Una Iglesia que genera encuentros en la Pan Amazonía más allá de las fronteras

Construir una Iglesia sin fronteras en una región que representa la frontera para sus naciones pero la misma gente para sus pueblos. Reportaje de Luis Miguel Modino para Religión Digital.

Una Iglesia que ultrapasa las fronteras es una de las intuiciones fundacionales de la Red Eclesial Pan-Amazónica - REPAM, siempre teniendo como foco la territorialidad Pan-Amazónica, lo que representa una verdadera novedad del Espíritu, un signo de una nueva eclesiología que irrumpe como un nuevo sujeto eclesial.

Como afirma el Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía, "la frontera es una categoría fundamental de la vida de los pueblos amazónicos". Incluso sabiendo que éstas están realidades presentes en toda la región, la frontera "es el lugar por excelencia del agravamiento de los conflictos y de las violencias, donde no se respeta la ley y la corrupción mina el control del Estado, dejando campo libre a muchas empresas para una explotación indiscriminada".

Ante esta realidad, "es necesario un trabajo que ayude a ver la Amazonía como una casa de todos, que merece el cuidado de todos. Se propone una acción pastoral conjunta entre las Iglesias fronterizas para afrontar los problemas comunes como la explotación del territorio, la delincuencia, el narcotráfico, el tráfico de personas, la prostitución, etc.". En ese servicio la REPAM ha desarrollado un importante trabajo. De hecho uno de los ejes de esa red es el que acompaña la realidad de las fronteras.

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Las integrantes del Eje Fronteras de la REPAM Brasil se han encontrado en Manaos, los días 20 y 21 de junio, para ir dando forma al Seminario Pan Amazónico sobre Migración y Trata, que debe celebrarse en julio de 2020. Son mujeres que desarrollan su trabajo en diferentes fronteras de la región amazónica de Brasil y Colombia.

Natalia Forero Romero, vive en Leticia, Colombia, en la frontera con Brasil y Perú. Ella afirma que "el eje está llamándonos a encontrarnos en una realidad de la Pan Amazonía, desde y para la Pan Amazonía, desligarnos un poco de los países que la componen y pensar en su totalidad y cómo todo está interconectado, cómo está relacionado y cómo los gritos por la vida nos unen, y también las respuestas y la esperanza que tenemos, desde y para los territorios".

En ese sentido, la representante de la Red de Enfrentamiento a la Trata de la Triple Frontera, reconoce que “el eje fronteras, primero está favoreciendo los escenarios de encuentro, precisamente porque la Pan Amazonía implica unas realidades geográficas que muchas veces nos separan, nos dividen por esas dificultades del acceso o por las distancias, y este eje quiere inicialmente promover unos encuentros, unos diálogos, unas reflexiones compartidas". Junto con eso, ella destaca el hecho del conocimiento mutuo "como parte de un territorio y por lo tanto con los compromisos que compartimos y con las miradas de misión, de trabajo, de esperanza, de apostarle al territorio y favorecer principalmente esos encuentros de diálogo, reflexión, de formación desde la Pan Amazonía".

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"Tenemos algunas grandes y graves problemáticas comunes en la cuestión del eje fronteras", destaca Rose Bertoldo, de la Red Un Grito por la Vida. Ella hace presente "la temática de la violación de los derechos, la cuestión de la violencia contra las mujeres, el feminicidio, y la cuestión del abuso, explotación sexual de niños y adolescentes y la trata". Ante esta realidad, desde el trabajo en red, "vamos sumando fuerzas y juntando las esperanzas para hacer frente a esas realidades de esas violencias", afirma la religiosa. Por eso, ella ve la preparación de ese segundo seminario de la Pan Amazonía como un intento de "buscar alternativas frente a esos crímenes que violan la vida".

Según María Henriqueta Ferreira Cavalcante, "por el hecho de estar en una región y en países que enfrentan problemas comunes, que tenemos luchas comunes, es imposible hoy quedarnos haciendo acciones aisladas". Por eso, la representante de la Comisión de Justicia y Paz, ve necesario "pensar, a partir de ese eje, en acciones articuladas para que nuestras fuerzas sean fortalecidas y que también podamos encontrar medios, estrategias, formas comunes para que tengamos un resultado aún mejor para aquello por lo que luchamos, que es defender la vida de las personas aquí en la Amazonía".

Al hablar sobre las problemáticas de las fronteras de la Pan Amazonía, muchas de ellas recogidas en el Instrumento de Trabajo del Sínodo, fruto del proceso de escucha, Veronica Rubi, que forma parte de la coordinación del Eje Fronteras a nivel Pan-Amazónico, destaca que en la región "la vida está amenazada de muchas formas, son violencias contra la mujer, contra los niños, violencias intrafamiliares, violencias contra la juventud, atentados contra la vida y también contra la naturaleza, la minería, la contaminación de los ríos, la tala indiscriminada de árboles, ese saqueo de recursos naturales".

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Dentro de esas problemáticas, Rose Bertoldo destaca la cuestión del narcotráfico, “que es una cuestión no sólo de la región fronteriza, pero que está muy fuerte en la Pan Amazonía". Ella afirma que "la cuestión del tráfico de drogas y el tráfico de armas, están juntos y eso tiene un impacto muy grande. Tenemos regiones en la Amazonía que hoy no se puede circular". La religiosa habla de regiones del estado de Amazonas, "que los ríos están sitiados, esa es una gran problemática, que trae un reflejo muy grande para las acciones que la gente está viendo". La consecuencia de ello es que "hay un miedo muy grande, hay un silenciamiento de las personas con respecto a eso, hay una auto protección, y la dificultad de ese trabajo más colectivo".

En este sentido, Rose Bertoldo habla de la cuestión de la migración forzada, "que se ha dado por los contextos de cada país y por la expulsión de las personas de sus territorios, que vienen a las grandes ciudades en busca de mejora de vida, porque allí en el interior fueron negados los derechos de una vida más digna". La migración está muy presente en el estado de Roraima, donde según Elisangela Dias Barbosa, de Caritas Roraima, "el desafío mayor es la insensibilidad de las personas, de la sociedad a los problemas, para la cuestión de la trata, de los niños. Cuando vamos a hablar con la sociedad, vemos que lo que más preocupa es lo que la migración está impactando en la ciudad, no lo que la persona está sufriendo allí”.

Elisangela reconoce que "otro hecho en referencia a la migración es cuando uno ve situaciones que requieren denuncia, pero no se tienen instrumentos, o no hay una fuerza que nos garantice avanzar en esas propuestas". Denuncia "violaciones incluso dentro de los albergues, que es algo institucionalizado, pero que acaba siendo camuflado, además de otras pautas como rutas clandestinas en algún municipio, que tiene un hinchazón". Ante eso, ella afirma que "son cosas que tenemos que tener una incidencia, pero también sensibilizar a la sociedad para ello también. Estos son desafíos para la sociedad, donde no importa la cuestión de la migración, sino poner en el centro a la persona humana, lo que garantiza su vida”.

Dentro del proceso sinodal, surge la pregunta sobre cómo el Sínodo puede ayudar a enfrentar estas problemáticas, cómo puede ayudar a fortalecer ese trabajo de la Iglesia en las fronteras. Márcia de Oliveira, asesora del Sínodo para la Amazonía espera "que sea un momento que de hecho, como Iglesia de la Pan Amazonía, consigamos encontrar caminos comunes, posibilidades comunes, para lidiar con varias cuestiones que permean toda la Pan Amazonía". Entre estos desafíos, ella plantea la cuestión de la trata, "tanto la toma de conciencia, como el conocimiento de esa situación en las diversas realidades de la Pan Amazonía". Por eso, ella dice que le parece "un tema importante para profundizar, y al mismo tiempo construir caminos comunes ante lo que según el Papa Francisco es una de las más perversas violaciones de los derechos humanos, una de las grandes vergüenzas de la humanidad en esa modernidad".

La profesora de la Universidad Federal de Roraima dice "que el Sínodo nos propone también reflexionar sobre ello, buscar caminos juntos y fortalecer las acciones que ya existen, legitimar, reconocer los esfuerzos que ya se están realizando en ese sentido y dar más cuerpo para ese enfrentamiento, para ese trabajo de levadura en la Pan Amazonía".

En esa perspectiva sinodal, Rose Bertoldo destaca algo "que nos da mucha esperanza, que es el hecho de amazonizar la Iglesia y el mundo. Esto nos está dando un gran fortalecimiento en ese trabajo que venimos haciendo en el intento de esa gran red eclesial de la Pan Amazonía, donde venimos tratando de juntar esas fuerzas". Ella dice "mirar hacia ese camino hecho en ese tiempo, reconocer toda la degradación de la vida, del medio ambiente, pero también reconocer las potencialidades que las comunidades tienen".

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Por eso, la representante de la Red Un Grito por la Vida, cree que "eso es muy bonito, porque son signos de resistencia y que nos dan esperanza de continuidad. Nosotras que tenemos esa mirada volcada a la realidad de la trata, principalmente la trata de mujeres, creer que es posible". Al mismo tiempo que reconoce las dificultades, "es un dragón que está ahí, pero tenemos estrategias y vamos haciendo, pero destaca que "una persona con la que contribuimos y sale de una situación de trata, de violencia, siempre digo que es una persona cien por ciento". Según ella, "vamos dando nuestra contribución y mostrando a la sociedad, principalmente a la realidad de la Amazonía, que es posible que se superen esas violencias y terminar con esas redes del crimen".

"El Sínodo tiene que traer una provocación a nuestra Iglesia en la Amazonía, para que ella se levante con mayor resistencia y resiliencia en la defensa de la vida de aquellos a los que se arrebata su dignidad", afirma Maria Henriqueta Ferreira Cavalcante. Según ella, "se necesita ser una Iglesia más profética, una Iglesia que de hecho se comprometa con el Evangelio y que pueda defender la vida de las personas, y tener la valentía de denunciar toda y cualquier forma de explotación". Por eso, ella reconoce que "el Sínodo también puede traer ese estímulo y esa provocación a la Iglesia en la Amazonía".

Finalmente, Márcia Oliveira afirma la necesidad de "conocer más toda esa dinámica de las migraciones en la región e identificar cuándo esas migraciones sufren procesos de vulnerabilidad y son golpeadas por el contrabando de migrantes, la trata y todas las formas de violencia que permean la realidad de la migración y del refugio, que es un camino sin retorno en la Pan Amazonía".

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