Las falacias neoliberales sobre el trabajo

Entre sus propuestas de desregulación, el neoliberalismo puso énfasis en la flexibilización laboral. Detrás de esas palabras está la precarización del trabajo. Por Emir Sader (03/05/2014)

Entre sus propuestas de desregulación, el neoliberalismo puso un fuerte énfasis en la ”flexibilización laboral”. Detrás de esa atractiva palabra –así como la de ”informalización”- lo que se esconde es la precarización de las relaciones del trabajo, es el trabajo sin Registro de relación laboral.

Esta fue una de las transformaciones más importantes pregonadas por el neoliberalismo. Junto a ella promovió la invisibilización de las temáticas del mundo del trabajo, así como el aumento del desempleo y de lo que ellos llaman ”desempleo tecnológico”; alegando que la tecnología sustituye la mano de obra, teniendo así mayor productividad con menos trabajadores.

Se ofrecería para el trabajador la alternativa entre seguir empleado, pero bajando la productividad y la competitividad de la empresa y del propio país, o salir del mercado para mejorar su cualificación profesional y volver después. En verdad, el tal ”desempleo tecnológico” no existe. Cuando hay un aumento de productividad, significa que se puede producir la misma mercancía en menos tiempo, digamos, en la mitad del tiempo. De ahí no se deduce inmediatamente que se deba expulsar trabajadores de sus empleos. Hay tres alternativas: o se produce el doble de la misma mercancía y se mantiene a todos los trabajadores empleados. O se produce la misma cantidad de mercancía y se disminuye la jornada de trabajo a la mitad. O entonces –que es lo que suele suceder- se continúa produciendo la misma cantidad de mercancía y se despide a la mitad de los trabajadores.

La tecnología no es la que despide a los trabajadores, no es ella la que desemplea. Es la lucha de clases, es quien se apropia del desarrollo tecnológico, que puede servir ya sea para disminuir la jornada de trabajo como para aumentar los lucros de los empresarios.

Cuando se inventó la luz eléctrica, la primera consecuencia no fue la mejoría de las condiciones de vida en las casas de las personas, sino la introducción de la jornada nocturna de trabajo. La culpa no fue de Thomas Edison, sino de la apropiación de esa invención para extender la jornada de trabajo y aumentar así la súper explotación de los trabajadores.

Desde que se hizo la crítica al paradigma de la centralidad de trabajo, como una visión reduccionista en relación a las otras contradicciones, se impuso una tendencia opuesta: la de hacer del trabajo una actividad menor, sin trascendencia. Justamente cuando hoy más que nunca mucha de gente vive de su trabajo. De actividades heterogéneas, diversificadas, frecuentemente con el mismo trabajador en varios empleos al mismo tiempo. Pero trabajan hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños, blancos y negros, todos, o casi todos, viven de su trabajo.

Mientras tanto, el tema del trabajo casi desapareció, inclusive en el pensamiento social, ya que la sociología del trabajo pasó, en pocas décadas, de ser uno de los ramos más buscados a ser una especialidad más. Los medios de comunicación invisibilizan la actividad que más ocupa a las personas en el mundo, la actividad laboral. Como si la tecnología hubiese reducido el trabajo a una actividad virtual, sin esfuerzo físico, sin desgaste de energía, sin la súper explotación de jornadas de trabajo agotadoras e interminables. Y todavía Intentan hacer del primero de mayo el Día del trabajo y no del trabajador.

Tomado de http://www.cartamaior.com.br/?/Blog/Blog-do-Emir/As-falacias-neoliberais-sobre-o-trabalho/2/30841

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