•   José Fco. Yuraszeck Krebs S.J. - Hogar de Cristo

  •   Educación

  •   Chile

  •   Abril 02 de 2019

Propuesta de Escuela de Reingreso para jóvenes expulsados del sistema escolar.

La Fundación Súmate del Hogar de Cristo de Chile, presentó hace algunas semanas los resultados de un estudio de su línea de investigación “Del Dicho al Derecho”, esta vez con el propósito de dar a conocer un Modelo de Calidad para Escuelas de Reingreso.

Tomando en cuenta el contexto nacional – en el que se asegura cobertura total de educación – resalta el dato de que hay cientos de miles de niños, niñas y jóvenes que no asisten regularmente a la escuela. La investigación se basa en la experiencia de más de 25 años de la Fundación Súmate, en los que ha desarrollado tanto escuelas como aulas de reingreso. Considera además la evidencia internacional y las mejores prácticas en programas de similares características.

Se prefiere hablar de expulsión del sistema escolar, más que del concepto de deserción, pues es realmente el sistema tal como está concebido que los expulsa. En la investigación se presentan 94 recomendaciones, consensuadas por expertos en la materia. Además se hace el esfuerzo de cuantificar los costos de implementar una iniciativa de este tipo, considerando diversas modalidades.

En un seminario realizado el miércoles 13 de marzo, se presentaron los resultados de esta investigación. Concurrieron autoridades del Ministerio de Educación y de la UNICEF, académicos y profesores de diversas universidades, y profesores y colaboradores de diversas fundaciones. El estudio fue presentado por Liliana Cortés, trabajadora social y directora ejecutiva de Súmate, y luego comentado por Ricardo Espinoza, investigador de la OCDE.


Seminario “Del dicho al derecho”: Chile necesita al menos una escuela de reingreso por región

Con un lleno total de público y una alta cobertura periodística se desarrolló el seminario “Del Dicho al Derecho: Modelo de Calidad de Escuelas de Reingreso para Chile”, organizado por Hogar de Cristo. Más allá de la polémica que despertó la cifra de los niños, adolescentes y jóvenes que no están estudiando, todos conconrdaron en que lo que importa es el modelo de escuelas de reingreso que esa niñez y juventud excluida necesita.

Por Comunicaciones Hogar de Cristo

Han sido los grandes olvidados de la sociedad: los miles de niños, adolescentes y jóvenes que cada año son excluidos de las escuelas y colegios debido a múltiples problemas que les aquejan y que están marcados por el entorno social en que viven, de pobreza y alta vulnerabilidad.

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En el seminario “Del Dicho al Derecho: Modelo de Calidad de Escuelas de Reingreso para Chile”, organizado por Hogar de Cristo, se hizo el lanzamiento del libro del mismo nombre basado en una exhaustiva investigación que incluyó la revisión de experiencias internacionales en materia de reinserción escolar, así como un diagnóstico de la situación nacional, utilizando metodologías cuantitativas y cualitativas. Además, propone más de 90 recomendaciones de política pública, validadas por expertos nacionales e internacionales.

En el encuentro expusieron el subsecretario de Educación, Raúl Figueroa; el experto de la OCDE, Ricardo Espinoza; Liliana Cortés, directora de Súmate del Hogar de Cristo; y Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo, quien fue el primero en hacer uso de la palabra y se refirió a la polémica que despertó la cifra que arrojó el estudio: la de 358.946 niños y jóvenes entre 6 y 21 años de edad que se encuentran fuera del sistema educativo sin haber finalizado la educación obligatoria, y que los investigadores del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile están revisando dado los cuestionamientos hechos por el ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno.

“Es urgente que nos apliquemos en la solución y no en esta discusión por las cifras. Es una gran noticia el oficio enviado por la ministra de Educación al Consejo Nacional de Educación Superior pidiendo aprobar y crear juntos una nueva modalidad educativa: las escuelas de reingreso”, señaló Juan Cristóbal Romero.

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Lo mismo hizo la propia ministra de Educación, Marcela Cubillos, quien previamente quiso dejar atrás la polémica señalando que “más allá de una cifra u otra, cualquier cifra nos parece de gravedad extrema”.

Escuelas de Reingreso: tener cuarto medio no es suficiente

Desde el año 2012, Súmate del Hogar de Cristo se ha hecho cargo de este tema país. No existe una política pública ni un presupuesto estable para el modelo de las escuelas de reingreso. Raúl Figueroa, subsecretario de Educación, reconoció en su exposición que se trata de un número importantísimo de excluidos y que el primer paso para darles respuesta es la creación de una nueva modalidad educativa.

“La experiencia que tenemos son escuelas acotadas que tienen que echarle la mano a políticas diseñadas con otro propósito, como es la educación de adultos, que es el paraguas que hoy día cobija a estas escuelas. Pero lo cierto es que la educación de adultos no está pensada para los niños que están en edad escolar sino para los adultos que no alcanzaron a estudiar, y lo que vemos es que de los 140.000 inscritos en este sistema, el 58% son niños y jóvenes en edad escolar”.

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Liliana Cortés, directora de Súmate, fundación del Hogar de Cristo que trabaja en reinserción escolar desde hace 25 años, y que tiene a su cargo las 5 escuelas de reingreso -4 en Santiago y una en Lota, Región del Biobío-, además de una extensa oferta programática territorial en las regiones Metropolitana, Biobío, Valparaíso, Coquimbo y Antofagasta, señaló:

“Estamos en deuda para avanzar en una política efectiva que logre vencer lo que mal se ha llamado como deserción escolar, porque en realidad ha sido la sociedad la que los excluye por estar en situación de pobreza, vulnerabilidad y tener distintos ritmos de aprendizaje que el promedio de estudiantes. El tema no pasa por tener el certificado de cuarto medio, eso no es suficiente. Lo importante es reparar el daño causado a estos niños, niñas, adolescentes y jóvenes para que puedan continuar adelante”.

Las escuelas tienen que estar territorialmente insertas donde ellos viven. “Tenemos experiencias diarias de chicos de Santiago que no conocen el Metro, que nunca han salido de su barrio o población”. Y no solamente eso, también se necesita tiempo para crear vínculos: “Trabajamos con menores que desconfían de todos los adultos que los rodean, por lo que debemos evitar la rotación de profesores y contar con docentes muy especializados y con enorme vocación”.

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Finalmente, tras dar a conocer los tres modelos de escuelas de reingreso que aplica la fundación que considera acompañamiento especializado, aprendizaje flexible, aprendizaje personalizado, óptimas condiciones de trabajo del equipo, apoyo a profesionales, acompañamiento al egreso, buen ambiente e infraestructura y apertura a la comunidad, Liliana Cortés se refirió a los costos asociados y preguntó: “Estas cifras se pagan en los colegios de élite de nuestro país, ¿por qué no pueden asignarse a los niños que más lo necesitan?”.

Ricardo Espinoza, analista experto de la OCDE en educación, corroboró lo dicho manifestando en su exposición que la experiencia internacional demuestra que el modelo de reinserción educativa efectivamente es más caro, pero que a largo plazo vale la pena: “Esta población educativa necesita un apoyo distinto al tradicional. La exclusión no ocurre de un momento a otro, se deben identificar los riesgos antes que ocurran. El profesor es vital en la detección”, agregó.

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El seminario concluyó con los comentarios de un panel de expertos integrado por Soledad Cortés, Oficial de Educación de Unicef Chile; Patricio Rodríguez, Encargado de la Unidad de Transferencia de Conocimiento al Sistema Educacional del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile y Alejandro Carrasco, investigador principal del Centro de Justicia Educacional UC y Director del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación.

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Palabras finales

–Conclusiones del libro “Del Dicho al Derecho. Modelo de calidad de escuelas de reingreso para Chile”

La educación es clave para el desarrollo de las personas, las familias, las comunidades y los países. Como tal, corresponde a uno de los pilares fundamentales del desarrollo humano, siendo proceso esencial para alcanzar el bienestar del individuo y el desarrollo social en áreas como la economía, la política, la ciencia, entre otros (OCDE, 2015d). En este sentido, los años de escolaridad se han conformado como un estándar universal para evaluar el desarrollo de las sociedades y la ampliación de esta en toda la población en una meta del bienestar por todos los múltiples efectos que conlleva. El impacto del aumento de los años de escolaridad es significativo: si todos los adultos cursasen la enseñanza secundaria completa, en una generación se podría reducir en más de la mitad la pobreza en el mundo (UNESCO, 2017).

En relación a lo anterior, como efecto contrario, la desescolarización genera altos costos individuales y sociales, los cuales, indefectiblemente afectan al desarrollo e implican una vulneración progresiva de los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos. Las personas que no terminan su proceso educativo tendrían una serie de desventajas a lo largo de su vida, como por ejemplo trayectorias laborales más precarias y menores salarios, lo que a nivel social se traduce en menores beneficios intergeneracionales, mayor gasto social en salud, caídas en el crecimiento económico, menor cohesión social y menor participación en actividades cívicas y políticas (CPCE-UDP, 2016; Dussaillant, 2017; Espíndola & León, 2002; Larrañaga, Cabezas, & Dussaillant, 2014; OCDE, 2012).

Por lo anterior, es necesario hacer todo lo posible para recuperar años de escolaridad perdidos. Esto debe ser un asunto de política pública urgente y, como tal, debe propender a lograr soluciones en el corto plazo. Para esto se requiere un sistema educativo más flexible y diverso, que pueda adaptarse a todas las diferentes necesidades de los niños y jóvenes, con una institucionalidad que incluya y se adapte a la diversidad. Tal como actualmente la oferta se ha modificado para incorporar necesidades específicas de aprendizaje, de orientaciones artísticas o discapacidad, se debe considerar también a los niños y jóvenes que han estado fuera del sistema educativo. Para esto, el sistema educativo en general, y las escuelas tradicionales debieran hacer todos los cambios y esfuerzos necesarios para que ningún estudiante sea excluido del sistema escolar. Sin embargo, incluso en sistemas escolares más exitosos en materias de retención y graduación, la desescolarización continúa siendo un fenómeno incidente. En estos casos, las escuelas de reingreso muestran ser una buena opción para asegurar la recuperación de los años de escolaridad y lograr la reincorporación de los niños y jóvenes en el sistema escolar.

Este estudio muestra que los modelos propuestos pueden ser replicables a la realidad nacional y escalables en un proceso gradual. Junto con esto, si se avanza en otras políticas públicas de infancia y educación, en el tiempo estas escuelas deberían reducir su alcance y el tipo de servicios que debieran entregar. En efecto, si las políticas de reinserción se enmarcan y complementan con políticas generales de mejora en la calidad e inclusión del sistema escolar, con una flexibilización de su oferta, que incluyan prácticas de prevención y retención; la población objetivo de las escuelas de reingreso se acotarán cada vez más en el largo plazo. Por otro lado, si se considera la implementación integral de políticas de protección a la infancia, muchas de las prestaciones que incluyen los modelos presentados serán entregados por otras instituciones (como por ejemplo, apoyo psicosocial, apoyo socioeconómico y servicios comunitarios).

Si bien los modelos elaborados y presentados en este estudio implican un aumento del presupuesto necesario para cubrir las recomendaciones de calidad propuestas, en el mediano y largo plazo los beneficios de este proyecto pueden cuantificarse en términos de rentabilidad social, donde dicha inversión supera con creces las diversas alternativas que se han ensayado para dar cuenta de las relaciones de costo beneficio en educación, ya sean estas en términos individuales (mayor participación laboral, mayores ingresos, mejor salud, menores conductas de riesgo) como en términos colectivos (mayor productividad y crecimiento económico, disminución de la desigualdad, aumento de la cohesión social) (OCDE, 2012; De Hoyos et al., 2016).

En definitiva, restituir el derecho a la educación es un imperativo ético y una apuesta por una sociedad con mayor justicia, mayor desarrollo y mayores niveles de bienestar.

El libro completo se puede descargar en este enlace.

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