Rol del presidente Duque en la crisis de democracia en Venezuela

Análisis del jesuita colombiano John Jairo Montoya, investigador del CINEP/PPP.

Para ponernos a tono con la pregunta formulada a este Seminario nos preguntamos por el interés de Duque en influir en un cambio de rumbo en Venezuela, lo que implica la salida de Maduro, la transición a la democracia y la celebración de elecciones libres. Para entender la postura de Duque es necesario tener en cuenta los siguientes elementos.

1. Gobierno con poca capacidad de maniobra y baja popularidad

Colombia es un país en exceso presidencialista, con una figura presidencial fuerte diseñada para intervenir directa o indirectamente en la mayoría de los ámbitos de decisión política del Estado. Duque presidente no tiene un caudal político propio, pues fue ungido por su mentor, el fundador del Centro Democrático. Sin una mayoría clara en el Congreso de la República, el presidente actúa en “cuerpo ajeno” y no ha podido sacar adelante iniciativas propias de su agenda política justamente por su precario recorrido político, la división al interior de su propio partido y su tendencia tecnocrática y menos política. Atado al mástil férreo de su jefe el ex presidente Uribe y con poca experiencia en el manejo de los innumerables conflictos sociales de una sociedad en ebullición como la colombiana, el joven presidente Duque, a finales de 2018 y comienzos de 2019, parecía sucumbir en la enmarañada trama de la real politik y la oscilante opinión pública colombiana. Así las cosas, tanto la bomba en la Escuela General Santander como la situación de Venezuela fueron la mejor ocasión para que el presidente Duque mostrara “mano dura” (el modelo presidencial preferido de los colombianos) con la izquierda doméstica en armas (ELN) y la izquierda venezolana en el poder.

Lo anterior se ve reflejado en las encuestas sobre el índice de aceptación del presidente. En efecto, en noviembre de 2018, a tres meses de la posesión del presidente Duque, su índice de popularidad era del 27,2%, el más bajo de los presidentes de Colombia en los últimos 30 años. De repente, en el mes de enero, su favorabilidad aumentó después de que el presidente rompiera diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una vez éstos aceptaron la autoría del carro bomba en la Escuela General Santander, y endureciera su ataque al gobierno del presidente Maduro reconociendo a Guaidó como presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela1. Tratándose del respaldo al presidente Duque en el manejo que le ha dado a la situación de Venezuela, el índice de aprobación es del 59,2%, mientras que el 82% está de acuerdo en que el gobierno colombiano haya coordinado la ayuda humanitaria en la frontera con Venezuela2. Esto muestra, de cierta manera, el miedo de los colombianos a la “venezolanización” de Colombia; miedo que se utilizó ampliamente en la campaña de Duque a la presidencia y que pudo influir en que los ciudadanos dieran su voto a éste candidato y no a Petro, su contrincante de izquierda, ideológicamente cercano al gobierno de Maduro. 3

2. De dónde viene

El presidente proviene de un sector de la derecha colombiana que tiene un modelo bien definido de Estado que nos regresa al Estado liberal decimonónico: reducido, policíaco, y al servicio de un mercado en expansión. Estas características encuentran su canal de expresión en un empresariado fuerte que tiene representatividad y, por lo tanto, un impacto importante en las decisiones gobierno. De hecho, el Estado es concebido, según los estatutos del Centro Democrático, partido político que fundó Álvaro Uribe, como “comunitario”, es decir, un Estado austero, en diálogo con las comunidades, descentralizado y basado en tres pilares fundamentales: seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. El Estado Comunitario tiene un objetivo: que los recursos del Estado sirvan al interés de la comunidad; y tiene un medio: que la comunidad participe en las decisiones del Estado. Pero al momento de la definición de políticas públicas, el Centro Democrático es completamente reacio al cumplimiento al objetivo y medio del Estado Comunitario. En términos ideológicos, Duque proviene de un sector político que siempre ha visto con buenos ojos la caída del régimen chavista. Basta recordar el respaldo de Andrés Pastrana (hoy en el gobierno a través de la vice- presidenta Martha Lucía Ramírez) al fallido golpe del 11 de abril de 2002. En varias ocasiones el jefe de Duque, Uribe, ha solicitado al estamento militar venezolano, la “recuperación” de la democracia.

3. Factor económico

En los últimos años Colombia pasó de ser el tercer socio comercial de Venezuela, a tener un comercio irregular no solo por la puesta en marcha de una especie de embargo y bloqueo económico del gobierno venezolano a los empresarios colombianos, sino por la activación de una especie de comercio ilegal en la frontera colombo-venezolana. En consecuencia, el mercado binacional que otrora fue activo, ha sufrido un bajón en detrimento de las ciudades fronterizas.

De hecho, entre 2014 y 2017, la exportación de productos venezolanos pasó de 440 millones de dólares a 220 millones de dólares. Y las importaciones de productos colombianos a Venezuela pasaron de 1.987 millones de dólares a 319 millones de dólares. Sin duda, Colombia tiene interés en reactivar las relaciones comerciales con Venezuela, posibilidad no factible mientras el régimen de Maduro esté en el poder.

4. Corredor fronterizo aprovechado por la insurgencia

Los cerca de 2.000 km de frontera de Colombia con Venezuela han hecho de ésta un sitio poroso por donde transitan grupos ilegales y se manejan negocios provenientes de economías ilegales. Un cambio de gobierno en Venezuela, sobre todo si es un gobierno de oposición, pondría en cintura grupos armados que se refugian en Venezuela evadiendo la justicia colombiana y la persecución militar.

5. El controvertido rol internacional de Duque

La representante del Grupo de Lima, la señora Astete, decía en su ponencia en una de las sesiones del Seminario que las acciones de su país (Perú) estaban en consonancia con lo decidido por el Grupo de Lima. En efecto, en la declaración final de la reunión en Bogotá el 25 de febrero de 2019, este grupo de diplomáticos abogó por una transición democrática de Venezuela promovida por las instituciones y la sociedad civil venezolana sin intervención extranjera. Si bien esta declaración fue suscrita por el gobierno colombiano, causó desazón entre los diplomáticos, que el gobierno del presidente Duque hubiese invitado a esta reunión al vice-presidente de los Estados Unidos Mike Pence, y también declarado que en aras de devolver la democracia a Venezuela todas las opciones serían posibles. Esta postura es inconsistente con la preferencia de Colombia por los mecanismos diplomáticos y pacíficos a los conflictos de los países. En este sentido, Colombia promovió la activación de la Carta Democrática de la OEA como medio diplomático de presión; e igualmente ha sido claramente contrario a la promoción de la solución militar extranjera como mecanismo de solución a las crisis de gobiernos latinoamericanos.

El reconocimiento del Guaidó como presidente interino de Venezuela por parte del presidente Duque, en alianza con el presidente Trump y algunos presidentes latinoamericanos y el grupo de Lima, fue bastante lejos, en tanto y cuanto Duque se alineó, en principio, con posiciones más radicales como la de Trump y Guaidó de contemplar la opción militar como posibilidad para recuperar la democracia en Venezuela. La postura de Duque, quien hizo de la crisis humanitaria un show mediático para presionar el cambio de régimen en un contexto de amenaza de intervención militar, lo dejó en medio de una tenaza de la que se ha tenido que desmarcar gradualmente aprovechando la clara posición del Grupo de Lima de descartar la posibilidad de intervención militar. Posibilidad que, dicho sea de paso, dejaría a Colombia en la posición más vulnerable por cercanía territorial con Venezuela y que, por ser la sede de siete bases militares de Estados Unidos, se convertiría prácticamente en la plataforma de tal intervención.

En conclusión, antes del 23 de febrero al presidente Duque se le veía más agresivo en el lenguaje y más dispuesto a poner el territorio colombiano al servicio de una posible intervención de los Estados Unidos. Esta postura obedece, en parte, a razones de política interna que le han ayudado a subir su índice de popularidad mostrando “mano dura” con el gobierno venezolano. En los últimos días, sobre todo después de la declaración del Grupo de Lima que rechazó de plano una intervención militar, Duque se ha visto obligado a desmarcarse de las posiciones más radicales que claman intervención militar en Venezuela y a apoyar, con más decisión, un proyecto de transición hacia la democracia que incluya elecciones transparentes y libres, tal como lo proponen la mayoría de los países latinoamericanos y Europa.

Notas

  1. Según encuesta de la Revista Semana, la imagen favorable del presidente Duque pasó del 27,2% al 42,7% en el mes de enero, es decir, subió 15 puntos. Ver: “Duque Repunta”. Revista Semana (17-24/02/2019). Edición no 1920, p. 24.
  2.  Ibídem, pág. 27
  3. Ibídem. A la afirmación “Colombia en un futuro puede estar en la misma situación en la que está Venezuela en este momento”, el 51% de los encuestados contestó SÍ. El índice de popularidad de Maduro en Colombia es del 2%.

Fuente

  • Maritza Barrios y Marcelinio Visbal (Ed.). (2019). Búsqueda de Alternativas Políticas a la Crisis de Venezuela. Seminario Internacional. Caracas, Venezuela: Publicaciones UCAB (2019)
  • Fotografía: Flickr - The White House. Licencia Creative Commons.

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