La muerte de Georges FLOYD y la Compañía de Jesús en Haití

El jesuita haitiano Jean Denis SAINT-FÉLIX nos comparte su reflexión sobre la muerte del norteamericano Georges Floyd, que ha sacudido a los Estados Unidos y al corazón de todos los que nos sabemos sus hermanos.

Ante la muerte de nuestro hermano Georges FLOYD y las múltiples reacciones en todo el mundo, los jesuitas de Haití se sienten interpelados.

Ante el silencio estrepitoso y humillante de un gobierno haitiano “restavèk”, experimentamos vergüenza.

Ante la pasividad de la sociedad civil haitiana, sintomática de una imaginación colonizada y una identidad herida, nos sentimos profundamente avergonzados dada nuestra responsabilidad moral como la primera república negra y campeona de la libertad en el mundo.

Con esta nota, en nombre de todos los jesuitas, en nombre de los religiosos y religiosas que trabajan en Haití, en nombre de todos los haitianos que viven tanto en Haití como en el extranjero, deseamos ante todo enviar nuestras más profundas condolencias a la familia Floyd, especialmente a su hija de seis años, Gianna Floyd, y a toda la comunidad afroamericana de los Estados Unidos, que durante demasiado tiempo se ha visto asfixiada por un racismo endémico, sistémico y estructural. También expresamos nuestro orgullo por todas las iniciativas que se han tomado para buscar la justicia, para despertar la conciencia americana que ha estado dormida durante demasiado tiempo, y para llamar la atención del mundo sobre el repugnante racismo, el pecado original de los Estados Unidos, que siempre ha apoyado la supremacía blanca y sus privilegios a expensas de la integración y el desarrollo de los negros.

Expresamos nuestra profunda solidaridad con el pequeño grupo de nuestros hermanos jesuitas afroamericanos (Black Jesuits) en este tiempo de luto. Ellos también son a menudo víctimas del racismo en la Compañía, la Iglesia y la sociedad norteamericana. Saludamos su coraje, su lucha a veces silenciosa y su compromiso en favor de una sociedad más justa, cristiana y humana. Su testimonio y presencia al lado de los oprimidos es un signo de esperanza.

Siguiendo sobre CNN el memorial organizado por Georges Floyd en Minneapolis y observando religiosamente los 8 minutos y 46 segundos de silencio propuestos por el Rev. Al Sharpton, y en comunión con nuestros compatriotas que viven en los Estados Unidos, nos dimos cuenta de que era interminable. Cuando sabemos que los negros en los Estados Unidos, en América Latina y en todo el mundo, han sido siempre víctimas de racismo, maltrato, discriminación, injusticia y abuso de todo tipo, durante siglos y siglos, nosotros, como George Floyd, queremos reunir toda la fuerza y energía que nos queda para gritar que NO PODEMOS RESPIRAR, NO AGUANTAMOS MÁS y, aún más, QUEREMOS RESPIRAR - QUEREMOS VIVIR.

Estados Unidos estará a la altura de su pretensión de grandeza si y sólo si aprovecha esta oportunidad única de abordar el racismo que literalmente destruye diariamente la vida de tantas personas de raza negra. América se convertirá realmente en una gran nación si y sólo si decide hacer cambios profundos y radicales en su sistema judicial y penitenciario, embarcándose de una vez por todas en el camino de la justicia racial y la reconciliación social. De lo contrario no tiene lecciones que dar a nadie. Otros países, como Francia, Inglaterra, España y Alemania, por nombrar sólo algunos, con una historia colonialista y de esclavitud, tampoco tienen lecciones que enseñarle a nadie. Ellos también deben arrepentirse e iniciar las reformas necesarias para quitarle las rodillas encima del cuello de las comunidades negras. Los pueblos de América Latina deben finalmente hacer su autocrítica, porque ellos también están gangrenados por el racismo morboso que mantiene a las comunidades indígenas y negras en una exclusión secular que genera miseria, desigualdad social, violencia y muerte prematura. Haití también debe ser autocrítico y poner fin a la exclusión de la mayoría para reconciliarse con su pasado como campeón de la libertad.

Este hermoso movimiento que acaba de comenzar no tendrá éxito sin la inestimable ayuda de nuestros amigos, aliados y cómplices blancos. Las becas y las fundaciones no serán suficientes. Necesitamos desesperadamente esta alianza pacífica, este frente común entre todos, negro-blanco-marrón, cuyo secreto para sacudir el sistema lo tienen sólo los jóvenes. Ha llegado el momento y es ahora el momento de caminar juntos, de luchar juntos, de imaginar juntos, de construir juntos un mundo más humano, acogedor y hospitalario donde nuestras diferencias son sólo notas a tocar en la maravillosa sinfonía concebida desde toda la eternidad por el Creador.

Fuente

  • El padre SAINT-FÉLIX es el Superior de los jesuitas en Haití.
  • Fotografía principal: Flickr - Thomas Hawk. Licencia Creative Commons.

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