Recordando a los mártires jesuitas en El Salvador

Compartimos este texto del jesuita checo Michael Czerny, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA en los años 90, publicado en el nuevo sitio web Jesuits Global.

El 16 de noviembre de 1989, seis sacerdotes jesuitas, su ama de llaves y su hija fueron asesinados en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA) en San Salvador, por orden del Alto Mando del país. El P. Michael Czerny S.J. fue uno de los que asumió la misión de sus compañeros asesinados. Esta es su reflexión, dirigida principalmente a los compañeros jesuitas, para compartir hoy con los amigos recordando a Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Juan Ramón Moreno, Amando López, Segundo Montes, Joaquín López y López, Elba Julia Ramos y Celina Ramos.

Según el Papa Francisco, el Arzobispo Oscar Romero, víctima anterior (26 de marzo de 1980) de los asesinos, “renunció a la seguridad mundana e incluso a su seguridad personal, para dedicar su vida según el Evangelio, “magnetizada por Jesús”, cercana a los pobres y a su pueblo, con un corazón atraído por Jesús y sus hermanos y hermanas”. La ocasión fue la Santa Misa del domingo 14 de octubre de 2018 en la que se canonizó a Romero, al Papa Pablo VI y a otros cinco, y que tuve la alegría de concelebrar. Esta alegre canonización enmarca perfectamente nuestra celebración de hoy del 29º aniversario del martirio de nuestros seis compañeros jesuitas y sus dos colaboradores.

El martirio de Monseñor Romero tuvo un gran impacto en nuestros hermanos, los futuros mártires; los inspiró profundamente. (...) Esta cercanía de San Oscar Romero a nuestros mártires se hizo más evidente cuando en 1985 la UCA le otorgó póstumamente el Doctorado Honoris Causa en Teología, bajo el rectorado de Ignacio Ellacuría, otro de los mártires que hoy honramos. (…)

Llegué a la UCA a principios de 1990, poco después del asesinato de nuestros compañeros. En marzo marchábamos para conmemorar el décimo aniversario del asesinato del arzobispo Romero, y en un cartel aquí y allá se podía leer “Queremos obispos como Monseñor Romero”. Este deseo ha sido reivindicado, esta profecía cumplida, en la canonización del mes pasado.

Dos semanas después de la canonización, en una misa solemne de acción de gracias, el cardenal Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, destacó el carácter universal de la santidad y el martirio de Monseñor Romero, y en otro sentido de lo “universal”, afirmó que este santo es el santo de los que lo amaron, pero también de los que lo odiaban.

En la misma ocasión, el arzobispo de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas, hizo muy bien en disculparse públicamente en nombre de aquella parte de la Iglesia Católica de su país que maltrataba, abandonaba y difamaba a Monseñor Romero. También reconoció y agradeció a quienes siempre estuvieron junto a Monseñor Romero, refiriéndose explícitamente (...) a la Compañía de Jesús -representada por nuestros compañeros mártires de la UCA que hoy celebramos.

Demos gracias a Dios por la cercanía de San Romero de las Américas con nuestros mártires de la UCA, a quienes él inspiró. Pidamos la misma “magnetización” de Jesús y la misma cercanía a los pobres.  

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