Su sangre inocente nos une: Bergoglio y Tawadros sellan el ecumenismo de los mártires

Tras el acto, los dos papas rezaron unidos en una iglesia atacada por el Estado Islámico.

Un abrazo y un nuevo gesto hacia la unidad. En su encuentro con Tawadros II , Francisco portaba no su cruz pectoral, sino una cruz copta. signo de la tan ansiada comunión.

Un homenaje a su "querido hermano", que continuó, momentos después, con un sentido homenaje a los últimos mártires, en este "ecumenismo de la sangre" que debe comprometer, a católicos y coptos ortodoxos, a continuar trabajando por una unidad efectiva, y con una oración en la iglesia de San Pedro y San Pablo, donde el Estado Islámico asesinó a una treintena de personas en diciembre pasado.

Los dos Papas, el copto y el católico, lo tienen claro: "Debemos hablar cada vez más la lengua común de la caridad", sostuvo Bergoglio en su discurso, después de una reunión privada y antes de la firma de una declaración común. En la catedral copta, mientras tanto, un mural reflejaba los rostros de los cristianos asesinados por la violencia ciega del autodenominado Estado Islámico.

El primero en intervenir fue Tawadros, quien dio la bienvenida al Papa a Egipto, "refugio de la Sagrada Familia durante más de tres años", y a la Iglesia copta ortodoxa, "cuna de la vida monástica, madre de los mártires y de la escuela de Alejandría".

"Su visita de hoy es un nuevo paso en el camino del amor y la fraternidad entre los pueblos", declaró el líder copto, quien calificó a Bergoglio de "uno de los símbolos de la paz en un mundo atormentado por las guerras, un mundo que desea sinceramente contrarrestar la violencia y el extremismo".

"El diálogo es la única vía, el único puente que une a los hombres de toda la Tierra", concluyó Tawadros II, apuntando que "su presencia nos renueva y da fuerzas para seguir adelante"

Por su parte, Francisco empezó recordando que este año hemos celebrado en el mismo día la Pascua, centro de la vida cristiana, proclamando al unísono el anuncio de la Resurrección, viviendo nuevamente la experiencia de los primeros discípulos, que ese día "se llenaron de alegría al ver al Señor".

"Delante del Señor, que quiere que seamos perfectos en la unidad no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños", precisó el Papa, puntualizando que no sólo existe un ecumenismo realizado con gestos, palabras y esfuerzo, sino también una comunión ya efectiva, que crece cada día en la relación viva con el Señor Jesús, se fundamenta en la fe profesada y se basa realmente en nuestro Bautismo, en el ser "criaturas nuevas" en él: en definitiva, subrayó, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.

El Santo Padre aseguró a Tawadros que estamos "llamados a testimoniar juntos al Señor, a llevar al mundo nuestra fe, viviéndola", porque la presencia de Jesús se transmite con la vida y habla el lenguaje del amor gratuito y concreto. "Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más esta lengua común de la caridad: antes de comenzar un proyecto para hacer el bien, sería hermoso preguntarnos si podemos hacerlo con nuestros hermanos y hermanas que comparten la fe en Jesús. Así, edificando la comunión con el testimonio vivido en lo concreto de la vida cotidiana, el Espíritu no dejará de abrir caminos providenciales e inimaginables de unidad", observó.

Francisco deseó a Teodoro que nuestro mismo Señor nos conceda seguir caminando juntos, como peregrinos de comunión y anunciadores de paz. "Que en este camino nos lleve de la mano Aquella que acompañó aquí a Jesús y que la gran tradición teológica egipcia ha aclamado desde la antigüedad como Theotokos, Madre de Dios".

"Cuántos mártires en esta tierra, desde los primeros siglos del Cristianismo, han vivido la fe de manera heroica y hasta el final, prefiriendo derramar su sangre antes que renegar del Señor y ceder a las lisonjas del mal o a la tentación de responder al mal con el mal", recordó el Papa, quien recordó "el venerable Martirologio de la Iglesia Copta" y cómo "aun recientemente, por desgracia, la sangre inocente de fieles indefensos ha sido derramada cruelmente: su sangre inocente nos une".

"Querido Hermano, igual que la Jerusalén celeste es una, así también nuestro martirologio es uno, y vuestros sufrimientos son también nuestros sufrimientos", recalcó. "Fortalecidos por vuestro testimonio, esforcémonos en oponernos a la violencia predicando y sembrando el bien, haciendo crecer la concordia y manteniendo la unidad, rezando para que los muchos sacrificios abran el camino a un futuro de comunión plena entre nosotros y de paz para todos".

Al término de su encuentro, Francisco y Tawadros II se dirigieron en procesión hacia iglesia de San Pedro, ubicada a unos cien metros, objeto de un atentado terrorista.

El domingo 11 de diciembre de 2016, una bomba causó la muerte de al menos 29 cristianos y más de 30 heridos, mayoritariamente mujeres y niños, en una capilla de la Catedral ortodoxa copta de San Marcos.

Los dos papas, unidos, rezaron a los mártires que unen a los cristianos. Durante la celebración, se leyó el Evangelio de Mateo: Bienaventurados los operadores de paz. Ambos hicieron sendas oraciones, se rezó el Padre Nuestro y se intercambió el saludo de la paz. La ceremonia concluyó con la deposición de una corona de flores y el acto de encender un cirio.

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Palabras del Papa Francisco:

El Señor ha resucitado, verdaderamente ha resucitado. [Al Massih kam, bilhakika kam!]
Santidad,

querido Hermano:
Hace poco que ha concluido la gran Solemnidad de la Pascua, centro de la vida cristiana, que este año hemos tenido la gracia de celebrar en el mismo día. Así hemos proclamado al unísono el anuncio de la Resurrección, viviendo de nuevo, en un cierto sentido, la experiencia de los primeros discípulos, que en ese día "se llenaron de alegría al ver al Señor" (Jn 20,20). Esta alegría pascual se ha incrementado hoy por el don que se nos ha concedido de adorar juntos al Resucitado en la oración y de darnos nuevamente, en su nombre, el beso santo y el abrazo de paz. Esto me llena de alegría: llegando aquí como peregrino, estaba seguro de recibir la bendición de un Hermano que me esperaba. Era grande el deseo de encontrarnos otra vez: mantengo muy vivo el recuerdo de la visita que Vuestra Santidad realizó a Roma, poco después de mi elección, el 10 de mayo de 2013, una fecha que se ha convertido felizmente en la oportunidad para celebrar cada año la Jornada de Amistad copto-católica.

Con la alegría de continuar fraternalmente nuestro camino ecuménico, deseo recordar ante todo ese momento crucial que supuso en las relaciones entre la sede de Pedro y la de Marcos la Declaración Común, firmada por nuestros Predecesores hace más de cuarenta años, el 10 de mayo de 1973. En ese día, después de "siglos de una historia complicada", en los que "se han manifestado diferencias teológicas, fomentadas y acentuadas por factores de carácter no teológico" y por una creciente desconfianza en las relaciones, con la ayuda de Dios hemos llegado a reconocer juntos que Cristo es "Dios perfecto en su Divinidad y hombre perfecto en su humanidad" (Declaración Común firmada por el Santo Padre Pablo VI y por Su Santidad Amba Shenouda III, 10 mayo 1973). Pero no menos importantes y actuales son las palabras que la precedían inmediatamente, con las que hemos reconocido a "Nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey de todos nosotros, Jesucristo". Con estas expresiones la sede de Marcos y la de Pedro han proclamado la señoría de Jesús: juntos hemos confesado que pertenecemos a Jesús y que él es nuestro todo.

Aún más, hemos comprendido que, siendo suyos, no podemos seguir pensando en ir adelante cada uno por su camino, porque traicionaríamos su voluntad: que los suyos sean "todos [...] uno [...] para que el mundo crea" (Jn 17,21). Delante del Señor, que quiere que seamos "perfectos en la unidad" (v. 23) no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños. Como dijo aquí Su Santidad Juan Pablo II: "A este respecto no hay tiempo que perder. Nuestra comunión en el único Señor Jesucristo, en el único Espíritu Santo y en el único bautismo, ya representa una realidad profunda y fundamental" (Discurso durante el encuentro ecuménico, 25 febrero 2000). En este sentido, no sólo existe un ecumenismo realizado con gestos, palabras y esfuerzo, sino también una comunión ya efectiva, que crece cada día en la relación viva con el Señor Jesús, se fundamenta en la fe profesada y se basa realmente en nuestro Bautismo, en el ser "criaturas nuevas" en él (cf. 2 Co 5,17): en definitiva, "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Ef 4,5). De aquí tenemos que comenzar siempre, para apresurar el día tan esperado en el que estaremos en comunión plena y visible junto al altar del Señor.

En este camino apasionante, que -como la vida- no es siempre fácil ni lineal, pero que el Señor nos exhorta a seguir recorriendo, no estamos solos. Nos acompaña una multitud de Santos y Mártires que, ya plenamente unidos, nos animan a que seamos aquí en la tierra una imagen viviente de la "Jerusalén celeste" (Ga 4,26). Entre ellos, seguro que los que hoy se alegran de manera especial de nuestro encuentro son los santos Pedro y Marcos. Es grande el vínculo que los une. Basta pensar en el hecho de que san Marcos puso en el centro de su Evangelio la profesión de fe de Pedro: "Tu eres el Cristo". Fue la respuesta a la pregunta, siempre actual, de Jesús: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" (Mc 8,29). También hoy hay mucha gente que no sabe dar una respuesta a esta pregunta; faltan incluso personas que la propongan y sobre todo quien ofrezca como respuesta la alegría de conocer a Jesús, la misma alegría con la que tenemos la gracia de confesarlo juntos.

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