Obispos de Nicaragua: "El silencio del Estado" y la "desinformación" agravan "esta crisis pandémica"

"La fe y la esperanza deben tomar su lugar ante la amenaza, de esa forma cuidamos también nuestras acciones". Afirman los obispos de Nicaragua en su comunicado. Nota de Mireia Bonilla para Vatican News.

Nicaragua ya enfrentaba un frágil y vulnerable sistema de salud pública. Ahora, el Covid-19 lo ha terminado de colapsar. El rápido avance de contagios es evidente; por desgracia también el número de muertes. Los ciudadanos se encuentran entre incertidumbre, dolor y muerte. La situación la agrava aún más “el silencio del Estado”, escriben los obispos del país, y la “desinformación sobre el avance de la epidemia”.

Frente a esta tragedia mundial, nacional y familiar, la respuesta de la Iglesia en Nicaragua es apostar por la vida: “Nada es más importante que la vida, la vida por encima de todo”, escriben. Además, invitan a “permanecer unidos”, porque solo vivos y unidos podrán enfrentar “los problemas y los retos” e instan a los fieles a continuar guardando el [distanciamiento social; acto de “responsabilidad y amor”. “Lo más importante ahora es proteger la vida y que cada uno haga lo que sea necesario y posible para preservar y proteger la vida de los otros, los más fuertes, generosos y compasivos cargar con los más débiles; los que disponen de riquezas multipliquen sus obras de misericordia para compartir con los que no tienen nada, cuiden con esmero de proteger a hombres y mujeres que trabajan en empresas de producción e instituciones de administración y de servicios; que todos sin excepción prioricemos el cuidado de la vida”. De hecho, piden que la vida esté por encima de la “economía” y de cualquier “interés ideológico o político”.

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En oración por Nicaragua AFP

Son tiempos difíciles y nosotros somos débiles. Pero esto no debe hacer que “dudemos del amor de Dios por nosotros” se lee en la nota. “Seamos fuertes en la fe e imploremos al Señor que nos aumente la fe”, dicen y continúan: “los seres humanos somos personas tan frágiles que las crisis minan nuestras emociones y pensamientos, es por eso que la fe y la esperanza deben tomar su lugar ante la amenaza, de esa forma cuidamos también nuestras acciones”.

Retomando palabras del Papa Francisco (“Confíen en Dios y confíen también en mí – dice Jesús – Dios no defrauda: si ha puesto una esperanza en nuestros corazones, no quiere destruirla con frustraciones continuas”), los obispos nicaragüenses aconsejan que no concedamos espacio a los pensamientos amargos y oscuros ni que escuchemos la voz de quien esparce odio y divisiones. “Los seres humanos, por muy diferentes que sean unos de otros, han sido creados para vivir juntos. Ama a las personas. Esa luz es la riqueza más grande confiada a tu vida. Y sobre todo, ¡sueña! No tengas miedo de soñar. ¡Sueña! Sueña con un mundo que todavía no se ve, pero que ciertamente vendrá. Vive, ama, sueña, cree. Y, con la gracia de Dios, no desesperes nunca”.

Los obispos explican que una vez superada la crisis, nos tocará preguntarnos: ¿Qué lecciones aprendimos? ¿Qué significado seguirá teniendo Dios para mi vida? ¿Cuáles serán mis actitudes hacia otros de aquí en adelante?

“Estamos llamados a tener una actitud de conversión sobre nuestra manera de pensar, vivir y actuar, de acuerdo a la Buena Noticia de Jesucristo, siendo dóciles a sus enseñanzas bajo la acción del Espíritu Santo que ha derramado en nosotros desde nuestro bautismo”. De hecho, dicen, “ámense los unos a los otros”, “es el mandamiento del camino de la salvación, expresar ese amor en obras, en acciones de justicia social y laboral, en mayores inversiones para reforzar los sistemas de salud, en la construcción de una economía en la que prevalezca sobre todo el bien común de la humanidad”.

“Esta crisis nos tensa a todos y nos exige un mayor esfuerzo”, escriben los prelados, hasta el punto de que la tarea puede parecer abrumadora, sin embargo “nada es imposible para Dios”. Es por ello que su invitación final es a “fortalecer el espíritu perseverando en la oración” porque la oración – concluyen – “nos dará paz y fuerza para convertir el estrés en la fuerza que necesitamos para resolver esta situación”.

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Obispos nicaragüenses por la reconciliación. Imagen de archivo

Comunicado completo

Mensaje de los Obispos de Nicaragua a todo el Pueblo de Dios y a las personas de buena voluntad.

Una realidad que nos interpela

La pandemia del Covid-19 vino al mundo sin que nadie la esperara, más aún, sin que nadie estuviera preparado para enfrentarla.

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La crisis en Nicaragua necesita una solución real

También, la pandemia vino a nuestra querida Nicaragua, un país empobrecido con el agravante de una crisis sociopolítica.

Constatamos que todo nuestro pueblo fiel, está consciente de la fragilidad y vulnerabilidad en la que se encuentra el sistema de salud pública, la rapidez con que avanza el contagio, la verdad sobre el número de contagiados y muertes a causa del virus. Con nuestro pueblo estamos sufriendo su incertidumbre, dolor y muerte. El dolor y la impotencia conducen a la desesperación, familias que lloran a sus muertos sin una despedida, el temor y la inseguridad que sufre la población ante el silencio del Estado y la desinformación sobre el avance de la epidemia, el miedo o la imposibilidad de visitar los hospitales sufriendo las enfermedades en el silencio del hogar, la manipulación de la conciencia, coacción y oportunismo político en el manejo de la pandemia.

Reiteramos nuestra oración por todos los enfermos, fallecidos y familias afectadas por el virus.

Nos alegra y agradecemos el esfuerzo de los médicos y enfermeros (as) de nuestro país y les animamos a seguir fieles a su vocación y misión.

El contagio del Covid-19 en Nicaragua, coincide con los tiempos litúrgicos: Cuaresma y Pascua, tiempos privilegiados de gracia y bendición, que por el bien común de nuestros fieles y de todo el país hemos celebrado en templos vacíos, misas sin presencia de fieles pero – damos gracias a Dios – fortaleciendo la fe de muchas familias católicas como Iglesias domésticas celebrando en la intimidad del hogar la pasión del Señor y su gloriosa resurrección.

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Nicaragua necesita apoyo internacional

Nuestra respuesta

1. Cuidemos la vida.

Frente a esta tragedia mundial, nacional y familiar, que amenaza nuestras vidas, ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Qué podemos hacer? Tenemos miedo de perder nuestra propia vida y la de las personas que amamos, pero, la vida es un don de Dios, está en sus manos, como nosotros también estamos en sus manos, como la humanidad entera está en las manos de su Creador.

Nada es más importante que la vida, “la vida por encima de todo”; los problemas que vienen después de la pandemia son muchos, los retos muy grandes, y solo permaneciendo vivos y unidos los podremos enfrentar; muchos hemos guardado el distanciamiento social y lo hemos hecho por responsabilidad y amor; debemos seguirlo haciendo, cuando la contaminación es local y el riesgo de contagio es mayor; lo más importante ahora es proteger la vida y que cada uno haga lo que sea necesario y posible para preservar y proteger la vida de los otros, los más fuertes, generosos y compasivos cargar con los más débiles; los que disponen de riquezas multipliquen sus obras de misericordia para compartir con los que no tienen nada, cuiden con esmero de proteger a hombres y mujeres que trabajan en empresas de producción e instituciones de administración y de servicios; que todos sin excepción prioricemos el cuidado de la vida, la vida por encima de la economía, la vida por encima de los intereses ideológicos y políticos, lo repetimos, la vida por encima de todo. Esto implica, la urgencia de fortalecer la solidaridad ciudadana. Cuidar unos de otros y cuidar a los otros, guardando todas las medidas de precaución, prevención y mitigación.

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La Iglesia, con Nicaragua

Exhortamos a los gobernantes y a todos los sectores del país a abrirse a las alianzas y consensos para buscar y encontrar alternativas y soluciones conjuntas que nos eviten una mayor catástrofe humana.

2. La Fe.

Durante la tormenta, el embate de las olas amenaza hundir la barca, Jesús duerme en la popa que es la primera parte en hundirse en el naufragio, duerme en el lugar más peligroso y la tormenta no perturba su sueño, porque Jesús duerme confiado en las manos de su Padre. Sus discípulos tienen miedo y claman a él, ellos, además de miedo también tienen dudas, son hombres de poca fe (cfr. Mt 8, 23-27). Para nosotros llegó la hora de gritar ¡Señor, sálvanos que nos vamos a ahogar! Y de reconocer nuestra poca fe. Imploramos al Espíritu Santo que nos de la fuerza de la fe, Cristo tiene poder, pero, ¿tenemos nosotros fe?, más de una vez, Jesús dijo a quienes estaban atormentados “que se cumpla según tu fe”; (Mt 9, 29); “tu fe te ha salvado” (Mt 15, 28) “ni en Israel encontré tanta fe” (Lc 7,1-10); seamos fuertes en la fe y no dudemos del amor de Dios por nosotros y, ya que somos débiles, imploremos al Señor que nos aumente la fe (Mc 9,24).

Jesús nos ama, “el valor supremo de la vida es el amor”. Ante esta situación, volvemos nuestros ojos a Jesús, los cristianos debemos tener presente una respuesta motivada por nuestra fe. La fe implica esperanza. La fe sin esperanza se vuelve tibia y muere, no pasaría de ser un conocimiento estéril. Los seres humanos, somos personas tan frágiles que las crisis minan nuestras emociones y pensamientos, es por eso que la fe y la esperanza deben tomar su lugar ante la amenaza, de esa forma cuidamos también nuestras acciones.

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El coronavirus avanza en América Latina

3. Esperanza.

En esta crisis y a lo largo de toda nuestra vida Jesús viene a nuestro encuentro, Él, vencedor de la muerte deja la tumba vacía y viene al encuentro de sus discípulos, “abramos de par en par las puertas de nuestro corazón” (San Juan Pablo II) para que, entre Jesús, viva en nosotros y nosotros vivamos en Él (cfr. Jn 14, 20).

San Pablo nos anima con estas palabras: “Porque en esperanza fuimos salvados; pero la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo gime por nosotros con gemidos indecibles” (Rom 8,24-26) “No te rindas a la noche: recuerda que el primer enemigo a derrotar no está fuera de ti: está dentro. Por lo tanto, no concedas espacio a los pensamientos amargos, oscuros. “Confíen en Dios y confíen también en mí” (Jn 14,1) – dice Jesús – Dios no defrauda: si ha puesto una esperanza en nuestros corazones, no quiere destruirla con frustraciones continuas. Todo nace para florecer en una eterna primavera. Dios también nos hizo para florecer” (Papa Francisco).

“No escuches la voz de quien esparce odio y divisiones. No escuches esas voces. Los seres humanos, por muy diferentes que sean unos de otros, han sido creados para vivir juntos. Ama a las personas. Jesús nos entregó una luz que brilla en las tinieblas: defiéndela, protégela. Esa luz es la riqueza más grande confiada a tu vida. Y sobre todo, ¡sueña! No tengas miedo de soñar. ¡Sueña! Sueña con un mundo que todavía no se ve, pero que ciertamente vendrá. Vive, ama, sueña, cree. Y, con la gracia de Dios, no desesperes nunca” (Papa Francisco).

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Coronavirus en América Latina AFP

4. Seguir el camino del amor.

La pandemia cesará, “porque todo tiene su tiempo bajo el sol”. Una vez superada la crisis, nos tocará preguntarnos ¿Qué lecciones aprendimos? ¿Qué significado seguirá teniendo Dios para mi vida? ¿Cuáles serán mis actitudes hacia otros de aquí en adelante?

Estamos llamados a tener una actitud de conversión sobre nuestra manera de pensar, vivir y actuar, de acuerdo a la Buena Noticia de Jesucristo, siendo dóciles a sus enseñanzas bajo la acción del Espíritu Santo que ha derramado en nosotros desde nuestro bautismo. “Ámense los unos a los otros” ese el mandamiento del camino de la salvación, expresar ese amor en obras, en acciones de justicia social y laboral, en mayores inversiones para reforzar los sistemas de salud, en la construcción de una economía en la que prevalezca sobre todo el bien común de la humanidad.

Ciertamente que se incrementa la pobreza, el desempleo empeora la economía de las familias, debemos asumir ese reto como sociedad, deben suceder los cambios necesarios y no son suficientes las soluciones técnicas, económicas, científicas etc. No sirven para resolver el problema los discursos políticos vacíos de responsabilidad y contenido, es necesario recuperar el rumbo de la vida humana, devolverle su dignidad, su inviolabilidad, desde su concepción hasta su extinción natural; es necesario seguir el camino del amor.

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Daniel Ortega, presidente de la República de Nicaragua

5. Vida de oración.

“Cuando las tristezas y las amarguras de la vida tratan de sofocar nuestra gratitud y alabanza a Dios, la contemplación de las maravillas de su creación enciende, de nuevo, en el corazón el don de la oración, que es la fuerza principal de la esperanza. Y la esperanza es la que nos manifiesta que la vida, aún con sus pruebas y dificultades, está llena de una gracia que la hace digna de ser vivida, protegida y defendida” (Papa Francisco).

Esta crisis nos tensa a todos, nos exige un mayor esfuerzo, la tarea puede parecer abrumadora, sin embargo “nada es imposible para Dios” (Lc1, 37). El estrés causa fatiga, ansiedad e irritabilidad, incluso ira, reduce el tiempo de descanso y agota las fuerzas, “la carne es débil”, fortalezcamos el espíritu perseverando en la oración (cfr. Mt 26, 41). La oración humilde y confiada: “Dios mío ten piedad de mí” (Cfr. Lc 18, 9-14), nos devolverá la alegría de la salvación’, (cfr. Salmo 50) y nuestras bocas proclamarán tus alabanzas, la oración nos dará paz y fuerza para convertir el estrés en la fuerza que necesitamos para resolver esta situación.

Imploramos a María Auxiliadora de los cristianos, esa “Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, coronada con doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12, 1), ella es “la que se asoma como el alba, hermosa como la luna llena, refulgente como el sol, imponente como escuadrones en formación de batalla” (Ct. 6, 10), María Auxiliadora de los cristianos aplastará la cabeza de la serpiente, y nos cubrirá de luz “como un manto, extendiendo los cielos como una cortina” (Salmo 104, 2). Dado en la Sede de la Conferencia Episcopal a los 24 días de Mayo 2020, fiesta de María Auxiliadora.

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Oración

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