Sociocracia, el poder a las bases

El sacerdote indio Edwin Maria John promueve una organización eclesial en la cual la parroquia deja de ser un «enclave autoritario», y en la que el párroco es un servidor que facilita el discernimiento comunitario y el liderazgo de los laicos. Nota de Cristián Amaya Aninat para Mensaje.

Activista de la ONU en derechos de infancia y experto en gestión de organizaciones de la sociedad civil, el padre Edwin Maria John fue invitado a Chile hace unos meses para ofrecer conferencias en instituciones de Iglesia y ONG. Sus ideas —dice— surgieron del estudio de la Sociocracia y de la experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) en Latinoamérica.

«En los años setenta», expresa, «comencé a estudiar el modelo latinoamericano de las CEB, experiencia cristiana inclusiva implementada en vecindarios, que pertenece a toda la comunidad y a la ciudadanía, donde sus grupos están interconectados. A esta experiencia pastoral sumé la teoría de la Sociocracia, de Gerard Endenburg, particularmente la implementación de los principios y reglas que la sustentan» (ver recuadro).

—¿Qué aporta la «Sociocracia» al modelo pastoral de las CEB?

Respondo con algunas preguntas: ¿Por qué los problemas de las personas se mantienen sin resolver? ¿Por qué sus derechos son burlados? ¿Por qué son explotados? La respuesta es simple: Porque las bases no tienen poder. La democracia se define como la organización del pueblo, pero ¿la gente realmente gobierna y controla? Ahí está el aporte fundamental de la Sociocracia. A nivel social, no solo eclesial, la Sociocracia apunta al desarrollo de una democracia más profunda y real, en donde participan todos los miembros, y no solo unos pocos dirigen en nombre del resto.

—¿Qué fundamentos teológicos tiene?

La Sociocracia representa la forma de practicar el Reino de Dios, que no se define por la dominación del poder, sino por ser un servicio. Somos todos hijos de Dios y la forma en que la Sociocracia toma decisiones representa eso: el servicio.

CÓMO CONVIVIR CON ESTRUCTURAS CENTRALIZADAS

—¿Se trata de que los laicos tengan mayor incidencia en sus comunidades?

Sí, las personas deberían ser capaces de reunirse y —guiadas por el Espíritu Santo— discernir qué es lo mejor y, en consecuencia, decidir y luego actuar. Eso es ser un discípulo cristiano. Luego, el rol del sacerdote, el de aquel que tiene autoridad, es coordinar y facilitar este proceso y dar espacio para el carisma de las personas.

—¿Cómo puede convivir este modelo con estructuras eclesiales más centralizadas y clericalistas?

La Iglesia no es exactamente lo que Jesús quería que fuese. Muchas estructuras de gobierno eclesial llegaron después. El liderazgo en la misión de Jesús no provenía de la dominación, sino que de ponerse al servicio. Distintas formas llegaron después, pero pueden ser cambiadas. Tenemos la oportunidad de avanzar hacia una descentralización que llegue al nivel de las parroquias, para que estas no sean enclaves autoritarios. Es como decía Jesús: «Yo soy entre ustedes como la persona que sirve». Jesús es un servidor de las personas. Eso es un párroco, un servidor de Dios. Eso es el Papa también, el servidor de los servidores de Dios. Toda persona debiera ser un servidor.

CIEN MIL COMUNIDADES EN LA INDIA

—¿Existe alguna experiencia práctica de Sociocracia?

Años atrás adapté el método de gobernanza dinámica en mi parroquia, en India. La idea se replicó en la diócesis, formándose cien mil comunidades. La Sociocracia llegó posteriormente a la sociedad civil a través de «parlamentos vecinales» y «parlamentos infantiles». En el primer caso, el Estado organizó 280 mil unidades barriales de mujeres en Kerala, las que se reúnen para discutir sus problemas, desarrollar soluciones e incidir en políticas públicas. En tanto, los parlamentos de niños existen a nivel estatal y nacional. En 2013, Swarna Lakshmi, una niña no vidente de 13 años, fue elegida a nivel país como Primera Ministra, reconocida por el Estado. Participó en varias reuniones de la ONU, en una de las cuales se pidió al Secretario General crear un Parlamento Infantil a nivel mundial. Swarna recorre actualmente varios países compartiendo su experiencia. Ella representa nuestro gran sueño y promueve nuestra estrategia simple para realizarlo. He visto cómo disfrutan niños y niñas reuniéndose, discutiendo sus problemáticas, buscando soluciones, tomando decisiones, implementándolas y celebrando los resultados.

1

—¿Cómo funciona concretamente?

En parroquias, barrios y colegios se conforman foros o parlamentos pequeños, con cinco a treinta personas como máximo, para que todos puedan ser escuchados. Se hace una reunión semanal de una hora. Cada comunidad se ocupa en resolver los problemas de su parroquia y tiene sus propias autoridades, elegidas sociocráticamente (ver recuadro). Los diversos parlamentos se vinculan entre sí en círculos crecientes, a través de sus encargados, quienes sostienen nuevas reuniones con otras parroquias, vecindarios o colegios, en relación a una misma temática. Así, lo que se habla en las bases se va escuchando, sucesivamente, en niveles específicos cada vez más amplios. No es un esquema muy complejo. En él solo se tiene que dar un primer paso. El mundo está buscando nuevos modelos, y Chile y su Iglesia podrían tomarlos en coherencia con la construcción del Reino de Dios.

—¿Cómo entiende el Reino de Dios?

Como un trabajo. Sin embargo, el trabajo por el Reino de Dios no está en el cielo. Se trata de traer ese Reino para que llegue a nosotros. Eso es hacer la voluntad de Dios. Al rezar el Padrenuestro, pedimos al Padre que «venga a nosotros su Reino, así en la tierra como en el cielo». Este es el desafío: crear una hermandad y una paternidad de Dios. Para eso necesitamos comunidades cristianas de base y también comunidades vecinales de base, no solo cristianas. Estas se podrían reunir, por ejemplo, una vez por semana con una finalidad pastoral y catequética, y, en su siguiente encuentro, abordar problemáticas sociales, económicas o culturales del barrio, incluyendo a vecinos o personas de otras religiones. Esto lleva a una Iglesia-comunidad de Dios, donde el Reino viene.

REPRESENTAR EL SUEÑO DE UN NUEVO MUNDO

—La crisis de los abusos en la Iglesia indica la necesidad de un «cambio de cultura». ¿Cómo cree que ayudaría la Sociocracia en este proceso de cambios?

Los creyentes no deberían actuar individualmente, sino asociados. Obtendrían mayor poder para incidir en un cambio de cultura. Si las personas se organizaran sociocráticamente, sería mayor su disposición a escucharse, madurar procesos de discernimiento y considerar medios para enfrentar los problemas y evitar la repetición de estos. La Iglesia no debiera ser un lugar para personas que se proyectan como sagradas o santas, sino para comunidades de personas que se aceptan como son, personas pecadoras, y que celebran la redención y salvación de Cristo. Al mismo tiempo, siempre tenemos que ponernos en contra de cualquier tipo de crimen, como lo es el abuso sexual. Se trata de enfrentar problemas y solucionarlos de manera conjunta. Para eso necesitamos comunidades que reflexionen en torno a la palabra de Dios, se formen en la misericordia y, al mismo tiempo, se sitúen en la convicción de que nunca pueden ser perpetrados crímenes ni abusos.

—¿Qué asidero pueden tener ideas como estas en culturas más bien individualistas, como es el caso chileno?

Las personas deberían creer que pueden confiar unas en otras, y no ser egoístas. El modelo y el proceso sociocrático ayuda mucho porque permite a las personas que se encuentren y conversen. Mientras más se relacionan entre ellas, menos egoístas se vuelven. Así, gradualmente, se va creando un sistema de poder: un poder que se da a las bases y que, por lo tanto, contribuye a que las personas tengan más seguridad. Y cuando todas las personas se unen —no unos pocos y no solo cada cinco años, como sucede en las elecciones—, influyen en las decisiones del día a día. Hoy la realidad es que muchas personas piensan individualmente y se sienten inseguras, lo que los lleva a caer en una carrera de competitividad, centrada en ellos mismos.

—¿Cuál es su sueño?

Representamos el sueño de un nuevo mundo al que todos pertenecen por igual, donde todos se sienten lo suficientemente poderosos como para contribuir a garantizar la paz, la justicia y la felicidad. Tenemos una lógica muy simple: si las personas experimentan el poder, las personas se asegurarán de que todas las personas cumplan con su deber. Tener poder es tener una opinión efectiva. Y para tener una opinión efectiva, se necesitan foros accesibles, bien vinculados y responsables.

—¿Podría haber algo de ideología en sus propuestas?

En la Sociocracia, para todo grupo, el último criterio es el objetivo del grupo. Cuando esta propuesta llega a la Iglesia, el último criterio es hacer la voluntad de Dios y, cuando eso está claro, no puede haber ninguna confusión.

PRINCIPIOS PARA EL FUNCIONAMIENTO COLECTIVO

La Sociocracia se refiere a un modo de toma de decisiones y de gobierno que permite a una organización, cualquiera sea su tamaño —desde una comunidad parroquial a un país—organizarse y corregirse a sí mismo. El método sostiene que «una regla de funcionamiento colectivo puede ser aprobada únicamente en el caso de que no haya más objeciones argumentadas de nadie». Agrega que, para que una comunidad funcione de manera armónica y orgánica, es necesario que se den los principios de equidad, transparencia y eficiencia. De estos principios, a su vez, se derivan las siguientes reglas:

  1. CONSENTIMIENTO: El consentimiento supone que no existe una objeción esencial y argumentada frente a una determinada decisión. Esto significa que una decisión solo puede ser tomada si nadie tiene una objeción razonada y esencial.
  2. CÍRCULO: La organización (parroquia, en este caso), se compone de círculos semiautónomos de personas. Cada círculo tiene su ámbito de acción y lleva a cabo las tres funciones de «decidir–ejecutar–evaluar».
  3. DOBLE ENLACE: La conexión entre dos círculos se da mediante un doble enlace. Esto significa que, al menos, dos personas de un círculo participan en el círculo inmediatamente anterior.
  4. ELECCIÓN ABIERTA: Cada miembro del círculo propone a la persona que considere más adecuada para ejercer determinado rol y, a continuación, justifica su elección. El facilitador del círculo propone un candidato para que sea aceptado o no por consentimiento. MSJ

Fuente

Comentarios