Los predicadores del oro en Cuba

En un país sin legislación sobre los criptomonedas y sin experiencia en comercio electrónico, la promesa de hacer fortuna a partir del oro fascina a muchos. Nota de Eduardo González y Julio Batista para CONNECTAS.

Ubaldo cree que el oro puede cambiarle la vida. A sus más de 40 años él es uno de los cientos de cubanos que acuden, entre fascinados y dubitativos, al llamado de Karatbars, una cuestionada empresa alemana que ofrece prosperidad a través del valioso metal.

Las entradas vendidas para el conversatorio en el Palacio Central de Computación, en La Habana, anuncian el tema: “Cómo crear activos a través del Comercio Electrónico, Ahorro, Inversión, Marketing Multinivel, Trading y Criptomonedas”. Son términos con eco casi futurista, en un país sin legislación al respecto, donde el acceso masivo a Internet es relativamente nuevo, y gran parte de sus ciudadanos llegan en desventaja al ecosistema digital.

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Invitaciones al evento de Karatbars Cuba

Durante las siguientes dos horas, cerca de cincuenta personas escucharán sobre el modelo de negocios de esta compañía, que “ofrece la opción atractiva y asequible para los consumidores a comprar lingotes de oro puro 999,9, así como la comercialización de oro, objetos de colección y tarjetas de regalo”, explica su página web.

Hoy el día está pensado para atraer nuevos miembros al grupo cubano. Si Ubaldo se registra y convence a otras personas para que hagan lo mismo, estos últimos formarán parte de su red de afiliados. Si ellos también compran, él recibiría comisiones como recompensa.

Con apenas tres años de presencia en Cuba, la empresa alemana ha creado una importante red de más de 7.000 afiliados, aseguran los líderes del proyecto en la Isla. Los convencidos forman una comunidad que se reúne, recluta a otros y hace activismo para replicar el modelo, sostener el crecimiento… y las ganancias. Esto no deja de ser paradójico en una sociedad con limitado acceso a la tecnología y a grandes riquezas.

Pero ha sido este modelo uno de los puntos más criticados de la empresa. Karatbars ha estado vinculada a escándalos y permanece en la mira de expertos que la clasifican como una propuesta dudosa con afirmaciones quiméricas, cuya armazón se asemeja a una estructura piramidal, en la cual el dinero de los nuevos integrantes sostiene a quienes entraron primero. Además, autoridades de varios países —incluidas las alemanas— han advertido a sus ciudadanos de no hacer transacciones con la empresa.

Pero en Cuba las autoridades no han advertido sobre el tema. Y Ubaldo, ajeno al debate internacional, ve en la firma germana la oportunidad esperada: inversiones en asuntos que aún no entiende del todo, con el anhelo de ser millonario.

Rubén J. Moraga y Frank Velázquez son los líderes principales de Karatbars en Cuba. Entre ambos, acumulan numerosas charlas y presentaciones para impulsar el crecimiento de los afiliados, cuya masa fundamental se encuentra en las provincias La Habana y Holguín.

En la página web de Karatbars se asegura que la empresa surgió en 2011 y registrada en la ciudad alemana de Stuttgart. Con presencia en más de un centenar de países y una red global que supera los 800.000 afiliados, se especializa en la producción y venta de productos de oro con gramajes accesibles para su fácil intercambio (billetes, tarjetas personales y de regalo y objetos de regalo).

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Captura de pantalla del sitio web de Karatbars

Fue Rubén quien dice haber conocido personalmente a los directivos de la compañía, visitó sus instalaciones y presenció, en primera fila, la vida de aquellos que prometen la anhelada libertad financiera. “Por entonces Karatbars no estaba operando en Cuba. Por otros proyectos fui a Stuttgart y, gracias a Dios, me atendió el cofundador de la empresa, el checo Juan Giner. Ese día por la noche compartimos criterios e hicimos una relación fuerte de amistad. Al otro día, me preguntó cómo iban a operar si empezaba en Cuba”, recuerda.

En noviembre de 2017 la empresa hizo su entrada “oficial” al país y, poco a poco, se les comenzó a ver en presentaciones o en sitios públicos.

En apenas dos años, Karatbars se había convertido en todo un fenómeno novedoso para la menguada economía cubana. Primero con la compra de artículos de oro, objetos que llegaban a manos de los compradores y afiliados cubanos dentro del país mediante el sistema de mensajería DHL, hasta que fuera prohibida su entrada, comentan los fundadores. A pesar de las dificultades para recibir las comisiones y el oro en su forma física (esencialmente mediante el CashGold?, billete impreso por la empresa con incrustación de oro en el centro), la comunidad siguió creciendo.

Luego, a partir de julio de 2018, con el lanzamiento de su propia criptomoneda, el KBC, movió los cimientos de Karatbars en Cuba y amplió su campo de influencia, atrayendo a decenas de personas que aprendieron, y que ganaron o perdieron dinero con el intercambio de criptomonedas.

“Hubo confusión, no entendíamos a dónde se dirigía Karatbars. Hubo que estudiar sobre cripto, blockchain. En el equipo cubano movió más de 100.000 euros en compras”, afirma Frank. Una fortuna si se tiene en cuenta los estándares del diario vivir en la Isla.

Pero mientras unos generaban ingresos y pagaban servicios, otros mantuvieron sus monedas almacenadas en las llamadas billeteras electrónicas, porque aguardaban el boyante futuro anunciado por la compañía.

Cuando se escucha a Rubén y a Frank es notoria la similitud de argumentos: comparten criterios en su proyección sobre la compañía y el mundo que los rodea. Karatbars genera en sus afiliados cierto molde discursivo, una doctrina de pensamiento y acción identificada en los conversatorios y conferencias; desconfía de las formas económicas y sociales tradicionales y pregona el empleo de métodos distintos si pretendes alcanzar prosperidad y libertad financiera. Si otros pueden, tú puedes, y solo los atrevidos triunfan en este mundo.

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Con apenas tres años de presencia en Cuba, la empresa alemana ha creado una importante red de más de 7.000 afiliados. Crédito: Eduardo González.

Yandy Marx es médico de profesión, pero dice que con Karatbars apareció la ocasión que esperaba. Estudió el modelo y, cuando lo entendió, se registró con el habitual KYC (prueba de identidad exigida para convertirse en afiliado), e invirtió sus ahorros. Comenzó a dar conversatorios y creó su red de referidos. Ser patrocinador implica grandes responsabilidades. “Les enseñamos a las personas otra posibilidad de cambiar su vida. La primera ganancia es para ti, por ahorrar en oro y, si creas una red, estás ganando por comisiones”, comenta.

Yandy adoptó este como un segundo trabajo, el de las tardes libres, las noches, los fines de semana. Aquí la publicidad es una cuestión personal: tarjetas de presentación con diseño propio, volantes, calcomanías, pulóveres, y anuncios en redes sociales o en Revolico, el popular sitio web de clasificados de la Isla.

Desde su fundación hasta ahora, la empresa alemana ha ido mutando. Hay un modelo de negocio clásico, basado en la adquisición de productos por personas pertenecientes a la red de afiliados. Este fue el que entró a la Isla en primer lugar. Luego, cambiaría con el surgimiento de la criptomoneda y las demás estrategias que la compañía anuncia que desarrollará con la tecnología blockchain.

Karatbars no obliga a pagar para registrarse, y aún así dicen que podrías recibir comisiones. Pero existe una segunda variante que, a priori, parece brindar mayores beneficios y en menor tiempo: comprar un paquete de negocios. En enero de 2019, el paquete Bronce, el más bajo, costaba unos 150 euros, mientras un VIP sobrepasaba los 3 000 euros. De la categoría y el monto de las compras de la red, dependerán los beneficios.

¿Y qué pasa frente a los cuestionamientos? “Cuando ves la estructura, y la distribución del sistema dual, puedes pensar que es un sistema piramidal. Pero Karatbars usa una cosa que se llama apalancamiento financiero: el trabajo que hagan las personas en tu equipo te beneficia, pero eso no quita que para generar tus beneficios tengas que hacer tu parte prácticamente solo. No es solo entrar y comprar un paquete, tienes que trabajar”, defiende Yandy.

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El trabajo del que habla es, básicamente, conseguir que otros comiencen a comprar los productos de la empresa. Yandy replica en el universo digital, algo que tiene demasiados años de ejercicio: el trabajo de marchante, de vendedor en consignación. Su mejor arma: el proselitismo.

“Esto es tan novedoso que las regulaciones están por debajo de lo que está pasando en el mundo entero. No hay ninguna ley que te lo impida realizar, no atenta contra nada”, dice. Cierto, el universo del blockchain y las criptomonedas ha superado las legislaciones y las posibilidades reales para controlarlo, y en Cuba es un fenómeno prácticamente desconocido en el que las autoridades encargadas del tema no han tomado partido en el asunto; además, en un escenario en el que lo digital apenas comienza a ganar terreno.

“La criptomoneda es el futuro. En Cuba, hay personas que están comprando casas y carros con esta. Dentro de unos años, el ecosistema de la empresa lo van a usar muchas personas, porque está respaldado en oro”, afirma Rubén.

La seguridad de sus palabras se basaba en un aspecto: el KBC sería, según él, la única criptomoneda en el planeta respaldada por el precioso metal producido por las minas de la compañía. El mismo CEO de Karatbars, Harald Seiz, lo había dicho —después del 4 de julio de 2019, proclamado por él como Día de la Independencia del Oro— sería posible cambiar KBC por oro físico con una tasa de 100 KBC por gramo. “KBC es más que una criptomoneda. ¡Representa un cambio de paradigma completo! (…) KBC está respaldado por el oro de Fort Dauphin, una mina de oro en Madagascar con reservas de oro de $1,2 billones y la mina más grande del mundo con un depósito de 700 toneladas de oro en Guinea. La perspectiva de crecimiento para el KBC está garantizada por la red minera global de Gold Standard”. Sin embargo, la mina de Fort Dauphin no posee oro.

“Cómpralo, todo el que puedas, a nivel de locura, se lo aconsejo”, dijo entonces Frank, y así hicieron algunos afiliados: comprar sin cordura. Según esas cuentas, quienes compraron el KBC a precio inicial de mercado (poco más de 0,8 centavos de dólar) hubiesen podido amasar fortunas al pagar el quimérico precio de 80 centavos de dólar por 1 gramo de oro. Incluso, quienes hubiesen comprado el KBC en la cúspide de su valor, 12 centavos, estarían pagando 12 dólares por gramo, cuando el mercado mundial lo cotizaba entonces a más de 45.

Se trataba, a ojos vista, del negocio del siglo. Uno demasiado bueno para ser verdad.

Pero el 4 de julio de 2019, en Las Vegas, no sucedió el radical cambio que todos esperaban. Ese día, ciertamente, se pudo cambiar KBC por oro físico. CashGold? para ser exactos. Solo quienes estaban en Las Vegas tuvieron esa oportunidad. En el resto del mundo, no.

En su discurso de esa noche, Seiz una vez más pidió paciencia y confianza a sus afiliados. A cambio dejó otra promesa dorada: “Cuide sus monedas de 2 a 3 años y en ese tiempo crearé 20.000 millonarios. No hay otra moneda, ni el BTC, que tenga mayores ganancias que nuestro KBC. Por eso hay que ahorrarla, no se deshagan de ella. Ustedes son millonarios y no lo saben”.

A casi un año del anuncio, el KBC se ha debilitado y hoy cuesta 0,4 centavos, menos de la mitad de su valor de salida el mercado; y Karatbars, empeñado en llevar el oro a todas las manos, vende el gramo de este metal muy por encima de su precio en el mercado de valores. Cada gramo adquirido en Karatbars (dentro de los objetos vendidos por la empresa) tiene un costo de 78,76 euros, pero la misma cantidad se cotizaba a 51.71 euros en el mercado de valores el pasado 23 de abril.

++++ Desmontando un Token

La fe de los miembros cubanos de la comunidad Karatbars se ve apuntalada por abundante información en Internet, que defiende a la empresa como legítima y legal, además de una buena oportunidad de negocios. Ese es el caso de una  en Forbes, de Joresa Blount, que la coloca en una lista de 10 compañías de Blockchain para ver en 2019. Uno de los mayores espaldarazos vino de una de las voces más reconocidas en el mundo de las criptomonedas, John McAffe?, quien apoyó a Karatbars mediante un tuit en que elogiaba la idea de una criptomoneda sustentada en el oro.

Con el supuesto oro de Fort Dauphin en Madagascar, con reservas de oro de $1,2 billones y la mina más grande del mundo con un depósito de 700 toneladas de oro en Guinea, más la creación de un banco de criptomoneda en Miami anunciado por Seiz, Karatbars a inicios de 2019 parecía blindada para algunos.
Sin embargo, desde mediados de ese año, diferentes gobiernos, especialistas y los datos contrastados a partir de las declaraciones de la empresa, sugieren a Karatbars como un esquema piramidal, una inmensa burbuja especulativa que inevitablemente estallará.

Uno de sus críticos es Eduardo Sánchez, desarrollador cubano de blockchain, quien aseguró en entrevista exclusiva para esta investigación que la empresa alemana sustenta y defiende su modelo de negocios con promesas imposibles de cumplir. “Si una empresa, un activo, un producto, necesita de network marketing (o marketing multinivel) para ser rentable, significa que en sí no tiene valor, que su valor depende necesariamente de la especulación. Digamos que funciona por la ley del más tonto: yo compro hasta que venga uno más tonto que yo y venda las cosas más caras”, dice.

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Una de las presentaciones públicas de la empresa en Cuba.

Por su área de especialización, Eduardo fue invitado a una conferencia ante la comunidad de la Isla, pero no la aceptó. Además, ha estudiado y desmontado el White Paper, que es el abc de las funciones de KBC, y ha buscado registros sobre la existencia de las minas de oro y el banco que no encuentra.

“Ellos tienen un White Paper, que es apenas un producto, un gran texto en el que se desprenden de una serie de responsabilidades que por otro lado asumen en el discurso público. El primero es que está respaldado en oro, pero ni siquiera existe el respaldo, y eso es tan sencillo como leerse su propio White Paper”, dice, y agrega: “Estás invirtiendo en un token [como también se le puede llamar a las criptomonedas] a tu propio riesgo, pues no tienen ningún tipo de respaldo. Incluso, una de las cosas más contradictorias es que su precio esté respaldado en oro y su precio sea fluctuante: se supone que una moneda respaldada en oro no fluctúe tanto”.

Eduardo no dice de manera directa que es un fraude, pero en esta entrevista dejó claro que es una inversión sin ningún tipo de respaldo, con beneficios altamente especulativos porque dependen de que convenzan a otras personas de que se sumen a la idea. “Pero va a haber un punto en que esto explotará, porque no vas a tener más gente que sumar a la velocidad que se necesita para mantener gente dentro de la red recibiendo beneficios”, finaliza.

En la historia mundial ha existido negocios prestigiosos y reconocidos que fueron descubiertos finalmente como grandes timos,  en España. Este se mantuvo activo durante varias décadas y terminó con la pérdida de los fondos de miles de personas.

Diversas autoridades en todo el mundo han tomado acciones para alertar a sus ciudadanos contra la empresa germana. En Canadá, en 2014, la empresa reguladora canadiense Autorité des marchés financiers (AMF) emitió una advertencia contra Karatbars, que terminó en acciones legales y se prolongó hasta 2016.

En mayo de 2019, el Banco de Namibia la  como estafa piramidal. Similar declaración fue sustentada por las autoridades holandesas. Luego, en octubre, la Oficina de Regulación Financiera (OFR) de Florida  a la publicación Coin Desk que Karatbars no posee licencia bancaria alguna de la OFR y que esta oficina tenía una investigación en curso sobre la empresa alemana.

En noviembre del mismo año, la Autoridad de Conducta del Sector Financiero (FSCA) de Sudáfrica  para desalentar cualquier tipo de trato con Karatbars, y el Departamento Federal de Supervisión Financiera de Alemania  “una orden de cese y desistimiento a la Fundación Karatbit, de Belice, para detener y liquidar el negocio de dinero electrónico que Karatbit lleva a cabo en Alemania sobre la base de la emisión de la ‘KaratGold? coinʼ sin la licencia necesaria”.

Entre otras referencias, Coinintelligence la declara como estafa piramidal y esquema de Ponzi. Y para completar, el sitio Mining Data Online registra que la tan anunciada mina de Fort Dauphin (Madagascar), encargada de proporcionar el oro para respaldar el KBC, posee yacimientos de titanio y circonio. Pero no de oro.

Aún así, el portal web Coin Desk reconoce que el KBC es usado para trading en muchos exchanges, y una gran cantidad de personas ve oportunidades en el proyecto. Otros, no tantas.

Esperando la “independencia”

Alberto Díaz (pidió cambiar su nombre para permanecer en el anonimato) pasó por varios estados cuando se trata de Karatbars. Primero fue un convencido más, pero pasada la emoción de los primeros tiempos, decidió solo mantener sus inversiones en las criptomonedas.

Con más de 1.000 dólares de ganancia acumulados en su negocio privado, un exceso de liquidez poco habitual entre los cubanos, buscaba una opción para invertirlos, cuando topó con un anuncio en Revolico. “Me sonaban tan irreal y por encima de mis expectativas, que no podía creer eso de ganar y acumular mucho oro y alcanzar la libertad financiera”, cuenta.

Quedó impresionado con los términos, la novedad, la posibilidad de inversión cuando fue a una conferencia. Lo atrajo la presentación, la puesta en escena y, por supuesto, el oro. No tardó mucho en enviar el KYC y entrar.

Tuvo afiliados en pocas semanas. Puso anuncios en Revolico, conversó con personas en la calle. Pero la dificultad para duplicar un modelo exitoso fue la mayor complicación que identificó, al menos en esos primeros momentos. Construir una red estable y fuerte, recibir las comisiones, es algo que no estaba al alcance de la mayoría.

“Aumentaron mis gastos en la cuenta del móvil y, además, debía explicar a los afiliados cómo un negocio como Karatbars los podía sacar de sus apuros financieros y, a la vez, decirles que hasta ese momento no era fácil obtener la tarjeta MasterCard? con la que se cobran las comisiones”, cuenta Alberto.

Con su propio negocio en problemas, desistió de afiliarse, pero invirtió unos 700 CUC en el naciente KBC. Con su inversión retenida en la billetera, prefirió no usarla, esperando el Día de la Independencia del Oro.

Mientras, se mantenía al tanto de los nuevos anuncios, analizaba las noticias provenientes de la empresa y las conversaciones en los foros de debate. El 4 de julio del año pasado, afirmaba un video promocional de la empresa, era “la misión visionaria de Karatbars”; el momento de empezar a “devolverle el oro a las personas”, porque a partir de esa fecha, “todos podrán cambiar oro puro por KBC, en una tasa de 100 KBC por un gramo de oro”. Pero ese día no fue lo que esperaban los cubanos.

Alberto no aguardó ese momento. A los pocos días, después de meditar y observar el comportamiento de la criptomoneda, decidió vender. “Vendí los primeros 30.000 en 2.000 CUC. Supuse que pegado a julio no iban a tener dinero para comprar”.

No creía que el KBC subiera mucho más su valor. Su argumento principal se sustentaba en el monto de oro necesario para respaldar las monedas en circulación. Sus razonamientos llegaron de las cifras que investigó: la disponibilidad mundial de oro, las reservas de algunos países y el suministro de 12.000 millones de KBC, de los cuales no todos fueron vendidos al público.

Según sus cálculos, para el 4 de julio deberían quedar en manos del público unos 4.950 millones de KBC. “Por el momento, no es viable convertir los 4.950 .000.000 KBC en oro, porque serían necesarias 49.5 toneladas. Digo que no es viable porque Harald Seiz dijo en el discurso de apertura del banco en Miami que la mina comprada producía 0.7 toneladas por año y que seguirían trabajando por llegar a la meta de 5 toneladas por año. Ni logrando eso pueden cubrir las 49.5 toneladas, y esto es sin tener en cuenta la totalidad de los KBC. Les queda la opción de comprar oro y revenderlo como siempre han hecho, o utilizar el de sus bóvedas si es que existe tal”, dice.

Pero según lo explicado por el CEO en un video, se necesita incluso más: 70 toneladas. “Poco a poco iremos almacenando más y más oro para ti y el KBC”, prometió.

Dicho de esa manera, 70 toneladas no parecen mucho. Pero la percepción cambia al saber que la suma de las reservas de oro declaradas por los Bancos Centrales de Colombia, Uruguay, El Salvador, Paraguay, Haití, Honduras, Guatemala, República Dominicana, Chile, Aruba y Trinidad y Tobago, no alcanzan las 25 toneladas, según del Consejo Mundial del Oro.

Así que, finalmente, Alberto hizo lo que mucho otros: sacar provecho mediante el trading. Rescató su inversión, con ganancias sustanciosas. Vendió a unos precios que oscilaron sobre los 6 centavos, semanas antes de la fecha apuntada. Incluso, dejó una pequeña parte, una reserva en su poder, por si aumentara nuevamente.

“Yo creo que Karatbars se enfermó cuando salió de Alemania. Es difícil acusarla de estafa, pero es fácil ver que está enferma. Al principio, le vendían oro al usuario y el usuario mandaba dinero. Esta se puede decir que es la forma clásica: una opción de ahorro en oro. (…) Te lo ponían allá, pero no sabes si realmente existe.

“Ellos te daban como promesa el oro guardado. Te decían que en un futuro vendría una crisis comercial y que eso te iba a servir, pero un oro estancado en tu casa no te da dinero ni te genera. Entonces, sacaron el KBC, que también venía con promesas, mientras tú pagabas dinero. Están creando un sistema financiero basado en la confianza, cuando ellos están criticando el sistema basado en la confianza. Saben que los cubanos que tienen KBC no lo van a poder pedir”.

Promesa es la palabra que viene a su mente repetidamente. Karatbars da promesas a cambio de dinero, dice. Promesas de un futuro que no ha podido cumplir y que, cada vez, parece más lejano.

Fuente

  • CONNECTAS
  • EDUARDO GONZÁLEZ MARTÍNEZ es periodista graduado de la Universidad de La Habana, pero ejerzo desde el primer año de la carrera, pues compartí el tiempo entre la academia y los medios de comunicación. Me apasiona descubrir y contar historias. Creo en el valor del periodismo narrativo, con su carga lúdica intrínseca y su capacidad para brindar algo útil a las personas.
  • JULIO BATISTA graduado de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en 2013. Ha sido redactor reportero deportivo en el semanario Trabajadores; colaborador de varias revistas digitales como Progreso Semanal, Cuba Contemporánea, On Cuba, El Toque, Play Off, Cubahora y asesor de programación en el canal nacional de televisión Tele Rebelde. Miembro del Consejo Editorial de Periodismo de barrio entre 2015 y 2020. Colaborador de Radio Francia Internacional. Es premio Rey de España de Periodismo.
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  • Fotografía principal: Flickr - Adam Cohn. Licencia Creative Commons.

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