Nicaragua: 6 meses de resistencia pacífica

Compartimos el reportaje del periodista Julio Portocarrero Arancibia sobre la importancia y fuerza de la voz del movimiento estudiantil nicaragüense en estos tiempos de crisis.

Nunca imaginé que aquella pequeña concentración de estudiantes y jóvenes que nos reunimos frente al portón principal de la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua, la noche del 18 de abril de 2018, impulsaría un despertar colectivo en la conciencia de la sociedad nicaragüense, sobre la participación urgente en la promoción de políticas de cambio en pro de la democratización del Estado de Nicaragua.

“Minúsculos” paralizan Managua

De aquellos primeros días cuando Managua se empezó a paralizar por las multitudinarias marchas autoconvocadas, recuerdo lo que me dijo un taxista: “al presidente Ortega le hemos aguantado mucho –y pudimos seguirle aguantando- pero no le perdonaremos que se haya metido con los chavalos”. El informe presentado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), confirmó el asesinato de 212 personas –en su mayoría jóvenes- entre el 19 de abril y el 19 de junio de 2018. Pero esa cifra se ha incrementado; y hoy que se cumplen seis meses de resistencia pacífica en las calles, en cada pueblo y en cada rincón azul y blanco, organismos defensores de los derechos humanos hablan de más de 500 nicaragüenses asesinados a causa de una violencia que ha teñido de sangre nuestro pabellón bicolor.

“Las calles son del pueblo”

En Nicaragua, desde el 19 de abril de 2018 ruge la voz del cañón; pero ha sido más fuerte el rugido unísono de quienes en las calles exigen justicia, adelanto de elecciones, respeto a la libertad de prensa, libertad para los presos políticos, respeto a los derechos humanos y libertad de movilización en las calles, “pues las calles son del pueblo y el pueblo es el soberano”. Y por andar en las calles, ondear la bandera azul y blanco, dejarse acuerpar por el espíritu patriótico en cada marcha y gritar: “¡Eran estudiantes, no eran delincuentes!”, hay más de 200 presos políticos a quienes se les acusa de terrorismo y otras hierbas aromáticas. Qué raro que en seis meses en el país “más” seguro de Centroamérica surgieran tantos “criminales” responsables de “actos terroristas”. ¿Dónde estaban? Si son tantos ¿cómo es que no los había descubierto la Policía antes? ¿Y quiénes son los encapuchados que circulan bajo el amparo de esta? ¡Todos lo sabemos! Ellos todavía “no”.

“Sonaron los atabales, tremolaron las marimbas”

Y las calles, desde entonces, se llenaron de balas queriendo asesinar el grito patriótico que se eleva como el pecho incólume del Momotombo. En las calles de Masaya, Managua, Estelí, Matagalpa, León, Chinandega, Carazo y Granada se oye el grito desesperado de Álvaro Conrado: “¡Me duele respirar!”. Pero a pesar del llanto y la montaña de mártires que la noche no puede ocultar, los monimboceños no han dejado de sonar sus marimbas y bailar la Danza Negra como signo de la entereza que los acompaña desde hace siglos. Y los hermanos Mejía Godoy le han cantado canciones –como hace 40 años- a la nueva Nicaragua que se gesta entre globos terroristas, zapatos insurrectos y versos vandálicos.

San Romero de América nos inspira

Finalmente, es necesario mencionar la valentía de los obispos, sacerdotes y religiosos/as nicaragüenses que han sabido leer los signos de los tiempos y se han esforzado por estar siempre del lado de las víctimas. Para la historia se conservarán las imágenes de las decenas de templos que abrieron sus puertas para acoger a los heridos y perseguidos. Y aunque a la Iglesia Católica nicaragüense se le ha tachado de “golpista” los hechos evidencian que hay un odio contra la misión profética de esta: anunciar y denunciar como monseñor Romero, quien “resucitado ya en la fuerza del Espíritu Santo, resucita en el mundo y continúa resucitando entre nosotros” pues “su voz resuena más fuerte, reclamando un mundo sin víctimas, libre del sufrimiento creado por la caínes de la historia”, (P. José María Tojeira S.J.)

Nota

  • Fotografías cortesía de Jader Flores.
  • Julio Portocarrero Arancibia puede ser seguido en Twitter en @julioquetzal

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