Sobre la tarea de los partidos en la superación de la crisis venezolana

Ramón Guillermo Aveledo antiguo secretario ejecutivo de la Unidad Democrática, coalición de partidos en oposición al gobierno, nos presenta los retos de los partidos políticos en la búsqueda de salidas de las crisis.

1. Planteamiento del problema

Uno de los principales obstáculos que encontraremos a la hora de buscar salidas a la crisis venezolana será la situación de la política, el liderazgo político y los partidos políticos. Hablamos de la política como actividad al servicio de la paz[1], del liderazgo como los hombres y mujeres responsables de conducirla y de los partidos políticos como su instrumento organizado. Instrumento, se entiende, de la política, no de las personas que luchan y aspiran el liderazgo.

En la Venezuela de hoy, la situación de la política, el liderazgo y los partidos se origina en la progresiva estrategia, desde el gobierno, de abolición de la política y su sustitución por otra noción del poder y un modelo de manejo del mismo derivado de ella, que ha sido involuntariamente ayudada por los errores y omisiones de los actores políticos democráticos.

2. Las falsas soluciones “antipolíticas”

Hay quienes desde el poder o fuera de él creen que la solución a la crisis venezolana puede encontrarse por la presunta vía expedita de la “antipolítica”; esto es, del rechazo a la complejidad de los procesos y a la diversidad social, expresiones de la negación del otro y caldo de cultivo para la justificación de la fuerza y la imposición así como de cualquier modalidad de pensamiento único. La solución antipolítica deseada por el poder sería la aceptación de su dominio total con concesiones mínimas de supervivencia resignada, distintas a la vida cívica propiamente dicha; y la solución implícita en cierto discurso antipolítico de resistencia y ruptura es la salida del poder por parte del actual oficialismo y su desaparición como opción política válida.

No podemos aceptar como política a alguna de estas formas de imposición antipolítica quienes creemos, con Crick, en el método político de gobernar: aquel basado en el reconocimiento de la pluralidad y el intento deliberado de conciliarla, tanto como sea posible, a conciencia de que por imperfectamente que este proceso funcione es “...radicalmente diferente de la tiranía, la oligarquía, el reinado, la dictadura, el despotismo y del –probablemente el único tipo distinguiblemente moderno de gobierno- totalitarismo”[2].

La democracia necesita de los partidos tanto como éstos necesitan de la democracia. La primera parte de esa afirmación contribuiría a explicar tanto la decadencia de la democracia venezolana, sobre todo en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo pasado, como las dificultades para la recuperación democrática en la crisis presente. Con relación a la segunda parte, la situación actual de los partidos está directamente relacionada con los déficits democráticos de la sociedad venezolana. Al efecto, repasemos las seis funciones que García Pelayo atribuye a los partidos políticos [3]:

  • Movilizar las masas para su participación e integración en el proceso democrático.
  • Transformar las orientaciones y actitudes políticas generales sentidas por ciertos sectores en acción política nacional.
  • Integrar y sistematizar en programas coherentes las demandas de los electores o que se pretenden inducir en ellos.
  • Formular y exponer, en términos relativamente simples, los problemas nacionales de forma comprensible para el promedio de la población y, especialmente, para los sectores sociales a los cuales el partido se orienta.
  • Proponer candidatos.
  • Ofrecer su potencial organizativo.

Ello podríamos simplificarlo en tres capacidades: capacidad electoral, capacidad gubernamental y capacidad de innovación. Como las dos primeras están explicadas en las funciones de García Pelayo, de la tercera diremos que sería la capacidad de proveer a la sociedad de nuevas ideas para el futuro y nuevas promociones de aspirantes al liderazgo[4].

Pero la mayor parte de las tareas atribuidas a los partidos presuponen la democracia. Y en Venezuela la inobservancia reiterada de la Constitución y la propia degradación del proceso político no permiten afirmar que vivimos en democracia. Por otro lado, una parte importante de la sociedad simultáneamente considera que no hay democracia y exige a los partidos comportarse como si la hubiera. ¿Cómo hacer entonces en una sociedad donde la democracia ha desaparecido total o parcialmente?

De la política hay que exigir que despliegue sus potencialidades de reconocimiento de la diversidad y complejidad sociales, así como aquellas de conciliación necesarias para que esas características naturales no impidan la convivencia pacífica y libre, y que la sociedad pueda progresar. Es lo que Francisco ha llamado servir a la paz. A los partidos, la exigencia a sus capacidades organizativas y de innovación mantiene vigencia, sólo que estas no deben estar orientadas a las tareas electorales o gubernativas, aunque unas y otras deben desarrollarse y preservarse para cuando haga falta; pero su potencial organizativo, de programa-mensaje y de movilización, deben estar al servicio de la recuperación democrática, pues sólo en la democracia puede la política aspirar a cumplir a plenitud su propósito eminente de servir a la paz[5].

3. La situación actual de la política, el liderazgo y los partidos

El clima de polarización extrema y desmovilización política de la sociedad, en 2018, ha incrementado la radicalización de las posturas antipolíticas en la población y, sobre todo, en las redes sociales, mientras abundaron las microprotestas de índole reivindicativo con motivaciones económicas y de calidad de vida. En estas participan militantes o simpatizantes de partidos a título personal, esto es, sin recibir línea ni orientaciones. Los estudios de opinión pública coinciden en bajos o bajísimos niveles de adhesión partidista, de intención de participación electoral y de prestigio de las figuras del liderazgo. Las estructuras partidistas lucen humana y organizativamente debilitadas, pero ninguna otra forma de organización existente es apta para suplantar su papel. Los siguientes cuadros sirven para ilustrar lo anterior.[6]

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El cuadro político-social venezolano puede resumirse, antes del 23/01/2019, así: clima de polarización extrema y desmovilización política de la sociedad a lo largo de 2018; radicalización en las posturas anti-políticas en la población y, sobre todo, en las redes sociales, debido al desencanto y la desesperanza; abundantes microprotestas reivindicativas con motivaciones económicas y de calidad de vida, con participación de militantes y simpatizantes de partidos a título personal; estructuras partidistas humana y organizativamente debilitadas, pero ninguna otra forma de organización existente luce apta para suplantar su papel.

El 23 de enero no solo es la fecha aniversario de la caída de la dictadura militar de Pérez Jiménez en 1958, emblemática en el historial de la búsqueda democrática del país; en 2019, la nutrida manifestación de ese día estuvo rodeada de factores condicionantes que adquirieron relieve. El 5 de enero se eligió nueva directiva de la Asamblea Nacional, con la escogencia para encabezarla de un joven político desconocido fuera del ámbito parlamentario, partidista y de su región, el estado Vargas, cuya amplia mayoría de población es de sectores populares. El 10 de enero, se verificó en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) la “juramentación” de Nicolás Maduro para un nuevo mandato presidencial, con base en una elección desconocida por la Asamblea Nacional y una parte significativa de la comunidad internacional, señaladamente en América Latina, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, cuyos resultados tampoco fueron reconocidos por Henri Falcón, el candidato presidencial que, con mensaje opositor, obtuvo la segunda votación en el proceso. El 2019 comenzó con la crisis económica y social agudizada, la “juramentación” de Maduro ante el TSJ y la instalación de la Asamblea Nacional con la saludable señal de que los acuerdos unitarios de 2016 se cumplieron, a pesar de la diferencias en el seno de la oposición, la desaparición de las instancias formales de coordinación política entre ellos y el exilio o la prisión de varios líderes fundamentales.

Alrededor del nuevo presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó (del partido Voluntad Popular), se tejen esperanzas por su juventud y novedad en el primer plano, deseos de pronto desenlace y presiones intensas, algunas hasta desconsideradas. Su papel es difícil por lo exigente. Es delgada la línea que separa la ilusión de la decepción. Es la hora de la firmeza serena, de modo de capitalizar los elementos que parecen propicios para avanzar en los terrenos de la más amplia unidad nacional para el cambio. Sea inminente el cambio, como muchos desean y algunos creen, o se demore, siempre harán falta partidos en capacidad de hacer su parte.

Guaidó y la Asamblea Nacional convocaron a una manifestación para el día 23 de enero que resultó muy concurrida en Caracas, en la mayoría de las capitales de los estados y en muchas poblaciones del país. El éxito de la convocatoria contrastó con el silencio comunicacional al cual fue sometida. En ese contexto, Guaidó anunció que como Presidente de la Asamblea asumía con carácter de encargado las funciones de presidente de la República “mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente”, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 233 de la Constitución. No se trató de una “autoproclamación”, sino de la consecuencia de un hecho constitucionalmente previsto.

Así, después del 23 de enero, el cuadro político experimentó una modificación, si bien en ningún caso definitiva, sí imposible de desdeñar. Ensayando un esquema racional de la situación emergente, con el riesgo que implica hacerlo en medio del huracán coyuntural, podríamos distinguir los siguientes aspectos:

  • Los elementos socio-económicos de la crisis se agravan velozmente. Un factor con fuerte incidencia en ellos, aún no determinada completamente, son la serie de apagones de electricidad en marzo por varios días, apenas separados por breves intervalos. El gobierno de Maduro los ha atribuido a sabotaje externo y, como tal, celebrado “victoria” sobre ellos.
  • La movilización política de la sociedad se reactiva. La asistencia a los llamados a manifestar pacíficamente por parte de Guaidó y la Asamblea Nacional han sido atendidos multitudinariamente.
  • La polarización extrema de la sociedad se mantiene, pero desde el liderazgo opositor se dirigen mensajes para atenuarla con medidas como la amnistía y el estatuto de la transición.
  • Reaparece con fuerza una sensación de inminencia de exigente mantenimiento: hay un clima de optimismo y esperanza en la mayoría de la población. Los datos de estudios de opinión ubican alrededor del 80% el deseo de cambio, el rechazo a Maduro y el respaldo a Guaidó.
  • El liderazgo de Juan Guaidó, quien personifica el nuevo clima, reúne una impresionante legitimidad interna e internacional. Es percibido como la encarnación de un nuevo liderazgo más allá de un partido y la esperanza de una “nueva oposición”.
  • La Asamblea Nacional, hasta hace poco alicaída, resurge fortalecida pero siempre “bajo observación” de la opinión pública.
  • Cobran relevancia los actores internacionales, principalmente Estados Unidos, también la Unión Europea y el Grupo de Lima. Así mismo, del lado favorable a Maduro, hay mayor activismo de Rusia y Cuba; de China en un segundo plano, del mismo lado pero más pragmático.
  • No hay evidencias de fortalecimiento partidista. Si la política desde los partidos es protagonizada por la renovación que percibe la gente en Guaidó y en la Asamblea Nacional, habría alta posibilidad de reconfiguración del sistema político. Tampoco se fortalecen liderazgos personales distintos al de Guaidó, por muy extremos que se presenten.
  • El “fracaso” en el ingreso de la ayuda humanitaria desde Colombia y Brasil, el 23 de febrero, presentado como un éxito por Maduro, perdió importancia al regresar Guaidó al país. La decisión oficial de permitirlo puede haber ahorrado al régimen un conflicto de costo mayor, pero también lo exhibe débil ante los suyos.

El seguimiento de la coyuntura, apasionante y con aspectos muy significativos, no debería llevarnos a olvidar lo estructural. Como se ha afirmado antes, la posibilidad de que la política, el liderazgo y los partidos cumplan sus funciones sociales está severamente afectada por la estrategia del poder, dirigida a la abolición y sustitución de la política, que ha logrado minar su organización, diezmar sus cuadros y limitar su capacidad de acción. Es cierto también que esa estrategia destructiva se benefició por la ayudada involuntaria de las acciones u omisiones de líderes y partidos, así como por la línea antipolítica de sectores opositores rupturistas.

3.1. La estrategia antipolítica del poder

1) Ilegalización de partidos

Mediante la aplicación retroactiva de sanciones, algunas legalmente inexistentes y creadas ad hoc, y a través de procedimientos arbitrariamente fijados y/o alterados, el sistema de partidos ha sido repetidamente intervenido desde el poder, con el claro propósito de forzar la hegemonía del partido creado desde el gobierno para imponer la coalición de respaldo a Hugo Chávez, en 2007, con la unificación en un solo instrumento (siguiendo el modelo cubano y copiando el nombre del partido oficial en la RDA) de las organizaciones que integraban el Gran Polo Patriótico.

La validación de los partidos de la oposición (exigencia legal pues habían concurrido a dos procesos nacionales con los símbolos unitarios) debía hacerse en 2016 y 2017, y el gobierno de Maduro aprovechó para su estrategia: luego de bloquear la solicitud de referéndum revocatorio presidencial y a propósito de las maniobras para impedirlo, puso fuera de la ley electoral a la MUD7 y sus símbolos mediante la creación de una sanción previamente inexistente. De los partidos que aceptaron someterse a la validación y lograron satisfacer los requisitos en el breve lapso establecido (12 partidos de 59 en total), en su mayoría de todos modos serían ilegalizados más tarde, con la excusa de su no participación en las elecciones de alcaldes de diciembre de 2017 o en la cuestionada elección presidencial de 2018.

2) Manipulación judicial y por el poder electoral de la titularidad y la representación partidista

Sendas mayorías en el seno del partido Por la Democracia Social (PODEMOS) y luego de Patria Para Todos (PPT) discreparon, pasaron a la oposición y decidieron incorporarse a la MUD. El primero de los partidos mencionados, desde 2009, cuando el frente se formó, y PPT luego de las elecciones parlamentarias de 2010 en las cuales participó como “tercera opción”. En 2012, cuando ya apoyaban la candidatura de Henrique Capriles Radonski, el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el TSJ destituyeron a sus dirigentes y entregaron la representación legal de esos partidos a minorías oficialistas. Posteriormente, antes de las parlamentarias de 2015, con estratagemas similares se afectó a tres partidos miembros de la MUD: Bandera Roja, Socialcristiano COPEI y MIN-Unidad; en el caso de este último con la intención de confundir al electorado, dada la similitud entre sus símbolos electorales y los de la coalición opositora. También ocurrió lo mismo con el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), miembro del frente gobernante, cuya dirigencia se colocó en disidencia.

Para enero de 2019, de todos los partidos democráticos que participaron en el resonante triunfo electoral de la coalición MUD en diciembre de 2015, sólo uno, Avanzada Progresista, liderado por el ex gobernador y ex candidato presidencial Henri Falcón, permanece en la legalidad.

Con ayuda del analista Eugenio Martínez, en trabajo para el portal Caracas Chronicles, resumimos la que él denomina “purga” de partidos políticos venezolanos, completándola con datos de la MUD.

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3) Neutralización de dirigentes y candidatos potenciales

Con ese propósito se han puesto en práctica distintas líneas de acción.

  • Inhabilitaciones políticas de dirigentes. Por decisiones administrativas de la Contraloría General de la República, no obstante las disposiciones constitucionales que limitan tal posibilidad a sentencias judiciales firmes. Los casos más conocidos son los de Henrique Capriles Radonski, Leopoldo López y Antonio Ledezma, pero también están líderes y potenciales candidatos como el gobernador de Amazonas Liborio Guarulla, los ex gobernadores César Pérez Vivas del Táchira, Manuel Rosales del Zulia y ex alcaldes como Enzo Scaranno de Carabobo; los alcaldes Alfredo Ramos en Lara, Carlos García y Omar Lares en Mérida, Daniel Ceballos en Táchira, Gustavo Marcano en Anzoátegui, Delson Guárate en Aragua, David Smolanski y Ramón Muchacho en Miranda, Warner Jiménez en Monagas; diputados nacionales como Luis Lippa de Apure, Richard Mardo de Aragua, Adriana D’Elía de Miranda; y diputados regionales como Wilmer Azuaje en Barinas y Lester Toledo en Zulia[8]. Esto afectó directamente al menos en 12 de los 23 estados de la República, con obvios efectos en el resto del país.
  • La prisión. En enero de 2019, la Coalición por los Derechos Humanos y la Democracia, antes de la impugnada juramentación de Maduro en el TSJ, informa de 411 presos políticos. Aun cuando de ellos sólo 12 son clasificados como “políticos” y otros 10 son dirigentes o activistas estudiantiles que, en nuestro país, son mayoritariamente vinculados a las juventudes de los partidos. Presumo que entre los que se clasifican genéricamente como de la “sociedad civil”, abrumadoramente mayoritarios en la lista, si bien predominan los manifestantes espontáneos y puede encontrarse miembros de alguna ONG, debe haber también personas que son o fueron adherentes de los partidos y prefieren no decirlo. A dirigentes políticos que mantuvieron presos, en algunos casos sin cargos específicos, como el alcalde de Iribarren (Lara) Alfredo Ramos o el de San Cristóbal (Táchira) Daniel Ceballos, los sometieron a una humillante aceptación de la autoridad de la Asamblea Nacional Constituyente para “perdonarles” antes de ponerlos en libertad. No son raros los casos de quienes han permanecido en prisión luego de haberles sido dictada orden de excarcelación por un juez. Algunos dirigentes o activistas políticos son detenidos y luego liberados con restricciones, sin que sus juicios avancen ni se produzcan sentencias absolutorias o condenatorias (que podrían resolverse mediante indultos). En septiembre pasado murió, estando detenido en el Servicio de Inteligencia (SEBIN), el concejal de Caracas Fernando Albán, dirigente del partido Primero Justicia. La versión oficial es que se suicidó, pero no hubo la posibilidad de una investigación creíble de lo que ocurrió en realidad.
    • Judicialización de la represión. Los juicios, la apertura de procesos judiciales que no avanzan o las denuncias ante el Ministerio Público que nunca se sustancian pero tampoco se cierran, con intención de intimidar.
  • La persecución. De líderes, dirigentes, activistas y militantes de los partidos, mediante su hostigamiento a través de los medios oficiales; con amenazas que van desde la estabilidad laboral hasta la libertad, intervenciones telefónicas o campañas de desprestigio a través de las redes sociales.
  • El destierro. Hay dirigentes políticos que salen del país clandestinamente, otros que no regresan de viajes habiendo salido por los aeropuertos y puestos fronterizos y, también, aquellos casos que aceptaron la condición de salir del país a cambio de su libertad (no obstante lo dispuesto en el artículo 50 de la Constitución que prohíbe expresamente la pena de extrañamiento, la cual no puede ser establecida por “ningún acto del Poder Público”).

4) Restricciones a la libertad de expresión y el derecho a la información

Se imponen limitaciones al trabajo informativo y de opinión de los medios de comunicación social; en el caso de los radioeléctricos, manipulando las licencias de concesión para operar y en los impresos mediante el monopolio del papel. El resultado es la autocensura o, si lo consideran necesaria, también la censura directa: se prohíbe el uso de ciertas palabras o el tratamiento de ciertos temas, y se veta a invitados opositores o se “aconseja” espaciarlos en el tiempo y procurar “equilibrarlos” con invitados oficialistas. Esto en los medios privados, porque los públicos calumnian sin restricción y repiten los mensajes de la propaganda gubernamental tanto en la línea editorial e informativa como en lo que dicen invitados y periodistas. La efectividad intimidante de las decisiones políticas antidemocráticas sobre los medios se basa en un entorno normativo y administrativo crecientemente restrictivo[9].

5) Esterilización de la Asamblea Nacional

Más allá de declaraciones formales y sin menoscabo de pronunciamientos y actitudes por parte de opositores que pudieran instrumentalizarse con ese propósito, es evidente que el gobierno no aceptó las consecuencias del triunfo opositor en la elección de Asamblea Nacional de diciembre 2015; y nunca pensó hacerlo más allá de la formalidad inicial, porque en sus supuestos jamás estuvo que se aplicara, en la realidad, el diseño de poder compartido por órganos autónomos previsto en la Constitución de Venezuela, más afín con la democracia liberal que con una revolución. Antes de 2015, la Asamblea Nacional, con mayoría oficialista, nunca rechazó ni modificó en aspecto de alguna relevancia una sola propuesta del Ejecutivo ni ejerció sus deberes constitucionales de control del gobierno y la administración; siempre aprobó todos los presupuestos, endeudamientos y créditos adicionales. Algunos ejemplos que sustentan esta afirmación son los siguientes:

  • Medida cautelar del 30/12/2015, que suspendió los efectos de la elección de diputados en el estado Amazonas y la región indígena Sur, privó a la mayoría electa de los dos tercios requeridos constitucionalmente para designar miembros del CNE y otros altos funcionarios que así lo requieren. A enero 2019, más de tres años después, el juicio no ha avanzado un paso, por lo tanto ni se han anulado las elecciones ni convocado nuevas.
  • Designación apresurada por la Asamblea saliente, el 23/12/2015, de 13 magistrados principales y 21 suplentes del TSJ, que han sido los encargados de desarrollar, desde ese tribunal, la decisión política de imponer el modelo hegemónico. Entre 2015 y 2017, el TSJ adoptó decisiones que fueron apuntalando la línea de esterilizar el Poder Legislativo nacional legítimamente electo.
  • Invención de la figura del “desacato” de la Asamblea Nacional a las decisiones judiciales para, mediante sanción también inventada, despojarla de sus atribuciones y así asumirlas el TSJ.
  • Imputación del delito de “traición” por votos y opiniones de los diputados, en contravención a lo dispuesto en el artículo 199 de la Constitución.
  • Convocatoria inconstitucional a una Asamblea Nacional Constituyente, elegida en mayo 2017, con el doble propósito de disponer de un parlamento paralelo dócil y dar un potente golpe moral a la opinión opositora, prevalidos de la certeza de que su control del poder judicial y la institución armada les garantizaría impunidad.
  • A un año de la instalación del Parlamento, la periodista Maru Morales en El Nacional, reseñó que el 55% de las atribuciones de la Asamblea habían sido cercenadas por cuarenta y dos decisiones judiciales.

6) Manipulación del diálogo

El diálogo es componente natural de la política, pero como en Venezuela vivimos en el reino de la antipolítica, está ausente de la vida cívica. La comunidad internacional, casi unánimemente, lo reclama y el gobierno finge aceptarlo, pero no muestra intenciones de asumirlo genuinamente. Al contrario, lo ha usado a sus fines como un instrumento de relaciones públicas internacionales y, hacia dentro, como un medio para devaluar la política, desprestigiar a los actores opositores y dividirlos. Llama públicamente al diálogo mientras descalifica a los posibles interlocutores.

Varios intentos de diálogo apoyados por la comunidad internacional han fracasado. En abril 2014, auspiciado por los cancilleres sudamericanos, se inició un proceso con la presencia de buena fe de Brasil, Colombia y Ecuador y el Nuncio Apostólico de Su Santidad en Caracas. A finales de mayo de ese año este proceso fue congelado por la oposición, decepcionada por los incumplimientos y dilaciones. Nunca se reinició.

En 2016 se intentó de nuevo el diálogo, con la mediación del Vaticano, que en diciembre anunció su retiro por sus resultados poco alentadores. Una carta al respecto, del Cardenal Secretario de Estado, fue conocida públicamente. También en el mismo año, se intentó con los facilitadores designados por UNASUR, los ex- presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández, sin resultados.

En 2017, en República Dominicana, comienza un nuevo intento del Presidente Medina y Rodríguez Zapatero, quien sin mandato conocido y a pesar de reiteradas manifestaciones de desconfianza en él por parte de la oposición, ha persistido en buscar un papel. Se designó a los cancilleres de México, Chile, Nicaragua y de San Vicente y las Granadinas. En plenas negociaciones, el gobierno anuncia, el 23/12/2018, la convocatoria a elecciones presidenciales (tema central de las negociaciones). México se retira en seguida y a comienzos de febrero lo hace Chile. En esas mismas fechas, los representantes de los partidos opositores explican su decisión de retirarse y no firmar el proyecto de acuerdo preparado por el ex presidente español.

Independientemente de los errores coyunturales cometidos por la oposición en cada uno de estos intentos, vistos en perspectiva, se notará el propósito de manipulación en el poder. El propio Papa Francisco, en carta a Maduro que ha trascendido a través de medios italianos, se refirió con claridad a las causas del fracaso y consiguiente desprestigio de un instrumento político tan necesario.

3.2. La ayuda involuntaria

Por otra parte, es imposible ignorar que desde la misma oposición, más organizada y mejor articulada, se ha incurrido en errores y omisiones que, sin que sea esa su intención, terminan por contribuir con los planes oficialistas o por ofrecer flancos débiles para que los designios de la estrategia oficial encuentren menores dificultades para desarrollarse.

1) Retrocesos en la unidad

Luego de varios intentos, la iniciativa de unidad opositora con mayor organicidad, por sus dimensiones política, estratégica, electoral y programática fue la MUD, coalición que definió la lucha como pacífica, democrática, constitucional y electoral, acordó reglas de funcionamiento y toma de decisiones e integró estructuras; y con ellas, enfrentó sucesivos procesos electorales desde 2010, ganando respetabilidad internacional para los demócratas venezolanos.

Aquella situación no era perfecta, pero ya ni siquiera estamos ahí. Luego del triunfo en las elecciones de Asamblea Nacional de 2015, los problemas internos de la alianza que se habían evidenciado en 2014 fueron aflorando de nuevo con más fuerza y, de entonces en adelante, ha tenido un ostensible retroceso político.

Salvo en la Asamblea Nacional, no hay instancias de coordinación de la oposición al gobierno y, por lo mismo, en el parlamento ésta acaba siendo insuficiente y menos eficaz. La multiplicidad de rostros, discursos y líneas así como la inocultable competencia entre ellos y ellas, son síntomas del retroceso y factores para el desconcierto, la desconfianza y la desmovilización de los densos sectores sociales que aspiran un cambio y que, hasta hace relativamente poco tiempo, los seguían con entusiasmo.

2) Excesiva concentración en lo “político” descuidando lo social y económico

No obstante lo que aconseja la realidad social y revelan insistentemente todos los estudios, en la narrativa opositora predominan los elementos políticos y constitucionales, incluso en el justo reclamo por la vigencia de los derechos humanos. El acento está en los derechos civiles y políticos sobre cualquier otro aspecto, incluso sobre aquellos que más alimentan el descontento. No ha sido posible, hasta ahora, que la crisis económica y social, que afecta a los venezolanos y que es el combustible de la enorme mayoría inconforme, sea central en el discurso opositor. Eso refuerza la noción interesadamente difundida de aislamiento e insensibilidad de políticos a quienes solamente importan sus intereses.

3) Decisiones tácticas sin visión estratégica

En esta categoría bastaría citar algunos ejemplos de protuberancia. Al resonante triunfo del 6/12/2015, que produjo mayoría de dos tercios en la Asamblea Nacional, no precedió el debido acuerdo unitario de qué hacer después, y empezó una competencia por encabezar un cambio considerado inminente, con decisiones individuales de líderes y partidos. En términos generales, se ha subutilizado, cuando no desaprovechado, un logro de tanto valor. En 2017 y 2018 se repitió la línea de protesta de calle para poner fin al gobierno de Maduro sin que se apreciara que había un aprendizaje de la experiencia de 2014. El 16/07/2017, como respuesta a la convocatoria inconstitucional a una Constituyente, se convocó una jornada pacífica y masiva denominada “referéndum”, aunque técnicamente no lo era. El resultado fue una movilización descomunal de más de siete millones de personas, la protesta pacífica más numerosa de la historia del país. Ese resonante éxito fue malbaratado a falta de una lectura unitaria de su significado y, en cambio, con varios planes acerca de qué hacer después, lo cual terminó en que no se realizara ninguno.

4) Incoherencias e improvisaciones alrededor del “diálogo”

Mientras el gobierno, cuyo interés en dialogar ha sido forzoso por circunstancias que no pudo evitar, lo asumió exitosamente como la posibilidad de dividir a la oposición y así ganar provisionalmente imagen de tolerancia ante la comunidad internacional y con eso tiempo, los opositores lo enfrentaron de modo que los ha hecho ver como incoherentes e improvisados, y su desunión encontró así ocasiones para el mutuo ataque y la descalificación. Consecuencia de lo anterior es que los dirigentes opositores que sinceramente se comprometieron en el proceso de negociaciones pagaron un alto precio por ello y arriesgaron mucho. Algunos incluso han tenido que irse al exilio, luego del fracaso del diálogo, y no obtuvieron rédito alguno por ese acto de valentía cívica.

5) Acción internacional no concertada

Sería imposible no apreciar los éxitos de reconocimiento internacional por parte de la oposición venezolana. En eso han sido claves la MUD, el avance electoral y las campañas por los derechos humanos en el extranjero, sobre todo (por su organización y recursos) aquella por la libertad de Leopoldo López. También, que paralelo a eso, la reputación internacional del gobierno venezolano ha caído sostenidamente, al punto que aún para muchos de sus amigos resulte frecuentemente impresentable y prefieran disimular su solidaridad. Ahora nadie quiere ser confundido con la línea del gobierno venezolano y tal acusación se ha convertido en un arma en los debates políticos nacionales, sobre todo en América Latina y España. Sin embargo, aún ese cuadro tan ventajoso no ha generado todo el rendimiento que podría, porque la coherencia, de suyo ya difícil, en la acción internacional, ha sido desplazada por iniciativas individuales que compiten entre sí y cuya característica más resaltante parece ser malponer a los otros opositores.

6) Organización y activismo inconstantes o insuficientes

La organización territorial y funcional de los partidos y el activismo que ella hace posible, por parte de cuadros formados y disciplinados, es el equivalente político de la infantería en los ejércitos. Los medios de comunicación son como la aviación que bombardea, pero es la infantería la que toma posiciones. De la organización y el activismo dependerá la cercanía con las personas y sus comunidades. Ese trabajo ha sido intermitente y en cantidades inferiores a la necesaria, y eso ahora se agrava por las dificultades (económicas y logísticas) para viajar y las limitaciones en el acceso a los medios de comunicación.

7) Emigración

El diario madrileño El País la estima, en reportaje publicado en enero de 2019, en “una riada de 2.3 millones desde 2014”, equivalente al 7% de la población. Ese dato, de fuente ONU es, hasta ahora, el más conservador. Otras estimaciones la ubican sobre los tres millones de personas. Sería estadísticamente imposible que en tales números no hubiera militantes, activistas e incluso dirigentes de partido, sobre todo a niveles locales y regionales. Por razones de composición del éxodo venezolano por grupos de edad, con fuerte proporción de jóvenes, los partidos más afectados serían Primero Justicia y Voluntad Popular, aunque no sea sólo en ellos. También en Un Nuevo Tiempo y AD. El aparato de defensa del voto, principalmente integrado por sectores de la clase media, con posterioridad a 2016 luce particularmente diezmado por causa de la emigración. Del mismo modo que se incrementó la emigración juvenil tras las protestas masivas de 2014 y 2018, sector donde pudo sentirse que se había “echado el resto”. No poseo una cuantificación, pero en las visitas a municipios del país se aprecia que debe tratarse de una cantidad significativa, sobre todo en el Occidente, Zulia y los Andes, por la vecindad con Colombia y Panamá. Estos son estados donde la presencia opositora ha sido muy importante.

4. La estrategia anti política rupturista

Un sector de la oposición ha optado por abogar por una salida vía ruptura, rechazando la pertinencia de soluciones políticas distintas a la rendición de quienes gobiernan. No se puede afirmar a ciencia cierta que realicen alguna acción concreta al efecto, más allá de reiteradas proclamas que prometen “la salida ya”, “el quiebre” o el cambio “por la fuerza”. Aparentemente en la idea de estimular a otros factores para que lo produzcan.

Pero, en el contexto venezolano, esa línea discursiva tiene un impacto muy nocivo en el desarrollo de la política opositora, pues presenta cualquier opción política como débil, ineficaz o sospechosa de “colaboracionismo”, cuando no la acusa implícitamente o por mampuesto explícitamente en las redes sociales. La prioridad de estos sectores es la diferenciación con los otros opositores por sobre la oposición al gobierno.

5. Oportunidades y tareas

Esas estructuras debilitadas de los partidos siguen siendo muy necesarias y tienen mucho por hacer. Fortalecerlas es un imperativo práctico. Hay oportunidades para ello.

5.1. El Frente Amplio Venezuela Libre

Esta es una de ellas y acaso actualmente la más importante. Es, con sus dificultades, fuera de la Asamblea Nacional, el reducto vivo de la aspiración unitaria. Nominalmente reúne a partidos de distinta ideología con y sin presencia parlamentaria incluidos disidentes más recientes del PSUV, y también a sectores sociales diversos del mundo sindical, gremial, empresarial y académico. Nunca ha quedado clara la motivación de la distancia marcada por los rectores de la Asociación de Rectores Universitarios (AVERU), al comienzo percibidos como promotores. Un exitoso Congreso Venezuela Libre, precedido de congresos regionales bien hechos, ha sido la actividad más señalada de una iniciativa que, tras su anuncio, no se ha destacado por sus acciones. Los partidos pueden ser útiles en ese escenario, beneficiarlo y beneficiarse de él, si se comprometen más y si los otros sectores, desiguales en cuanto a su peso y nivel organizativo, demuestran una apertura proporcional a la que exigen a los políticos y una adhesión mayor a la línea de acciones concertadas.

5.2. Comunidad internacional

Es un lugar común en Venezuela identificar a la comunidad internacional con los países cuyos gobiernos han expresado apoyo a la democracia venezolana, pero esa es una inexactitud que conduce a errores y a frustraciones. Son hechos que el gobierno de Maduro tiene muy mala reputación en el exterior y que actores relevantes para Venezuela se manifiestan en posición dura frente a él: en la Región, el Grupo de Lima, también la Unión Europea y los EEUU y sus aliados; aunque es cierto que el Grupo de Lima ya no es lo mismo con los cambios de gobiernos en México, ahora más en la línea de la “no intervención”, y en Brasil, por lo pronto más afín a las posiciones del ejecutivo norteamericano. Pero los potenciales de ese cuadro, si bien no son ilimitados, no están agotados. Aprovecharlos al máximo requiere de unos niveles de unidad y acción política que por ahora no se aprecian.

5.3. “Ventaja” de las divisiones del chavismo

En el seno del oficialismo puede haber contradicciones, no sólo las conocidas de disidentes abiertos sino entre aquellos que configuran la coalición de poder. Es cierto que la debilidad y la dispersión políticas opositoras puede estimular autosuficiencia en quien no se percibe amenazado y así las diferencias afloren, pero también que sin coherencia estratégica mínima y la cohesión política en lo fundamental, estas contradicciones no tendrán mayores consecuencias.

5.4. La tarea de los partidos

En el diagnóstico precedente están implícitas las líneas de acción para los partidos, actores que estimo indispensables en las exigencias actuales y futuras de la sociedad venezolana para el reencuentro de la política con sus fines. Me permito resumirlas en cuatro tareas.

  • Mejorar la credibilidad nacional e internacional. Al efecto, “unidad” tan amplia como sea posible en lo político, lo estratégico y el programa mínimo: proyecto y reglas para tomar decisiones, instituciones y no personas. La unidad indispensable puede ser exigida en dos escenarios distintos: uno de transición “corta”, que demanda unidad para gobernar y viabilizar los cambios; otro de transición “larga”, en la cual el régimen resiste y se mantiene, lo cual demanda preparación para una lucha más prolongada y con creciente represión selectiva.
  • Renovar liderazgos (rostros y vocerías). Al efecto, que cada partido, según sus procedimientos y todos los aliados en coordinación, promuevan una renovación de los mensajes y los mensajeros, procurando guardar equilibrios que preserven el papel de la experiencia y vayan mostrando capacidad de incorporación de nuevos talentos a las primeras filas.
  • Mejorar la capacidad de contacto permanente con la ciudadanía. Al efecto, organización territorial (estado, municipio, parroquia, comunidad) y funcional (trabajadores, mujeres, estudiantes, profesionales, empresarios, emprendedores, educadores), hasta la base, y activismo, utilizando eficientemente medios con viabilidad económica. Donde no haya equipos suficientes, integrarlos con espíritu unitario y, donde los haya, en vez de ceder a la tentación de competir, promover su trabajo coordinado.
  • Mejorar la sintonía partidos–pueblo. Al efecto, en vez de insistir en politizar lo social, socializar lo político. Entendido esto como la comprensión de la cotidianidad popular y la formulación de propuestas de políticas públicas, mensajes y actividades estrechamente relacionadas con la vida de los venezolanos, con sus motivos de angustia y de alegría.
  • Contribuir efectivamente a la superación de la crisis venezolana, mediante políticas consensuadas. Al efecto, un Plan País, articulado y abierto para el cual se procura apoyo internacional, con la prioridad en restablecer los equilibrios y con el acento en la atención a los sectores más vulnerables.

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Notas

  1. “La buena política está al servicio de la paz” dice el mensaje de S.S. Francisco con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, el 01/01/2019. Ver https://ignatiansolidarity.net
  2. Crick, Bernard (1976): In Defence of Politics. London: Pelican.
  3. García Pelayo, Manuel (1986): “El Estado de Partidos”. En Obras Completas (Vol.II). Madrid: Alianza.
  4. Aveledo, Ramón Guillermo (2002): ¿Qué es la Política? Caracas: Panapo.
  5. Así Francisco nos insiste en lo que ha sido central en la concepción cristiana de la organización social y política, llamado por Juan Pablo II “solidaridad”, por León XIII “amistad”, por Pio XI “caridad social” y por Pablo VI “civilización del amor”. Ver Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (2006): 103 Caracas: CEV.
  6. Fuente: Félix Seijas (DELPHOS)
  7. Por su votación en 2012, 2013 y 2015, la MUD al igual que el PSUV no requería validación. En 2013 y 2015 la tarjeta de la MUD reunió tal respaldo que se convirtió la más votada en términos absolutos de la historia de Venezuela.
  8. Ver Cañizalez, Andrés (2018): “Políticas Públicas de comunicación en tiempos de la Revolución bolivariana”. En Decisiones de Gobierno en Venezuela. Apuntes para su comprensión histórica y de políticas públicas. Caracas: Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro-ABediciones UCAB-KAS.

Fuente

  • Maritza Barrios y Marcelinio Visbal (Ed.). (2019). Búsqueda de Alternativas Políticas a la Crisis de Venezuela. Seminario Internacional. Caracas, Venezuela: Publicaciones UCAB (2019)
  • Fotografías de migrantes venezolanos en tránsito a Colombia por el puente internacional Simón Bolívar en Cúcuta. Cortesía de George Castellanos.

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