Tejiendo esperanza en tiempos sombríos ¡El fascismo no nos representa!

Compartimos el comunicado a la opinión público del Centro de Estudios y Acción Social (CEAS) en Salvador, Bahía, sobre los resultados de la primera vuelta presidencial en Brasil.

Finalizada la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, el Centro de Estudios y Acción Social (CEAS) de Salvador, Bahía - Brasil, ve con mucha preocupación la actual coyuntura.

Es necesario llamar las cosas por su nombre. En Brasil y muchos otros países, la "nueva derecha" es fascista. Para comprobarlo, basta leer en el discurso de sus principales representantes proponiendo una tributación fuertemente regresiva, el énfasis vago en el "combate a la corrupción", la profundización de los ataques a los derechos laborales, acabar con el “militantismo" y tantos otros signos de diseminación de la violencia y del odio.

Los escenarios que se dibujan en esta segunda vuelta electoral en Brasil no son nada fáciles.

Si las fuerzas democráticas son electoralmente victoriosas queda garantizada la institucionalidad democrática y preservadas las instituciones críticas de la sociedad civil. Aunque en esta hipótesis el futuro gobierno esté presionado por un escenario económico de frágil reanudación post-recesiva y un escenario político donde - por primera vez en décadas - la extrema derecha ocupará una parte significativa de los escaños en el poder Legislativo y amplios espacios en el poder Judicial, las libertades y garantías políticas mantendrían su vigor, y el gobierno electo estaría obligado a mantener abierto el diálogo con los movimientos sociales y las entidades de la sociedad civil.

Sin embargo, el fascismo de la "nueva derecha" no es sólo un movimiento electoral sino un movimiento político difuso y socialmente arraigado. La campaña fue marcada hasta ahora por una amplia y masiva circulación de noticias falsas (fake news) y por miles de declaraciones pre conceptuosas contra “los nordestinos”, entre tantas otras. Que el reciente asesinato del Maestro Moa del Katendê sirva siempre de ejemplo del grado en que mentalidad fascista atiza la violencia.

En cambio, si los fascistas salen victoriosos en esta elección hay ya signos de que la institucionalidad democrática estará en riesgo. Ya desde el derrocamiento de Dilma Rousseff en 2016 los militares funcionan como un "poder en la sombra", con una permanente y subliminal amenaza al libre funcionamiento del Estado de Derecho; con el ascenso de los fascistas tendríamos un capitán de la reserva en la presidencia, un general de la reserva como vicepresidente y la señalización de que varios generales asumirán ministerios. En fin, caminamos hacia la constitución de una Junta informal de gobierno, a semejanza de lo que ocurrió en otros tiempos sombríos de nuestra historia. Esta parece ser la dirección de un posible futuro gobierno fascista. Los brasileños (as) demócratas, progresistas y todos los que no desean ver la violencia extenderse entre nosotros, habrán de esforzarse para evitar ese escenario.

Si hoy el genocidio de la juventud negra y de la periferia de las ciudades es naturalizado bajo la vigencia de regímenes considerados democráticos o progresistas, bajo un gobierno fascista esa práctica se intensificará sobre todos los que sean considerados enemigos, indígenas, militantes de las negritudes, movimientos sociales del campo y de la ciudad, ambientalistas, personas pobres de las periferias, comunidades LGBT y religiosos comprometidos con el sufrimiento de los más pobres, todos vistos como responsables del desorden y de la ausencia de progreso.

El CEAS llama la atención nacional e internacional sobre la gravedad de esos escenarios y convoca a todos a movilizarse. La candidatura del PT representa para la sociedad brasileña la posibilidad de un mínimo de garantías institucionales democráticas; pero no nos engañemos: el fascismo es un problema a ser enfrentado de una forma u otra. Es el momento de aglutinar a las fuerzas democráticas no sólo para derrotar electoralmente el fascismo, sino de prepararse para la defensa de la democracia y garantizar las vidas de aquellos que luchan contra las desigualdades socio ambientales y por una sociedad solidaria.

Salvador, 10 de octubre de 2018

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Tecendo a Esperança em tempos sombrios.

O Fascismo não nos representa!

Finalizado o primeiro turno das eleições presidenciais, o CEAS vê com muita preocupação a atual conjuntura.

É preciso dar às coisas o nome que elas têm de verdade. No Brasil e muitos outros países, a “nova direita” é fascista. Para comprová-lo, basta ver na fala dos seus principais representantes, propondo uma tributação fortemente regressiva, a ênfase vaga no “combate à corrupção”, o aprofundamento dos ataques aos direitos trabalhistas, acabar com o “ativismo” e tantos outros sinais de disseminação da violência e do ódio.

Os cenários que se desenham neste segundo turno não são fáceis.

Caso as forças democráticas sejam eleitoralmente vitoriosas, fica garantida a institucionalidade democrática e preservadas as instituições críticas da sociedade civil. Ainda que nesta hipótese um futuro governo esteja acuado pelas pressões de um cenário econômico de frágil retomada pós-recessiva e de um cenário político onde, pela primeira vez em décadas, a extrema-direita ocupará parcela significativa das cadeiras no Legislativo, e amplos espaços Executivos e no Judiciário, as liberdades e garantias políticas manteriam seu vigor, e o governo eleito estaria obrigado a manter aberto o diálogo com os movimentos sociais e as entidades da sociedade civil.

Apesar disso, o fascismo da “nova direita” não é apenas um movimento eleitoral, mas um movimento político difuso e socialmente enraizado. A campanha eleitoral foi marcada até agora pela ampla e maciça circulação de notícias falsas (fake news); por milhares de declarações preconceituosas contra nordestinos, dentre tantas outras. Que o recente assassinato do Mestre Moa do Katendê sirva sempre de lembrança do quanto essa mentalidade fascista acentua a violência.

Caso os fascistas sejam eleitoralmente vitoriosos, há vários sinais de que a institucionalidade democrática estará em risco. Se desde a derrubada de Dilma Rousseff, em 2016, os militares funcionam como uma espécie de “poder sombrio”, com uma permanente e subliminar ameaça ao livre funcionamento do Estado de Direito, com a ascensão dos fascistas teríamos um capitão da reserva na presidência, um general da reserva como vice, a sinalização de que vários generais assumirão ministérios. Enfim, caminhamos para a constituição de uma Junta informal de governo, a semelhança do que ocorreu em outros tempos sombrios. Esta parece ser a direção real de um possível futuro governo fascista, que os brasileiros(as) democratas, progressistas e todos que não desejam ver a violência alastrar-se entre nós, seguramente, se esforçarão para evitar.

Se hoje o genocídio da juventude negra e periférica é naturalizado sob a vigência de regimes considerados democráticos ou progressistas, sob um governo fascista essa prática se intensificará sobre todos que forem considerados inimigos, indígenas, quilombolas, movimentos sociais do campo e da cidade, ambientalistas, negros, periféricos, comunidades LGBT e religiosos comprometidos com o sofrimento dos mais pobres, todos vistos como responsáveis pela desordem e ausência de progresso.

O CEAS chama a atenção para a gravidade desses cenários e convoca todos a se mobilizarem. Para a sociedade brasileira, a candidatura petista representa a possibilidade de um mínimo de garantias institucionais democráticas, mas não nos enganemos, o fascismo é um problema a ser enfrentado de uma forma ou de outra. O momento é de aglutinar as forças democráticas não somente para derrotar eleitoralmente o fascismo, mas de preparar-se para a defesa da democracia e para garantir as vidas daqueles que lutam contra as desigualdades socioambientais e uma sociedade solidária.

Salvador, 10 de outubro de 2018

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Fuente

  • Fotografías: Flickr - fabio montarroios. Licencia Creative Commons.
  • Traducción del portugués de Roberto Jaramillo Bernal, S.J.

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