“Será la Tierra quien derrotará al capital”. Entrevista con Leonardo Boff

Este es el análisis del teólogo, escritor y profesor Leonardo Boff sobre el futuro de la “Casa común”, término acuñado por el Papa Francisco para referirse al mundo en el que vivimos.

La humanidad no será capaz de derrotar al capital, pero ya comienza a organizar nuevos modelos de sociedad que pueden evitar el fin del planeta. Este es el análisis del teólogo, escritor y profesor Leonardo Boff sobre el futuro de la “Casa común”, término acuñado por el Papa Francisco para referirse al mundo en el que vivimos.

“Pienso que no lograremos derrotar al capital con nuestros propios medios. Será la Tierra quien derrotará al capital, negando medios de producción como agua y bienes de servicio, haciendo que cierren sus fábricas y se acaben los grandes e ilusorios proyectos de crecimiento.” prevé.

En una entrevista exclusiva para Brasil de Fato y Jornalistas durante la 15 jornada de agroecología, Boff también se muestra optimista al identificar nuevos modelos de organización que tienen como objetivo central la subsistencia y el cuidado de la naturaleza, como son los ensayos de biorregionalismo.

“Hay más de 1010 lugares en dónde se intenta vivir de manera sostenible, superando los límites artificiales que los seres humanos establecieron, como los municipios y regiones geográficas”, explica.

El teólogo también comenta el escenario político que antecede la votación del impeachment en el senado. “Si Dilma tiene que salir, ya puedo imaginar que este país se va a paralizar, porque Temer es un presidente que no tiene legitimidad, que es rehén de sí mismo y que no puede salir a las calles sin ser abucheado”, añade.

La entrevista es de Camilla Hoshino y Camila Rodrigues da Silva, publicada por el diario Brasil de Fato

A continuación, la entrevista.

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Fotografía: Leandro Taques / Jornalistas Livres.

Casa Común y agroecología

Hay dos categorías básicas sin las cuales no garantizamos el futuro de una nueva civilización. La primera es la sostenibilidad, que garantiza la manutención de los seres y su reproducción para nosotros y para las futuras generaciones.

Sin embargo, la sostenibilidad por sí misma no tiene la fuerza intrínseca para realizarse. Necesita cuidado y éste constituye una relación contraria a la agresión de la modernidad, que es violenta, que destruye, que agota los ecosistemas.

Por lo tanto, el cuidado no es solo un gesto, sino un paradigma. Es decir, un conjunto de valores, de ciclos, de actitudes que tengan como efecto la protección y la manutención de aquello que existe y que vive. La categoría cuidado tiene una función de pilastra que sostiene un nuevo ensayo civilizatorio.

Es importante el título que el Papa dio a la encíclica “Cuidado de la casa Común”. Si nosotros no cuidamos nuestra casa, ésta se vuelve un rancho y nadie puede vivir en un rancho. Ésta va perdiendo la llamada biocapacidad, que es su capacidad de producir vida y esto puede amenazar el futuro de la especie humana y de la vida en la naturaleza.

Llegamos a un punto en el que es fundamental que cuidemos todo y nos responsabilicemos por los seres que están ahí, porque la biodiversidad, que es la relación de todos con todos, crea aquel tejido que nos sostiene a todos y saca el proceso adelante.

La agroecología entendió que se debe producir según los ritmos y la lógica de la naturaleza, no según la lógica de la producción, o sea, la sobreexplotación. Es necesario tomar de ella lo que necesitamos, pero también darle tiempo para que pueda autoreproducirse y seguir dándonos tanto a nosotros como a la comunidad de vida.

No es suficiente producir elementos buenos para la salud humana, la agroecología implica una nueva relación con la naturaleza. Es una relación de respeto y de cooperación. Nosotros estamos sobre ella no con puño cerrado como quien domina, sino con las manos extendidas de quien acaricia.
Biorregionalismo, otro modelo de relación con la Tierra

Hoy hay por lo menos 1010 intentos de biorregionalismo que traen un desarrollo adecuado para una biorregión, un territorio. Se aprovechan los medios, bienes y servicios que la naturaleza da, produciendo de forma colectiva pequeñas empresas absolutamente orgánicas, conociendo la tradición de aquel territorio, conociendo cómo fueron hechas sus montañas, cómo son sus ríos.

Esas experiencias comenzaron en Escocia y fueron extendiéndose por el mundo. Hoy en día hay muchas comunidades en la India, en Minas Gerais, en Brasil. No sabría decir los países, pero sí los números. Hay más de 1010 lugares en donde se intenta vivir de forma sostenible, superando los límites artificiales que los seres humanos establecieron, es decir municipios y regiones geográficas. Dentro de esos espacios se busca aprovechar recursos de forma más racional. Es una economía de subsistencia y no de acumulación.

Se entiende que es necesario mejorar los bosques ciliares para que las aguas sigan siendo abundantes; incentivar las pequeñas empresas para no tener que transportar mercancía desde otros mercados, gastando petróleo y contaminando más; integrar a las personas; conocer la historia de la región, la culinaria, las personas notables que ahí vivieron, sus poetas, sus artistas, sus cantantes. Es la “Casa Común” en sí misma. Y no ver la Tierra sólo como un modo de producción, que es lo que hace el capitalismo desde una visión meramente instrumental.

Viajando percibo que hay una nueva conciencia que está surgiendo. Y si partimos de la interpretación de que la Tierra es un organismo vivo, que tiene vida sobre ella, que hay un propósito, ella misma suscitará nuevos imaginarios, nuevas utopías, nuevas maneras de producir y de construir casas, de utilizar bienes y servicios de modo que se reduzca la pobreza a términos responsables y soportables.

Éstas biorregiones necesitan abrirse a otras comunidades porque hay cosas que no logran mantener, como por ejemplo luz e internet. Con todo, eso es lo que nos da esperanza. El ser humano está tomando conciencia del riesgo que corre, sin embargo puede encontrar salidas salvadoras con tecnología e inteligencia.
Cambios políticos y culturales.

Tenemos un gran problema porque, teóricamente, nosotros desmontamos el sistema del capital. Sabemos que este comete dos injusticias. Por un lado, acumula mucha riqueza en pocas manos, mientras existe una inmensa pobreza. Esa es la injusticia social.

Comete una injusticia ecológica devastando ecosistemas enteros, produciendo verdaderos desiertos, especialmente con la minería. El capitalismo es un sistema bueno para producir riqueza, pero pésimo para producir igualdad y justicia.

Sin embargo, nosotros todavía somos víctimas de la cultura del capital que es su gran fuerza, aquella que nos obliga a cambiar de tiempo en tiempo el celular, los tenis, seguir la moda, comprar sus productos que están en abundancia. Entonces nos hace consumistas. Cambiar eso exige educación y pensamiento. Estamos bastante atrasados.

A partir de los últimos datos que la ONU publicó, sabemos que necesitamos 24 elementos que son fundamentales para sostener la vida: el agua, el suelo, el clima, las fibras, los metales fundamentales para construir instrumentos, entre otras cosas. De esos 24, 15 están en alto grado de erosión. Dos de estos elementos pueden significar el colapso de nuestra civilización: la falta de agua y el calentamiento global. La acción conjunta de los dos puede producir un desastre mundial con el hambre de millones de personas que no van a aceptar el veredicto de muerte sobre ellas. Puede ser una catástrofe mundial.

La irracionalidad del capital

El sistema del capital se da cuenta de que no logra reproducirse. Sólo hace más de lo mismo. Ya lo decía Marx. Cuando el capital se agota porque depende de los bienes que puede explotar, va a explotar el dinero. Hoy el capital se utiliza desde la especulación. Son 60 trillones los que están en producción, produciendo carros, neveras y zapatos, mientras que hay 300 trillones están en la bolsa, en la especulación, en el dinero virtual que no existe, pero que las personas cambian y negocian. El gran propósito histórico de ese sistema es acumular lo máximo posible.

Pienso que no lograremos derrotar al capital con nuestros medios. La que va a terminar derrotando al capital será la tierra, negando medios de producción como agua y bienes de servicio, haciendo que cierren sus fábricas y se acaben los grandes e ilusorios proyectos de crecimiento.

Sin embargo, este sistema puede producir grandes consecuencias negativas para la humanidad. Desestabiliza gobiernos para implementar el neoliberalismo, que es la máxima acumulación de capital. En Estados Unidos, un 1% acumula lo correspondiente al 90% de la población. En Brasil, 71.000 personas controlan más de la mitad del producto nacional. Con ese dinero manipulan al Estado, compran políticos y manejan el funcionamiento de la economía. Esto pone en evidencia la irracionalidad del sistema.

Nos encontramos entonces en una crisis sistémica. Por eso tenemos que concientizar a las personas, tenemos que ser insistentes en el sentido de retomar continuamente las cuestiones ideológicas. El Papa escribe la Encíclica no para los cristianos, sino para la humanidad. El reloj corre en contra nuestra. O cambiamos ahora o será demasiado tarde.

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Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

Dos sistemas en juego

Lo que está en juego son dos sistemas. Un sistema que supone una sociedad más pequeña para el 20% de las personas, que tendrán los mejores productos. Es el proyecto de una sociedad más cerrada, de una democracia más reducida, de baja representatividad, que es el neoliberalismo puro.

Y el segundo proyecto que existe es el de una democracia más abierta, que se abre hacia cuestiones sociales, buscando la inclusión de los que históricamente estaban excluidos. Ese era el proyecto del Partido de los Trabajadores (PT) y de sus aliados, que buscaba crear políticas sociales significativas para acabar con el hambre, para incentivar el acceso a la vivienda, a la luz, el acceso a bienes, a créditos y formas de organizar cooperativas, apoyo a la agroecología, etc. Ésta todavía no es la solución, pero ya abre un camino de esperanza.

Sin embargo, no basta solo con crear consumidores y hacer que las personas tengan acceso a bienes. Es necesario crear un ciudadano crítico, que critica el sistema, que quiere una democracia no solo representativa sino participativa, que quiere una escuela mejor, transporte mejor, espacios de cultura y de ocio. Eso no estuvo tan acentuado en el proyecto del PT y de sus aliados. Se hizo bastante, pero la debilidad es que con la crisis, aquellos que eran sólo consumidores y salieron del hambre, corren el riesgo de volver a la antigua miseria. Si fueran ciudadanos críticos, buscarían caminos alternativos.

Entonces hay dos visiones de mundo que se chocan y aquí viene la pregunta: ¿cuál de ellas carga una esperanza de futuro? No es la primera, pues esta lleva 200 años produciendo desgracia en la mayoría de los continentes. Aquella nueva democracia abierta, más humana y más amiga de la vida es la que es portadora de esperanza. Ella está acumulado energías hasta producir un tsunami de buena voluntad y creatividad. Ahí si comenzaría en mi opinión, el siglo XXI
Escenario Dilma o Temer

La actual política de Brasil es extremadamente confusa. Es una especie de vuelo a ciegas y nadie sabe decir hacia dónde vamos. Si el impeachment se confirma y Dilma tiene que salir,  puedo imaginar que el país se va a paralizar, porque Temer es un presidente que no tiene legitimidad, que es rehén de sí mismo y que no puede salir a las calles sin ser abucheado.

Él tiene una bajísima aceptación popular y creará un problema social que desembocará en un problema político. Eso se da principalmente por la administración extremadamente excluyente que hace, por el ataque a los programas sociales inaugurados por los gobiernos de Dilma y de Lula. Esta situación posiblemente va a forzar un plebiscito y volveremos al primer párrafo de la Constitución, que dice que el pueblo es quien debe decidir, pues es él el sujeto de poder.

El otro escenario es que Dilma vuelva. Y hay una gran disputa entre los senadores para conquistar a los indecisos.

Si vuelve, ya ella misma prometió que va a hacer otro gobierno. Ella descubrió al pueblo brasilero y su cariño, principalmente por parte de las mujeres. Entonces hará un gobierno diferente, posiblemente con personas notables del país, más allá de los partidos.

Ella va a atacar lo que es más urgente, que es el problema económico y encaminar la reforma política, porque con ese parlamento que actualmente está allí no se puede hacer casi nada. Éste es uno de los más retrógrados y reaccionarios de la historia republicana brasilera. Si ella vuelve será otra Dilma, con otras políticas y otras estrategias.

Ahora, no sabemos cómo será la votación del impeachment. Espero que haya un mínimo de racionalidad y que se comprenda la argumentación.
Hay una ley que está presente en todas las jurisdicciones desde Hammurabi hasta los tiempos modernos, que es in dubio pro reo. Es decir, si hay duda, a favor del reo.

Los grandes juristas como Dalmo Dallari dicen que no hay crimen. Pero el mayor argumento para mi es el del Ministerio Público Federal que dice: “Aquí no hubo dolo, no hay crimen, entonces aconsejamos archivar el proceso”.

La presión no es solo brasilera sino internacional. Al final, se trata de defender la poca democracia que tenemos. Por más frágil que sea, ésta todavía es el lugar en el que podemos convivir y discutir nuestros representantes. Dilma representa la democracia. Negar a Dilma es negar la democracia, y negar la democracia es golpe. Y nosotros tenemos que decir que fue, en efecto, un golpe.

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