionalmente, están llegando a La Vega a través de los CLAP algunas ventas, que no son la caja, de sardinas y de cochino y eso ayuda. No es sistemático como la bolsa, pero ayuda.

¿Se ha trastocado la vida en las comunidades tras la salida de Directv o ya han sustituido esta ausencia?

Es una pregunta importantísima. Cuando estaba Directv el tema de la electricidad era más angustiante para la gente. El consumo de Directv en el barrio era muy alto y como toda la dinámica de los barrios también se da en solidaridad, entonces el consumo de inscritos no se corresponde al de los usuarios. Una familia tenía una suscripción y con esa se conectaba otra familia, era como una cooperativa y la gente se ayudaba a pagar. Ese era el parque de recreación interno y más en un espacio de cuarentena.

La salida ha tenido un impacto muy fuerte. La gente siente como más angustia. Por ejemplo, los ancianos y los niños. Para las mujeres cabeza de familia, que están a cargo de las personas mayores o de los niños, Directv era un aliado. Ahora la gente se carga más y no hay nada que lo haya podido sustituir y como estamos en cuarentena hace más difícil las cosas. Una de las cosas que yo promovía antes de la cuarentena era lo de los cines, pero ahora no puedes hacerlo.

Cuando comenzó la crisis económica una de las cosas que la gente fue recortando es el entretenimiento. La playa era algo natural para los barrios y eso se fue dejando a un lado. Por eso los espacios de recreación en el ámbito comunitario comenzaron a tener importancia, pero ahora no se puede hacer. Quedaba Directv como catalizador, pero ya no está.

¿Cuál es el efecto más peligroso de la crisis dentro de la vida diaria en una comunidad como La Vega?

El efecto más pernicioso es la pérdida de la rutina, es decir, eso de no tener lo básico como el agua. El quiebre de los servicios públicos te trastoca la dinámica de la rutina diaria. Todo depende de si hay o no hay agua, por ejemplo. Para la gente es tremendamente angustiante no tener gas, agua ni electricidad. Hay una incertidumbre y desasosiego muy fuertes.

Yo no había visto en las mujeres en los barrios depresión y ya eso se ve muchísimo. La mujer del barrio, como es la que le pone el pecho a todo aunque tenga las condiciones químicas y de contexto, no se deprimía porque había una fuerza interior por los hijos, por la familia o por la responsabilidad que la llevaba a sobreponerse, pero ya hay mucha depresión femenina.

Las encuestas están mostrando que el apoyo hacia Nicolás Maduro sigue en descenso, pero también el de Juan Guaidó, ¿usted percibe en la gente esta decepción en la política?

Totalmente. Hay un descontento muy grande hacia el gobierno, pero también un descontento muy grande con la política como vía de solución y eso es muy grave. Estamos en una paradoja: hay un deseo de cambio, pero al mismo tiempo una frustración con los mecanismos políticos.

¿Los políticos están haciendo vida en las comunidades?

Yo creo que en este momento de cuarentena la política está más encogida, está más en las redes sociales. Sin embargo, yo sí creo que el gobierno ha aprovechado esta cuarentena para avanzar políticamente. Hablo desde Caracas, donde es cierto el hecho de que los CLAP están teniendo mayor regularidad y mayor presencia, y eso es parte de una estrategia política del gobierno. ¿Qué efecto tendrá? No lo sé, pero el gobierno está utilizando los programas del Estado para hacer promoción política.

¿Quién está cuidando a los más vulnerables?

En la gente del barrio hay mucha preocupación por los más vulnerables. Se dan unas solidaridades naturales propias del barrio. No son de partidos políticos, sino dinámicas comunitarias propias de cuidar al otro. Yo creo que hay gente como militantes políticos que tienen sensibilidad social y ayudan no tanto como política de su partido o si son del gobierno o de la oposición, y están atentos de esos casos. Por supuesto, también está la Iglesia. Lo digo porque me llega gente de un consejo comunal o de algún partido de oposición y traen casos de personas en grave estado de vulnerabilidad. Hay como un sentimiento de solidaridad natural que trasciende las fronteras políticas.

Yo tengo esperanza de esa posibilidad. Si eso ocurre en las bases ojalá pudiera ocurrir en las élites de los partidos, porque cambiaría el tono de la política del país. Obviamente en las bases también hay fanáticos atrincherados del gobierno y de la oposición.

Hay quienes creen que mientras más profunda sea la crisis los sectores populares impulsarán la salida de Maduro. ¿Hay elementos que señalen como cierta esta premisa?

Así como hay mesianismo militar o empresarial, yo creo que alrededor de lo popular también se tejen desde afuera algunos mesianismos como cuando dicen “cuando bajen los barrios”.  Pienso que los barrios y especialmente después del Caracazo no van a salir porque hay la experiencia acumulada. En el inconsciente colectivo hay la sospecha y la desconfianza de que los sectores de poder, sean quienes sean, te utilizan para sus fines. Entonces, aunque haya mucho descontento, el tema de la confianza que active la posibilidad y que canalice eso políticamente está trancado.

¿Han afectado las sanciones impuestas por Estados Unidos a los sectores populares o es solo propaganda de la administración de Maduro?

Sobre el tema de las sanciones yo creo que es un asunto más de carácter ideológico, propagandístico, pero sobre eso al menos en los ámbitos donde he estado conversando las valoraciones son como muy plurales. Hay gente que te dice que estamos peor, aunque no sean aliados del gobierno. Pero hay una percepción muy plural y variopinta.

¿Cómo renueva usted un mensaje de esperanza a los jóvenes en un país hundido en la crisis?

Yo siempre suelo decir que no soy optimista, pero sí soy esperanzador. El optimismo es una actitud psicológica y, al ser así la psicología, se quiebra ante la adversidad. La esperanza para nosotros los creyentes es una virtud teologal y, en ese sentido, es una fuerza en la adversidad que reluce y nos fortalece.

A los jóvenes, entonces, solo les puedo hablar de mi fe. Aunque existan situaciones difíciles, hay algo que nos dice que si caminamos y apostamos por lo que creemos podemos abrir posibilidades e ir más allá. Suelo decir muchas veces que es como que usted está en un cuarto oscuro y al abrir una rendijita se acerca y ve un tremendo paisaje. Hay que atreverse a ver en la rendijita dentro del cuarto oscuro, eso es la esperanza.

En un ambiente tan desesperanzado con crisis, pandemia, muerte… ¿Qué mensaje le está dando la Iglesia a los más desprotegidos?

El gran mensaje de esperanza que estamos dando en la Iglesia ahora es con José Gregorio Hernández. Estamos insistiendo en que José Gregorio, quien vivió en tiempos en los que Venezuela estaba totalmente destruida por las guerras del siglo XIX y fundida en la miseria, decidió salir adelante.  En medio de ese contexto, un niño de un pueblo del interior apostó por formarse y ser una persona preparada. Él, junto con su generación, apostaron por Venezuela y fundaron juntos la medicina pública y científica y comenzó a despuntar Venezuela como un país que fue bandera en el tema de salud pública, erradicando enfermedades. Yo creo que José Gregorio Hernández es una figura de esperanza.

En el medio de contextos adversos, si apostamos por nosotros y nos preparamos podemos crear un movimiento de esperanza y de transformación del país y de los que somos.

Siempre le repito a la gente que estoy aquí en este barrio, en la parte alta de La Vega, porque creo que esto es una mina de humanidad. Aquí es impresionante la riqueza humana de la gente y la capacidad que hay de querer aportar por eso.

Yo no veo en los medios que me muevo que la pandemia es un castigo de Dios por los pecados. No lo he percibido, más bien la gente suele decir “cuídate que yo te cuido”, que, aunque es una frase que no aparece en la Biblia, suele ser utilizada. La gente siente que en medio de la adversidad Dios le acompaña en la vida diaria. Cuando te dicen “estoy bien, gracias Dios”, es literal. En Dios tienen la fuerza.

Fuente

  • Hispano Post
  • Fotografía: Flick - . Licencia Creative Commons.

Comentarios