Un grito de dignidad desde el monte

Compartimos la nota de Jesuits Global sobre el retorno de los jesuitas a una antigua Reducción, para ser en sus palabras "servidores de la vida de montaña" con la comunidad de San José de las Petacas, norte de Argentina.

San José de las Petacas fue una Reducción fundada por los jesuitas en el norte de la actual Argentina. Después de la expulsión de los jesuitas de la región en 1767, no fue hasta 1975 que la Compañía de Jesús pudo regresar a la zona para acompañar a una población gravemente herida por la exclusión. Hoy, los jesuitas: Juan Carlos Constable, Rodrigo Castells y Marco Alemán, se dedican a acompañar y fomentar la vida y la dignidad de las comunidades, a ser servidores de la vida de montaña. Así es como ellos describen su presencia en San José.

Acompañando, junto con el Estado y las organizaciones campesinas, la lucha por quedarse en sus territorios, el trabajo por un futuro sostenible y el cuidado de la casa común y sus tradiciones culturales. Juan Carlos, acompañando con su presencia y permanencia; Rodrigo, con su vocación de hermano y de ingeniero agrónomo en la promoción de la vida del monte y sus pobladores; y, en mi caso, desde el estar atento a bendecir y celebrar lo sagrado de la vida del monte.

Como Compañía de Jesús nos preguntamos, ¿de qué modo queremos hoy acompañar y servir la vida que Dios da a luz en el monte? Van amaneciendo algunas respuestas. Quisiéramos descalzarnos ante esta realidad sagrada y ello solo será posible si intentamos desclasarnos, dejar a un lado nuestra “clase social” o “lugar socioeconómico y cultural” de procedencia, para no imponer nuestro propio mundo. Solo con esta actitud, con ese modo de estar presente, de acercarnos a una realidad que no nos es propia, solo así, podremos gestar un diálogo enriquecedor que promueva la dignidad. Un dialogo que hará posible y real un proceso de mutuo enriquecimiento y aprendizaje. Un diálogo en el cual podamos descubrir la vida que Dios va dando a luz en el monte.

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Desde ese modo de estar, de acompañar, de servir, podremos cuidar y promover la vida de las comunidades y del monte. Podremos crecer en la conciencia y valor de la creación, del valor de nuestras raíces, nuestra identidad y dignidad. Podremos pasar de un manejo extractivo a un manejo sustentable, cultivar la gratitud con el monte y sus animales, trabajar para una responsabilidad intergeneracional y defender los derechos de los campesinos frente a la amenaza de los empresarios del agro-negocio, esos que piensan que todo se compra y creen que todo se vende.

No queremos ser voz de los sin voz, sino unirnos en su grito. Un grito de dignidad que se escucha desde el monte.

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