Nuevos paradigmas religiosos se asoman

Es tarea prioritaria e impostergable que el lenguaje teológico de la religión, con su correspondiente culto, logre reformular un lenguaje más acorde al mundo actual en mutación. Nota del jesuita Julio Stragier para Mensaje.

En un artículo anterior(1) describí cómo nuevos paradigmas pueden desafiar contenidos de nuestra fe tradicional. El afán era ampliar la mirada y provocar la inquietud para descubrir los importantes aportes de las ciencias que nos pueden ayudar a poner al día nuestro lenguaje para una renovada transmisión de la fe. En aquella oportunidad señalé tres paradigmas: los nuevos paradigmas epistemológicos, los nuevos paradigmas científicos y los nuevos paradigmas arqueológicos. Ahora quisiera profundizar en los nuevos paradigmas religiosos que se asoman.

NECESIDAD DE LA ESPIRITUALIDAD

En mayo de 2018, la UNESCO publicó un documento titulado «Espiritualidad y Unesco». Fue «el primer paso y primer resultado de un Proyecto de investigación y de reflexión sobre la Espiritualidad como dimensión humana importante para los seres humanos que, sin embargo, en UNESCO, gran institución mundial de Ciencia, Cultura y Educación, apenas es reconocida y desarrollada como tal en sus Programas de Cultura y Educación». Es remarcable que los integrantes de la UNESCO se van dando cuenta de la importancia de la Espiritualidad para un adecuado desarrollo humano, pues señala el texto que «la Espiritualidad y el Viaje Interior que supone, es un tema a cultivar y desarrollar en todos los ámbitos de la vida, como la cultura, la salud, la educación, el arte, la ciencia, el trabajo, la empresa…, una dimensión a trabajar a lo largo de toda la vida para renovar permanentemente nuestra mente y lograr un Desarrollo Humano, Personal y Colectivo». Vale la pena citar al notable segundo secretario general de las Naciones Unidas Dag Hammarskjöld (1953-1961), quien propuso una síntesis que creemos sigue teniendo un gran valor de presente y futuro: «Nunca lograremos progresar de forma sostenible hasta que no asumamos el camino más largo, el viaje interior»(2).

LA ESPIRITUALIDAD EN UN MUNDO EN MUTACIÓN

¿Cómo definir la Espiritualidad? Elena Andrés simplifica acertadamente al decir: la espiritualidad ha sido y es una forma de ser y estar en el mundo, un mundo que está viviendo una mutación histórica que empezó en el último cuarto del siglo pasado y que sigue en plena evolución. La mutación nos lleva a culturas cambiando tradiciones, costumbres, enfoques y valores. En el 2007 Zygmunt Bauman caracterizó la actual época como el pensamiento líquido que da origen a sociedades líquidas. Las estructuras sociales que se mantuvieron estables durante siglos representaban la modernidad sólida. Ahora, desde los últimos decenios, hemos entrado en una cultura cada vez más globalizada que se caracteriza por «lo efímero, lo mutable y lo impredecible»(3). A pesar de los enormes cambios, que los «millennials» y «centennials» resienten menos, nadie está exento de buscar y dar un sentido a su vida, a lo que vive y a todo lo que ocurre.

LA ESPIRITUALIDAD Y EL SENTIDO DE LA VIDA

El famoso psiquiatra austríaco y sobreviviente de los campos de exterminio nazi Viktor Frankl lo formuló genialmente en el librito más leído del siglo pasado: El hombre en busca de sentido. Efectivamente, la base de toda espiritualidad y religión parte de la inquietud por saber quién soy yo. Ya en la antigua Grecia teníamos el famoso «ynothi seauton». Era una inscripción en el frontis del templo de Delfos: «Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses». Son las eternas preguntas del ser humano por el sentido: ¿de dónde vengo? ¿Quién soy yo, a dónde voy? Más allá de los desafíos prácticos de la vida cotidiana, con sus costumbres y rutinas, necesitamos percibir un sentido (=logos), un rumbo. Aquí entra la espiritualidad, pues se trata de percibir y dejarse penetrar por un sentido totalizante de la vida. Desde luego que aquí se nos abre un enorme abanico de posibilidades y trayectorias. No viene al caso referirse a la historia de la espiritualidad. Solo quiero recalcar un profundo rasgo presente en las grandes sabidurías históricas y en la llamada filosofía perenne. Al conocerse a sí mismo en profundidad, se experimenta simultáneamente la unidad (no-dualidad) y la sabiduría. Aquello no es un proceso que se alcanza por la mente, pues la mente solo puede funcionar objetivando conceptos adquiridos y aprendidos. Por eso todo lo que alcanza, está marcado por la dualidad y por la consciencia del sujeto que conoce el correspondiente objeto. El verdadero conocimiento de mí mismo se alcanza no por la mente sino por la experiencia espiritual al vivir en el silencio, en la ausencia de pensamientos, sentimientos y percepciones sensibles, la profundidad no-dual de mi ser. Es lo que la tradición llama ejercicio de meditación o de contemplación. Todo trabajo espiritual es una tarea de autoconocimiento para alcanzar el núcleo de mi ser. Lo han expresado filósofos, sabios, poetas, pero nadie de modo más asertivo como Jesús de Nazareth. Además de la gran tradición, nos ayudan mucho los significativos avances científicos de los últimos decenios. «Desde una perspectiva científica, experimentar lo espiritual significa estar en contacto con un conjunto más grande, profundo y rico de significado, que coloca nuestra vida en una perspectiva nueva. Es poseer un sentido de “algo más allá”, de “algo más” que confiere sentido y valor añadido en lo que somos ahora. Ese “algo más” espiritual puede ser una realidad social más profunda o una red social de significados»(4).

Necesitamos encontrar sentido a nuestra vida y a nuestra muerte. Los avances de la psicología humanista han explicitado lo que se viene en llamar «inteligencia espiritual». Es «nuestra inteligencia primordial con que afrontamos y resolvemos problemas de significados y valores»(5).

En ese contexto y horizonte aparece la religión. Ninguna religión cae del cielo. Toda religión es una sistematización mental a partir de una o varias experiencias espirituales personales o colectivas. En este sentido viene a ser una realidad también cultural. En sus elaboraciones de creencias y dogmas, intervienen los distintos tipos de inteligencias(6), los diferentes estadios de consciencia, la incultura de cada época, los contextos políticos, etc., por ejemplo, el impacto del imperio romano en la expansión y modulación del cristianismo.

Siendo hoy las religiones conocidas y analizadas como «objetos mentales y culturales», se contrae su contenido mágico y sobrenatural. El efecto puede resultar en una significativa disminución de sus creencias, preceptos, normas, culto y mensajes valóricos.

DECLIVE DE RELIGIONES Y AUGE DE ESPIRITUALIDADES

Por muy diversas encuestas y estudios, se puede estimar que un 80% de los chilenos tienen una espiritualidad personal. En contraste, menos de un 10% participan regularmente en el culto religioso. Pues no es la religión que engendra la espiritualidad, sino al revés, porque las personas son espirituales y necesitadas de dar y encontrar sentido a sus vidas, nacen los diferentes cultos religiosos. Se puede ser espiritual y nada o poco religioso como también se puede ser religioso y poco o nada espiritual. No es raro encontrar personas que se dicen ser agnósticas, pero con un gran sentido espiritual y de servicio. Tampoco es raro encontrarse con personas religiosas y piadosas, pero viviendo sus devociones desvinculadas de todo compromiso social. Son modos de ser y estar en el mundo muy distintos. La crisis hoy en el occidente es más bien de las religiones-culto, pero ha surgido una creciente necesidad de espiritualidad que las religiones no logran asumir satisfactoriamente por su apego tradicional a sus objetos mentales y culturales.

PERSPECTIVAS DE FUTURO

Surge como tarea prioritaria e impostergable que el lenguaje teológico de la religión, con su correspondiente culto, logre reformular un lenguaje más acorde al mundo actual en mutación. El Concilio Vaticano II fue un notable esfuerzo. Pero el mundo de hoy ya no es comparable con el de los años sesenta. Basta leer, por ejemplo, la constitución dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación para darse cuenta que su lenguaje ignora inevitablemente los nuevos paradigmas de la posmodernidad. Aquello no es una crítica, sino una simple constatación y viene a ser un ejemplo patético de cómo la aceleración de la evolución y el nuevo estadio de conciencia emergente en la humanidad requieren una nueva antropología teológica, formulada desde la nueva epistemología de las diversas ciencias. Ya lo intuyó el místico Pierre Teilhard de Chardin al señalar: «No somos seres humanos viviendo una aventura espiritual, sino seres espirituales viviendo una aventura humana». No faltan estudios ni buenos autores para ayudarnos en esta tarea, que quisiera retomar en un próximo artículo(7). MSJ

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Notas

(1) «Nuevos paradigmas desafían la fe tradicional», Mensaje N° 676, enero-febrero, 2019, pp. 40-42.
(2) «Espiritualidad y Unesco», UNESCO, 2018, p. 3.
(3) Ibid., p. 40.
(4) Zohar Dana: Inteligencia espiritual, Plaza Janés 2001 Barcelona p. 31. Disponible gratis en PDF en Internet.
(5) Ibid., p. 19.
(6) «El concepto de Inteligencia Espiritual se relaciona con la educación holista. El Dr. Ramón Gallegos define la Inteligencia Espiritual como la capacidad de ser feliz, de estar en armonía con la totalidad generando sentido para vivir. Existen tres grandes momentos en la comprensión de la inteligencia humana: El primero es el de la visión uniforme de la inteligencia que surge al principio del siglo XX e inicia su decadencia en los ochenta; el segundo es el de la teoría de las inteligencias múltiples que se generaliza en los últimos veinte años del siglo pasado; el tercer momento es el de la inteligencia espiritual que se está desarrollando en este siglo XXI. En todo caso, creo que la «inteligencia espiritual» y la «interioridad» pueden considerarse como sinónimos de alguna manera» (Nota 10 en «Espiritualidad y Unesco» apéndice de Elena Andrés).
(7) A modo de ejemplo, señalo a Ken Wilber: «The religion of tomorrow. A vision of the future of the great traditions», Kindle, edition 2015. Por otro lado, nos podemos ayudar también de grandes pensadores místicos, como el Maestro Eckhart (1260-1328), muy estudiado recientemente. «Dem ruhigen Geist ist alles möglich», Kindle, edition abril 2019, de Willigis Jaeger OSB. También hay abundante literatura en castellano disponible en Internet.

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