Pepa Torres: “La Iglesia es uno de los grandes bastiones del patriarcado”

Pepa Torres denuncia la aparición de la ultraderecha en España y la 'bolsonarización' de la política. Reportaje de Jesús Bastante para Religión Digital.

“En una sociedad y en una Iglesia en la que, en algunos sectores, se nos sigue identificado con el pecado y el mal, a la vez que nos violenta y explota, hay que recordar que “la Iglesia la sostenemos las mujeres, pero estamos ínfimamente representadas”

Nos queremos “cristianas, feministas, libres y en resistencia”

“La Iglesia es uno de los grandes bastiones del patriarcado”, denunció la teóloga Pepa Torres, en un extraordinario pregón previo a la celebración del 8-M en la iglesia de San Antón. “El 8-M es una jornada reivindicativa y festiva, para reivindicar el derecho al pan y a las rosas”, lanzó Pepa. Pan, para tener de qué vivir, con justicia, equidad de género, derechos sociales, igualdad, vivienda, el fin de la violencia y la pobreza contra las mujeres; y también rosas, para “reivindicar por qué vivir”, por un pleno reconocimiento, participación, inclusión, sentido, belleza y espiritualidad.

“Está el mundo ardiendo, y no son tiempos de tratar con Dios negocios de poca importancia”, denunció la teóloga, quien afirmó que vivimos “un contexto de incertidumbre y fracaso político”, que se traduce en “la imposibilidad de acuerdos ante los Presupuestos Generales del Estado, la convocatoria de nuevas elecciones y la aparición de la ultraderecha en nuestro país”.

Trumpismo y bolsonarización de la sociedad machista

Así, la teóloga habló del “trumpismo y la bolsonarización de nuestras sociedades”, con “políticas duras, racistas, sexistas, machistas”. “Frente al 'Nosotros primeros', la lucha de las mujeres anteponemos en 'Nosotras, Diversas y Juntas'”.

En este contexto de injusticia, pero también de conciencia ciudadana, la religiosa (porque sí, porque Pepa es monja, y presume de serlo) exigió “no cansarnos de reivindicar justicia, reparación, medidas legales, políticas, sociales... que pongan el fin a la feminización de la pobreza, a la violencia contra las mujeres y a los femincidios en el mundo”.

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“Seguiremos exigiendo justicia frente a la impunidad, por la muerte de mujeres como Berta Cáceres, asesinada en Honduras, o como Mariel Franco, militante lGTB en las favelas brasileras, asesinada el año pasado”, o también tantas mujeres violadas o asesinadas por la violencia sexual en lo que va de año. “Este es un grito global”, lanzó Pepa Torres.

“Sin nosotras no se mueve el mundo”, subrayó, también en la Iglesia. Porque “este 8-M es un grito por la violencia contra las mujeres y contra la explotación de mujeres en la propia Iglesia”, como ha denunciado la Unión de Superioras Generales. “En una sociedad y en una Iglesia en la que, en algunos sectores, se nos sigue identificado con el pecado y el mal, a la vez que nos violenta y explota, hay que recordar que “la Iglesia la sostenemos las mujeres, pero estamos ínfimamente representadas”.

La Iglesia necesita ser liberada del machismo

La Iglesia necesita ser liberada del machismo, uno de los grandes bastiones del patriarcado, en el lenguaje, los símbolos, el acceso a los ministerios...” denunció la teóloga. “Una Iglesia que frecuentemente olvida, al interior de sí misma, la práctica liberadora de Jesús con las mujeres, y la comunidad de iguales”.

Porque, en la sociedad, y también en la Iglesia, “seguimos luchando contra la ablación de la memoria”. La misma que llevó a “demonizar la figura de María Magdalena, identificada históricamente como prostituta sin que ningún historiador pudiera demostrarlo”, para “invisibilizarla e intentar borrar de la memoria colectiva su liderazgo en la primera Iglesia como apóstol de los apóstoles”.

Y es que la historia de las mujeres en la Iglesia “es una historia de dominación, pero también de liberación”, de mujeres que “movidas por el espíritu de libertad, han abierto grietas en el muro del patriarcado, ampliando perspectivas y estilos de vida para mujeres y también para hombres”.

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“Jesús no fue machista”

“Los 'síes' del cristianismo no son de acatamiento. La fe es crítica, nos mueve a construir la utopía del Reino de Dios, también para las mujeres”, subrayó Pepa, que insistió en que “ni Jesús fue machista, ni su salvación fue de este orden”. Un Jesús que “se acerca con respeto, y son ellas las que van facilitando la acción liberadora de Dios en nuestras vidas”.

“Jesús salva, pero no lo hace imponiendo, sino contando con las mujeres, y exponiéndose a su libertad. Respeta sus 'síes' y sus 'noes', su relación no es de superioridad”, aclaró la teóloga. Más aún: “Las mujeres ayudan a Jesús a romper los moldes patriarcales del Judaísmo. Podríamos decir que Jesús sería hoy un modelo de masculinidad alternativa”.

“Somos muchas las mujeres, y algunos hombres, que como creyentes estamos comprometidas con los movimientos de liberación de las mujeres, convencidas de que los feminismos no son un movimiento de reivindicación contra los hombres, sino para poner fin al pensamiento y la práctica sexista, con indiferencia de que quienes lo perpetúen sean mujeres u hombres”.

Libres, cristianas, feministas y en resistencia

Nos queremos “cristianas, feministas, libres y en resistencia”, conscientes de que “la gloria de Dios es que las mujeres vivamos, y que lo hagamos en abundancia”, concluyó Pepa Torres, quien reivindicó a las “mujeres apóstoles”, desde María o María Magdalena, que también hoy hacen posible la igualdad. “¡Que vivan las luchas de las mujeres, el 8-M y la iglesia de san Antón que se suma a nuestras luchas!”, finalizó Pepa Torres.

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