Padre Gustavo Rodríguez: "Con los emigrantes se cometen crímenes de lesa humanidad: violaciones, asesinatos, extorsiones, manipulaciones, trata de personas"

“Las transnacionales están quitando las tierras, el agua y la oportunidad de trabajar a la gente”. Afirma el padre Gustavo Rodríguez en entrevista con José M. Vidal para Religión Digital.

Ha conocido al subcomandante Marcos (“está muy enfermo y no es jesuita”) y ha formado a muchos de los diáconos permanentes de Chiapas, que “pronto serán presbíteros”. A sus 72 años, el padre Gustavo Rodríguez, sacerdote de la diócesis mexicana de Puebla, sigue el pié del cañón de la solidaridad. Ahora, 'el cartero de los pobres' o el 'cura del morral', como le llaman, está centrado en la atención a las caravanas de emigrantes y denuncia que, con ellos se “cometen crímenes de lesa humanidad” y que “el muro de Trump es puro discurso, para mantenerse en el poder”, porque los emigrantes siguen pasando a los Estados Unidos, que “los necesita como mano de obra barata”.

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El Padre Gustavo Rodríguez con su morral

¿Qué cargos ocupa en la diócesis de Puebla?

Asesor de pastoral en la diócesis, coordinador de movilidad humana, pastoral de migrantes, pastoral de turismo, asesor de cursillos de cristiandad y párroco de una parroquia urbana.

¿Del centro o de la periferia de Puebla?

De la zona media.

Su parroquia es un punto de referencia para los emigrantes de las caravanas. ¿Cuántos migrantes suelen llegar?

Normalmente, de 3 a 15 a la semana. Y hay momentos en los que llegan 500, 1.000, 1.500 o 2.000, cuando las caravanas son mayores.

Ahora mismo está esperando una.

Se han detenido. Estarán en Puebla mañana o pasado

O sea, que incluso conocen ustedes el trayecto de las caravanas.

Sí, sabemos dónde están y a dónde van.

¿Y cómo les siguen?

Tenemos una red de albergues en todo el país. Desde Tapachula a Tenosique (Tabasco) en el sur, hasta la frontera norte. A nosotros nos toca coordinarnos con el sur, cómo van avanzado hasta Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Puebla, y seguir la escala: Hidalgo y Estado de México, hasta la frontera.

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El camino es duro. ¿Ha visto usted situaciones difíciles?

Sí, muy duras. Al principio, solo acompañaba a las comunidades de emigrantes de Puebla a EE.UU: miles y miles, hasta millones de emigrantes en EE.UU.

Cuando empezaron a pasar más centroamericanos, digamos transmigrantes, (solo de paso que nada más atraviesan Puebla y el país) lo que nos espantó fueron las atrocidades que viven. Son crímenes de lesa humanidad: violaciones, asesinatos, extorsiones, manipulaciones, trata de personas...

¿Quién les maltrata? ¿Hay mafias organizadas?

Hay mafias organizadas y la población, que ya está cansada de verlos pasar y los criminaliza, para no comprometerse. Y, sobre todo, la situación de las comunidades de las que son expulsados.

Los que salen, ¿lo hacen porque no pueden vivir en sus países o por el sueño americano?

Al principio, era ligarse con los ricos; querían vivir un sueño mejor. Hoy, y desde hace cuatro años, huyen de la violencia, de la violencia institucional. Los hondureños están viviendo una revolución contra la imposición de un presidente que les impuso EE.UU.

Su postura es: vamos a EE.UU. a decirles lo que estamos viviendo por su culpa.

¿Ah, sí?

R.- Esa es al mentalidad de la mayoría.

En Europa, lo que se dice es que huyen de la violencia de las bandas...

Huyen de la violencia institucionalizada

¿De la violencia del poder?

Del poder económico y del poder político. Y ahí se refuerza la lucha por otro poder, el tercero, el tráfico de armas, de drogas, de personas, de migrantes, de órganos sobre todo.

El tráfico de órganos, para que nos entendamos, consiste en que a cualquiera de estas personas la cogen, la matan y le extirpan los órganos.

Y la entierran en fosas comunes. Por eso se habla de muchos desaparecidos, que están apareciendo en las fosas de algunos Estados.

Y los emigrantes saben todo esto y, sin embargo, salen igual.

Sí, porque si se quedan, los matan. Ya mataron al primo, mataron al hermano... Ya no quieren más muertes y, por eso, salen.

Entonces, la solución, si le entiendo bien, está en el propio país. En que intente cambiar a través de mecanismos políticos.

Sí. Y no es solamente a nivel local. Esto es global. Porque las mineras han fastidiado todo el continente, produciendo más pobres. Están quitando las tierras, el agua y la oportunidad de trabajar. Entonces...

Pero esto es transnacional. Y eso les da a los gobiernos dinero para que sigan facilitando esa entrega de tierras y de agua a las transnacionales. Y para comprar armas para reprimir a su propio pueblo, claro.

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¿La jerarquía de la Iglesia está gritando estas cosas al mundo? En Honduras, ¿qué están haciendo los obispos?

El clero de Honduras no está tan cercano a la gente. Los religiosos y religiosas, sí están cercanos. Pero el clero, como tal, no.

El clero diocesano.

Eso es.

Y los obispos, ¿podrían hacer algo, o sería predicar en el desierto?

Podrían hacer mucho. Yo creo que el papel profético de la jerarquía es, hoy día, de sus laicos. Los profetas son los laicos: las madres que salen con sus hijos de tres años, de dos años. Son los muchachos que salen con la esposa y con los hijos.

Estamos viviendo un profetismo juvenil de esposo y esposa jóvenes, con sus niños, que salen a gritar al mundo que tienen ganas de vivir, y que tienen ganas de ser tratados como personas humanas.

Y cuando la caravana llega al final, si es que llega, se topa con un muro, el muro de Trump.

Por la experiencia que tenemos nosotros de años acompañando migrantes, están pasando. Lo del muro es puro discurso.

O sea, que no conviene decirlo públicamente y que se sepa, pero sí están pasando.

Sí, porque los necesitan. Siempre han necesitado al migrante.

Como mano de obra barata.

Claro. Pero, políticamente lo del muro es el discurso que avala a Trump para mantenerse en el poder, y a su partido.

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Pero ¿están pasando en grandes cantidades?

Sí.

¿Y las primeras caravanas que vimos con miles de integrantes?

Esos no pasan, porque están legalmente con estatus de refugiados, avalados en los convenios internacionales. Son los que están atorados en la frontera.

Esos, han elegido la vía legal de refugiados.

Y esos son los que están atorados. Los demás, sí pasan.

¿Y por qué esos eligen esa vía y los otros, no?

Porque no quieren sufrir lo que siempre han sufrido al pasar ilegalmente: los riesgos de que los maten en la frontera, de morir ahogados o asfixiados en las camionetas.

O sea, que luchan por su dignidad como personas.

Y eso pueden hacerlo por su perfil de refugiados, aunque los gobiernos no están aceptando esos acuerdos internacionales.

Imagino que le duele en el alma esa situación, después de tantos años acompañando a estos grupos de emigrantes.

Yo tengo un antídoto contra eso: admirarlos. Porque, a pesar de todo, lo que escuchamos es de mucha profundidad. Ellos saben que son dignos y siguen adelante a pesar de lo que están sufriendo. Creen en ellos y creen que pueden hacer algo mejor por su familia.

Cuando los ven pasar por aquí, ¿la gente reacciona a su favor? Allí nos llega lo de las madres que dan comida a los que viajan en el tren “la bestia”...

El problema es que hay momentos en que sale la política a favor en el paso de los migrantes mexicanos y, de repente, los vuelven a apresar, a retornar, a hacer ilegales e indocumentados que van para atrás.

Querrían tener la esperanza de las caravanas de hace un año, porque se les trató bien, llegaron hasta la frontera. Y ahora no los dejan pasar.

No se entiende bien que con AMLO, que supuestamente protege a los pobres, tengan más dificultades estos pobres de los pobres.

AMLO tiene que jugar una doble moral: quedar bien con Trump y quedar bien con los migrantes. Pero, en el fondo... Sí dio muchos salvoconductos, más de 15.000 visas humanitarias, con las que pueden trabajar y pasar por México, pero no a los 60.000 que querían pasar.

El implicarse en la causa de esta gente, ¿le trae a usted problemas? ¿Ha sido amenazado de muerte?

En los gobiernos anteriores sí: amenazas de muerte, golpizas a nuestros sacristanes, a agentes de pastoral. Ahora, no; nos ganamos el respeto de la misma autoridad. Ahora colaboran, nos piden asesoría, tenemos reuniones con los gobiernos federales, estatales y municipales, para ayudar en el método de trabajo y de trato humanitario.

¿Y ese cambio se produjo con este gobierno de López Obrador?

Sí.

Un cambio significativo ¿no?

Sí.

A nivel eclesial ¿es usted un hombre incómodo, clericalmente hablando?

Los primeros treinta años de sacerdocio, sí. No podía entrar al seminario a dar pláticas. Luego, el nuevo arzobispo me pidió colaborar y acompañarlo en todas las visitas pastorales, a dar clases al seminario y asesorar a las diócesis.

Entonces, ¿monseñor Víctor Sánchez Espinosa le rehabilitó?

Sí. Al llegar, le dije: “Somos muy diferentes tú y yo, desde el seminario”. Y me contestó: “Y yo ¿para qué quiero uno igual? Quiero uno que sea diferente, y tú conoces todas las diócesis. Y, desde que te conozco, a pesar de tanto rechazo, sigues en la misma postura de darte a los pobres”.

De manera que en este momento tiene el beneplácito del arzobispo para seguir luchando en ese camino.

Y defenderme de la agresividad de los gobiernos.

¿Los compañeros le escuchan?

Ahora sí, ya.

¿”Ahora”, sí?

(Ríe) Ahora sí (antes no), porque ven el trabajo. Ven que uno sigue en la base. Uno sigue, a diario. Yo vivo con indígenas.

¿Vive con indígenas?

Sí, son indígenas universitarios. Y a diario, también, está abierto el albergue, por los migrantes. Y a diario llega gente necesitada. Y yo creo que ese es el valor. La tentación es el protagonismo.

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¿Siempre hay esa tentación?

Sí, esto de los focos de prensa es muy atrayente. Pero a mí me importa poco; necesito trabajar, necesito ser solidario. Y hay muchos jóvenes solidarios: voluntarios chavos, muchachos y muchachas.

¿Los obispos mexicanos son de Francisco?

Ya empezó la nueva generación. El secretario, Alfonso de Monterrey, que es el más comprometido con los migrantes, nos ha convocado a todos los albergues. Tras unos seis años de rechazo del episcopado, ahora, él mismo, apoyado en el presidente, ha aceptado. Cambiaron al encargado de inmigrantes, y actualmente está en absoluto apoyo.

¿A Samuel Ruiz le conoció?

Sí, compartí muchos años con él.

¿En Chiapas?

Sí, porque yo trabajé con comunidades y con la población de aquella zona.

¿Con los indígenas?

Sí. Y ahí coincidíamos. Fue algo valioso reconocer que los que yo capacité de catequistas son ahora la comandancia del EZLN.

¿La comandancia del EZLN?

Sí. A todos les conocí de catequistas.

¿Y al subcomandante Marcos?

Le conocí un mes antes de que se fuera a la montaña.

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¿Qué es de él ahora?

Está muy enfermo. Ya solo está en la memoria.

¿Pero ya se sabe quién es?

No.

Pero usted lo sabrá.

Hubo tres personas con el mismo personaje.

En Europa se llegó a decir que era un jesuita.

Había una confusión con el jesuita Jerónimo Hernández, de aquí, que estaba en la zona tzeltal. Maurez también es otro jesuita muy comprometido, pero no es el subcomandante. Su papel es la pastoral: acompañar.

¿La lucha dio algún fruto o fue en vano?

Para mí es la identidad de ser pueblo, de ser comunidad, de ser pobre en lucha, en humanización..., y creo que sigue siendo actual. Les he acompañado veinte años, y siguen. Muchos de los niños, ahora son los líderes. A mí me tocó apoyar con las escuelitas para alfabetizar, porque no las había en las comunidades. Después, ellos crecieron y enseñaron a otros. Y así fue la educación.

¿Hay curas indígenas o todavía no?

Hay 400 diáconos.

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Los que ordenó monseñor Samuel Ruiz

Y don Felipe.

Felipe Arizmendi

Y se siguen preparando. Yo creo que ya van a dar el paso de que les ordenen presbíteros casados.

¿Sí? ¿Usted cree que está cerca eso?

Ya lo están preparando.

¿Y va a ser pronto? Porque hablaban de hacer algo así en el Sínodo de la Amazonía.

Pero son los ya casados.

Los que están ya ordenados.

En las comunidades indígenas no entienden un soltero. La mentalidad indígena es validar el servicio hombre-mujer. No entienden un soltero/a como pastor, como guía, porque no tienen una responsabilidad familiar, y por eso sí respetan a los diáconos, porque sí tienen esa responsabilidad, tienen familia, tienen esposa. Yo creo que ya están capacitados, y esos diáconos van a ser el primer paso a presbíteros casados.

Eso sería un paso histórico: que haya curas célibes y curas casados en una misma diócesis...

Identidad. Es lo mismo que pasa en el Líbano con los maronitas. También fue una experiencia histórica.

¿A monseñor Vera, también le conoce? Me refiero al obispo de Saltillo.

Raúl. Sí, fuimos compañeros en la selva chiapaneca. Hizo su conversión en la montaña.

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Allí se convirtió y después lo pasó mal, porque Roma le castigó. ¿Ahora está rehabilitado?

Está en Saltillo, pero allá tampoco le fue tan bien. Es una sociedad muy dura y muy elitista. Le costó trabajo, sobre todo por defender a las prostitutas, a los gays y a los mineros. Tuvo un choque con el clero de Saltillo, había grupos de clérigos gays muy fuertes, que fueron los que se opusieron a toda su labor pastoral.

Pero, si él defiende a los gays, ¿por qué el clero gay se le opone?

Una cosa son los gays y otra cosa las orgías homosexuales del clero. Una cosa es identidad y otra cosa es el fornicio.

¿El papa Francisco, en su lucha, les ha dado alas? Con lo que dice y con lo que hace, ¿está ayudando a esa causa de la defensa de los pobres emigrantes?

Sí. Porque no es lo mismo hablarlo que vivirlo. Él la ha vivido las escalas, desde cardenal y obispo de Buenos Aires hasta ahora, como obispo de Roma. Se ha topado con lo más duro: la curia romana, la corrupción y ahorita los gay power clerical..., pues no ha habido nada fácil. Y que dentro de su equipo le salgan tres, igual tampoco lo es. Pero ha esbozado un ecumenismo con los judíos, con los musulmanes y con los protestantes de tener apertura, un solo corazón.

¿Y cree que le van a dejar terminar sus reformas?

La reforma no va a dar tiempo, es demasiado. Tantos años de corrupción no van a cambiar en un solo periodo. Pero ya está en proceso.

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O sea, que tiene que ser el sucesor el que siga el camino. ¿Y usted cree que no se va a dar marcha atrás y que se va a seguir ese camino?

Nosotros tenemos la experiencia: tras los pasos de Juan XXIII y de Pablo VI nos vino Juan Pablo II con el retroceso. Pero la Iglesia siguió. Puede haber un retroceso, pero ya hay mucha curia interncional. Sobre todo, la esperanza está en África y en Asia.

¿Más que en Latinoamérica?

Para mí, la sinodalidad en África y en Asia es más fuerte. En Latinoamérica hubo todo un cromosoma episcopal, y todavía tenemos esa duda de acomodancia.

¿El Sínodo de la Amazonía les toca a ustedes algo o no demasiado?

Desde la realidad de los pueblos indígenas, México tiene mucho en común. Y, sobre todo, del respeto a la Madre Tierra. Creo que es algo en lo que tenemos que participar. Por la defensa de la tierra y de la identidad de los pueblos, la sinodalidad del Amazonas va a tener eco.

¿En qué cree el padre Gustavo, tras tantos años de lucha por los empobrecidos?

Yo creo en dos puntos claves: el papel de los pobres, y de las mujeres pobres. Yo digo que las mujeres son las que llevan los movimientos populares y las que están transformando la Iglesia diocesana. Y digo las mujeres -no las religiosas- de las comunidades, con toda esa riqueza interior y esa fuerza.

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El Padre Gustavo en el seminario de Puebla

¿Y se le va reconocer en algún momento ese papel, dentro de la Iglesia, a la mujer?

Claro.

No hay más remedio.

No lo hay. Eso va, y va muy fuerte, porque son realmente las que están haciendo los clanes: las comunidades, los ranchitos, la catequesis, la liturgia, la pastoral social, la defensa de la tierra... Son las mujeres.

¿Y no se cansan de hacerlo todo?

Lo hacen día tras día. Es tremenda su dignidad de personas.

Muchas gracias por la entrevista y, sobre todo, por su vida entregada a los pobres.

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